Art. de opinión de José Fernando Martínez (Charly)

El Sueño Invisible

G. García Márquez no imaginó un pueblo más mágico que Macondo porque nunca estuvo en Novelda. Aquí alguien sueña con hacer una película y se le aparecen dos genios que llevan su mismo apellido, para crear confianza supongo, y un equipo humano dispuesto a dar el callo por una causa noble y a cambio de compartir ese sueño.

En las primeras tormentas de ideas, las cuales incluían rayos y centellas, sugerí que podíamos incluir a un quinto personaje: el tercer genio, el que un día soñó que la magia de Novelda, apagada y grisácea por la crisis (todas ellas), se podía plasmar en una película. De este modo S. de S. sería el logro de este personaje que hace posible lo imposible con motivación Mandela, pero al estilo noveldero: produce lo que no tiene usando la imaginación y su innegable creatividad, superando a distancia hasta lo de hacer relojes.

La idea que finalmente se persiguió, nacida de del Betania 06, era que no solo emocionara a la gente de Novelda sino que sus historias trascendieran el tema local y apelara a emociones universales. Y es aquí donde el lenguaje cinematográfico de Alfredo Navarro nos adentra en el espíritu humano, con esa carga de poesía visual y melódica; imágenes que han dictado las notas musicales de Oscar Navarro quien, con las primeras notas de la canción, nos sumerge en una melodía antigua que despierta de su letargo y nos hace paladear la esperanza de esos soñadores de Imagine.

Cuando conjeturaba sobre las escenas de la película, pensé en una toma en la que un plano subjetivo de Alejandro estuviera lleno de sonidos; pinceladas impresionistas que Alfredo ha sabido magistralmente convertir en imágenes que parecen surgir directamente de la imaginación de un niño que, apoyado por su hermana, descubre el mar de sal donde van a parar todos los sueños.

Tengo la corazonada de que  el montaje de Alfredo gustará mucho en Japón. No sé si porque estuvo allí por un heroico euro o porque es un amante del cine japonés, pero lo cierto es que hay momentos que me recuerdan a Yasujiro Ozu y su gramática visual. Me da igual si se la etiqueta realidad o ficción. Si le tuviera que poner una etiqueta, le llamaría documental poético: está llena de metáforas, alegorías y guiños que se captan cuando se ve varias veces y se piensa en ella con cariño. En las películas que nos gusta rever siempre descubrimos rincones escondidos que pasamos por alto, como el silbido de una especie de Pepito Grillo que te advierte de que no caigas en la trampa fácil, que no viene todo explicado; hay cosas que no se ven a simple vista, que requieren tu participación activa, necesitan que seas el quinto personaje: otro de los miles de soñadores invisibles que alzarán  el vuelo sobre torres de piedra, con la determinación sólida de una roca y el himno Like a Rock. 

4 COMENTARIOS

  1. Aun, no e visto la película si algún trozo de la misma, su música y a nuestro profesor de fotografía charly hablar de la misma y un pueblo que sin medios se a levantado para apoyar este proyecto hecho realidad en Novelda, la cual conozco bien y donde tengo amigos y una y otra vez con mi maquina e fotografiado.

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