Art. de opinión de Francisco Penalva Aracil

LA LLUVIA

El agua de la lluvia sube del mar a través de columnas invisibles. Que en días muy claros se ven en el horizonte como largos brazos que succionan por sus venas, la salada agua marina, convirtiéndose en dulce, al condensarse su vapor con el aire.

Formando esas nubes negras que se desgarran en medio de relámpagos y truenos, presagio inmediato de que el agua caerá de forma torrencial, entre rayos de un resplandor que ciega y estremece.

Desprendiendo la tierra al mojarse ese aroma entrañable y evocador, a naturaleza que despierta. El ímpetu del agua, limpia la atmósfera y purifica el ambiente. Pero en ocasiones su fuerza arrolladora produce desgracias en forma de inundaciones y catástrofes, creando problemas graves. A los agricultores les destroza las cosechas, descuartiza los arboles frutales, y arrasa las hortalizas.

La nieve es bien recibida al cubrir de blanca belleza el entorno, los jardines, la huerta… y al descongelarse la que cubre las montañas, cae como limpia fuente que empapa y da vida a la tierra seca.

La lluvia del invierno muchas veces produce melancolía, con una mezcla de placer interior al verla, estando dentro de tu casa resguardado de ella, sentando en una mesa camilla con brasero, y tras una ventana cubierta de visillos que apartas con tus manos para verla caer. O en el campo, dentro de una cabaña, protegido por los gruesos troncos de la que esta hecha, y caliente por los que alimentan el fuego de la chimenea. Con la sola luz de una pequeña lámpara, que alumbra las gotas que se deslizan por el cristal de la ventana.

Pero yo, prefiero las lluvias de abril que llenan de aromas la huerta al recoger la fragancia de las flores y esparcirla en el ambiente. Y recobran su fuerza y esencia las frutas, los viñedos, las plantas…, vegetación deseosa de absorber esa agua que tanto necesita. Y a las nubes; después de vaciar sus últimas gotas, las veo deshacerse, desaparecer en la oscuridad de la noche que llega, y recogiendo en mi olfato el tierno aroma que produce la limpia humedad que flota en el aire, la espero, presiento su compañía, se acerca, la trae; esa brisa fresca tras la lluvia que ya se empieza a agradecer en primavera.

Y al caer la noche los pájaros se posan en los árboles para resguardarse en sus nidos, de la oscuridad y el viento que llega.

Mientras tanto, los perros ladran en la lejanía.

2 COMENTARIOS

  1. Interesante artículo, Paco. Has acertado en la publicación, en que este fin de semana llueve y podemos comprobar en directo de lo que tratas. Me gusta tu escrito.

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