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La valentía de mantener frente a la inercia de inaugurar

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Existe una diferencia abismal entre construir ciudad y hacer política de escaparate. Durante demasiados años, Novelda estuvo inmersa en una inercia peligrosa, impulsada por corporaciones que priorizaron la obra nueva y el ladrillo reluciente frente a la responsabilidad, mucho más gris pero vital, de mantener lo que ya teníamos. Esa falta de previsión, esa obsesión por cortar cintas en infraestructuras de nuevo cuño mientras se dejaba languidecer nuestro patrimonio histórico, nos ha pasado una factura que hoy estamos obligados a pagar.


Desde el equipo de gobierno se ha dado un golpe de timón necesario. La hoja de ruta ha cambiado radicalmente: el objetivo ya no es la grandilocuencia, sino la rehabilitación, la accesibilidad y la identidad. Se trata de entender que nuestros edificios históricos no son meros decorados, sino el motor capaz de revitalizar el casco histórico, atraer inversión privada y convertir el Modernismo en nuestra verdadera marca turística diferenciadora.


Sin embargo, este cambio de paradigma se enfrenta hoy a su reto más complejo y doloroso: el Santuario de Santa María Magdalena. El símbolo de nuestra ciudad sufre daños estructurales severos, no por azar, sino por un cúmulo de factores desatendidos por una gestión pasada cegada por la monumentalidad. A la realidad de un edificio levantado sobre un terreno inestable y con materiales constructivos de calidad incierta, se sumaron intervenciones imprudentes que desafiaron la física del templo: se eliminó el coro original, que actuaba como vital correa tensora entre las dos torres, para permitir la incorporación de elementos ornamentales de un tonelaje excesivo. Aquellas decisiones estéticas, que ignoraron la fragilidad del conjunto, nos obligan ahora a actuar con urgencia y precisión quirúrgica para garantizar la seguridad de nuestro mayor tesoro.


Pero mientras atendemos esta emergencia, la gestión actual sigue sembrando futuro mediante la recuperación del pasado. Frente al abandono de décadas, hoy podemos hablar con orgullo de la rehabilitación de la Muralla Norte del Castillo de la Mola. Hablamos de un Bien de Interés Cultural (BIC desde 1931) que sufrió la desidia institucional durante treinta años y que, por fin, ve consolidada su estructura para explicar nuestra historia defensiva. Sin embargo, nuestro empeño no finaliza aquí, respecto al Castillo de la Mola, todavía es necesario seguir con las intervenciones, para las cuales seguimos incansablemente buscando financiación.


Esa misma filosofía de «mimar lo propio» se traslada al corazón de la ciudad. La peatonalización del Casco Histórico y la recuperación de espacios como la Ermita de Sant Felip son claves para una ciudad más amable y accesible. Y como joya de la corona, la apuesta por la Musealización de la Casa Gómez Tortosa. No se trata solo de reformar, sino de dotar de contenido y narrativa a nuestro patrimonio modernista para que el visitante se enamore y el inversor vea potencial.


Novelda está en una encrucijada y el camino elegido es el correcto. Se ha acabado el tiempo de las obras faraónicas sin sentido; es el tiempo de la responsabilidad. Porque invertir en mantenimiento y rehabilitación es la única forma de asegurar que nuestra historia e identidad sobrevivan.

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