Art. de opinión de Manuel Sellés

El del mando a distancia y el de la manta de cartón III.

EL AUGE DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO.

Pongo como ejemplo nuestra España, aunque en realidad lo mismo ocurre y ocurrirá en todo el mundo.

Es posible que en España, el auge haya sido muy notorio gracias al turismo. Todos los nacidos en los años 40 y 50 hemos conocido y vivido etapas muy distintas: hemos vivido la escasez de entonces, el auge que nos trajo el CRECIMIENTO junto con la modernidad, y el retroceso con su correspondiente amargura que flota en el ambiente debido a que el crecimiento se agota, toda vez que casi toda la población tiene de todo.

La España de entonces era lo que fue en los años anteriores a la guerra y lo que quedó después de esta. Reconstruir lo que por la guerra se destrozó del país era necesario, y si al mismo tiempo se opta por la modernidad y el avance en el progreso, trabajo habría asegurado. ¿Como se inició el asunto?; no lo se,  era yo niño por aquellos días. La España de entonces carecía de muchas cosas, pero alguien decidió cambiar la situación y puso en marcha una gran rueda del trabajo empleando el dinero fuera de quien fuera; lo importante era hacerlo circular para: primero poner la rueda en marcha y después, engrasarla para que no se detuviese agarrotada.

A mi modo de ver las cosas, dos hechos causaron el auge y la posterior catástrofe.

El hecho de trabajar reporta una recompensa, y es, poder adquirir cosas derivadas del trabajo sea cual sea el producto o el servicio: alimentación en primer lugar por lo imprescindible que es y el resto en segundo. Muy importante la vivienda para independizarse el individuo. La vivienda ya sabemos lo que reporta: desde la arena y el cemento, hasta el electrodoméstico más sofisticado incluido el automóvil, pasando por el insignificante tornillo que sujeta la bisagra de la puerta, el cable eléctrico que está escondido en la pared y el muelle que no se ve, pero que sujeta la puerta del micro ondas para que no se abra por la vibración al usarlo.

¿A alguien se le ha ocurrido pensar en las piezas que llevará: Un lava-vajillas, una lavadora automática, un auto móvil?. ¿Y un avión? solo es preciso asomarse a la cabina del piloto y ver que las paredes y techo están repletos de cientos de botones y otros aparatos indicadores; y a cada uno de los botones le corresponde un cable eléctrico y un aparato al final del cable. En la cabina del pasaje, cien, doscientos, cuatrocientos asientos con sus correspondientes reposa brazos y la mesita plegable para tomar un sustento sobre la marcha. Unos cuartos de baño. Y… miles de tornillos. Si embargo, desde afuera, solo vemos dos alas, un tubo muy grande con cristales a modo de ventana, y las tres alas de cola. ¡Fíjense!, si hay trabajo que realizar para obtener las piezas que el hombre utiliza a diario aunque la mayoría no las toque ni las vea. Creo que me quedo corto si digo que el setenta por ciento de las cosas que se utilizan no se ven, sin embargo ahí están, cumpliendo su misión. ¡Y TODAS! eran fabricadas por el hombre (por supuesto con la ayuda del utillaje y máquinas manuales) antes del inicio del gran progreso.

Mientras la sociedad tiene carencias de lo anterior y alguien pone dinero sobre la mesa, se genera trabajo, el trabajador gana dinero y compra. El empresario o emprendedor (como quieran llamarle) vuelve a recaptar dinero, lo pone otra vez sobre la mesa y el ciclo se repite. Es decir, la rueda gira engrasada por el dinero.

El trabajo que por aquellas fechas también debía ser rentable aun sin disponer de los medios de producción actuales fue enriqueciendo poco a poco a la población, y por ello, el crecimiento económico, que tanto se predica hoy, se iba produciendo gracias a la carencia de cosas o bienes.

Con el paso del tiempo y el trabajador tener cubierta su necesidad y algo de desahogo, comienza a desplazarse para conocer y disfrutar otros lugares distintos a su entorno diario. Se inicia así el turismo a cambio de la escapada de fin de semana. ¡Detalle importante!… El turista no se lleva a cuestas la casa ni el bocadillo, y por lo tanto, se crea la necesidad de construir más viviendas aunque sean para usos temporales y alternados por varios grupos. Es decir, apartamentos y hoteles, con lo cual, se incrementa la oferta de trabajo. Además, para que estos funcionen, es preciso que haya personal de mantenimiento de las infraestructuras e instalaciones, y personal de servicio que atienda al turista, porque el turista se va de vacaciones a no hacer lo que hacía en su casa, y emplea el tiempo en disfrutar de aquello que ha ido a visitar. Pues bien, todo esto implica que hay trabajo para más gente. Hay más gente que gana dinero y puede comprar, por lo tanto se incrementa la demanda, tanto en alimentación (porque el hombre  se priva menos) y con el electrodoméstico. Y con el incremento de la demanda, EL CRECIMIENTO ECONÓMICO.

Como es lógico, la inversión realizada en construir y equipar la infraestructura turística hay que rentabilizarla al máximo, y para ello, el inversor busca turista extranjero que es mucho y con una renta mayor que la de España, por lo cual, nuestro país resulta atractivo. En pocos años ya nos visita el turista un millón al año, lo cual se conmemora. Ved el noticiero NODO, que si no recuerdo mal, al poco tiempo se dedica una canción al turismo; la del turista un millón novecientos noventa y nueve mil novecientos…

¿Que ocurre con este auge?: La necesidad de construir más y más rápido. Además, incrementa en razón directa otro sector importante; el de la alimentación (¡ recuerden: la patata!) y en menor cuantía otros sectores. Mientras el turista era nacional, la alimentación solo crece al ritmo que crece la población de España porque este come lo mismo, solo que en lugar de hacerlo en su casa lo hace en el lugar que visita. El venir a España el turista extranjero implica más crecimiento de población, porque aunque de manera temporal, también hay que alimentarlo y alojarlo bajo techo en España, y ello, reporta durante un tiempo al año la necesidad de producir lo que necesita la población española más lo que necesita el turista; y no solo en los dos sectores mencionados, también hay que producir para el extranjero, el recuerdo que se lleva, el vestido que se compra, y cuantas cosas son de su interés pero que en España son más baratas que en su país y no es ilegal comerciarlas. Hay que tener en cuenta que hoy día y aunque es de forma temporal, en España llegan a habitar más de sesenta millones de turistas al año, y estos turistas generan trabajo y servicios para los cuarenta y siete millones de habitantes del país.

El haber sido necesario construir y generar alimento para el turista, creó la necesidad de emplear a más gente, esta gana dinero y consume, incrementándose la demanda y a su vez la aceleración en dicha demanda, porque al mismo tiempo, se tiene que producir para el ciudadano español y para el turista extranjero. ¡Atiendan! cuarenta y siete millones de habitantes de España, tienen que producir al año para más de ciento cuarenta millones que la habitan; era por tanto necesario crecer más de lo que necesitaba la población Española.

Pero esto no acaba aquí. Al entrar en esta dinámica de crecimiento y ser España un país cuya renta por cápita era inferior a los más adelantados (cosa parecida hoy al continente asiático, indio o africano), el capital extranjero invierte en España. Claro está, que a costa de mermar el trabajo en el país que importa el producto fabricado en España, como ocurre hoy día con el que nos entra a nosotros venido de China, de la India y de donde sea. Esto reporta que la capacidad productiva española permite abastecer la demanda interna, la demanda generada por el turista, y además, ¡con la exportación! parte de la de otros países desarrollados, por lo tanto, el “BOOM” llega a ser espectacular. De ahí, tanto crecimiento económico y el incremento de la renta del español.

Pero aquel auge, como todas las cosas tiene su límite y tal vez aquí, con la aceleración, comenzó a gestarse la catástrofe antes de tiempo.

Fin de la parte III.

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