Art. de Claudio Rizo Aldeguer

LA ÚLTIMA FÁBRICA DE MÁQUINAS DE ESCRIBIR

Hoy he conocido que se ha cerrado la última fábrica de máquinas de escribir “manuales”. Estaba en la India y sólo fabricaban para coleccionistas, para esos amantes del objeto “eterno” que ocupa un lugar distinguido en el interior de muchos de nosotros, justo donde la nostalgia insinúa su camino irrecuperable en este mundo al galope. Que el tiempo vuela, lo sabemos, pero oiga, resulta que yo toqué, aporreé, diría, aquella Olivetti, férrea y acústica como un carro de combate, quedando mis dedos doloridos, desenfocados, cuando sobre un papel sin destino buscaba tallar mis anhelos y quebrantos, allá por los ochenta, en una sucesión de palabras con algo de orden y concierto. Y que ahora me cierren el chiringuito, ese donde esculpí mis primeras inquietudes de niño inconformista, le diría que algo de pena sí me da. A qué negarlo.

Equivocarse ayer al escribir era bastante más entendible que hacerlo hoy. La Olivetti, como la Underwood, o cualesquiera otros ascendientes de su árbol genealógico, precisaban para su acción, digamos, de la fuerza bruta, a espasmódicas reflexiones, pensadas, y carecían de un “maestro” personal que subrayase en rojo los yerros, como hace hoy el “profe Word” si al carruaje de la ortografía se le violan sus moldes. El sonrojo que a uno le producía un error ortográfico “inexcusable” se inmortalizaba para los restos, quedando al descubierto ciertas flaquezas del escritor, en unos, y grandezas, en otros. De ahí que uno se afanase en escribir con decoro, tratando de hacer de la pulcritud, casi un estilo de vida. Hoy, en cambio, gozamos en los ordenadores de una especie de sistema “anticatetos” que nos señalan el fallo; una colleja, venga, en la intimidad de casa, en silencio, para uno, al modo de un policía que nos reprende en la calle por un mal giro pero que discretamente nos deja ir sin sanción. Incluso el tipo de letra, se moldea, al gusto de uno; se muta, casi se cría, diría. La elijo a la temperatura que mi ánimo se levante: romana, griega, árabe, elegante, antigua, barroca… Si la moda tiende a la delgadez, la torno tísica; si propende a la gordura, oronda. Si me deprimo, la comprimo; si me entusiasmo, la agrando. Quince pulgadas a través de las que veo y diseño el espacio, el micromundo… Aún así, todos tenemos un huequito reservado para la sensiblería, sí, porcelana frágil, que cuando temblequea y se estremece, si alguien o algo nos deja, hasta podemos ver a una araña cómo nos estruja el alma con sus hilos invencibles…

El tiempo de hoy, cierto es, por escasos poros tecnológicos respira a como lo hizo el de hace veinte o treinta años. Nos parece todo normal. Pero hubo una “era”, si me lo permiten, en que el papel se deslizaba por un rodillo, a veces carreteras con acné del mundo actual, y la tinta se iba apagando en una cinta que no encendía el piloto rojo en su agonía. No hace tanto, las máquinas de escribir eran rocas que pesaban veinte kilos, y que si elegías mal el satinado del papel, o su grosor, el dedo, al retirarlo, producía una especie de corrimiento de tierras que dejaba las palabras como arenilla inseparable que lleva la corriente, indistinguibles. No es antiguo, más bien que lo creía todavía vecino de mis hábitos. Pero hoy, tras echar el cerrojo metálico la última fábrica de máquinas de escribir, supe, o quise saber, que jamás volvería a escuchar el hondo y seco “clock, clock” de las teclas, estructuras en declive, de una Olivetti…, ni a sentir el eco de las agujetas en el interior de mis dedos tras el remate de un último artículo.

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5 COMENTARIOS

  1. Todo tiempo pasado fue mejor.
    Que error. Todo tiempo pasado ya pasó. ¡Pero que bonitos los recuerdos Claudio!
    A mi, después de mucho insistir y reclamar , los reyes magos me trajeron una, ¡que jovencito era!
    Un placer de los grandes volver a leerte, y si es hablando de letras que, en suma, es lo que haces en este artículo mejor que mejor.
    ¿Sabes que imagen se me queda al acabar de leer tu artículo?
    La pagina toda llena con un fallo garrafal arrugada y camino de la papelera, de metal claro, de rejilla y abollada por las patadas para apartarla cada vez que te la topabas debajo de la mesa.
    Un placer leerte, insisto.

  2. Efectivamente Claudio, yo tambien conservo aquella máquina portátil Oympia de color azul y blanco que guardo como vieja pieza de museo.El tiempo pasa inexorablemente y las viejas máquinas de excribir se nos aparecen como instrumentos heroicos asociados a escritores trotamundos como Ernest Henminguay formando parte inseparable de su equipaje o a los valientes reporteros de guerra que en un momento de la batalla escribían sus crónicas en un rincón o asociadas a aquellos guionistas de cine que hacían de la literatura una obra de arte cinematográfica. En las escuelas , en las oficinas, en las comisarias de la policía el sonido más cotidiano era el aporreo incesante de sus teclas.
    La máquina de escribir, como otras muchas cosas, ha sido víctima del progreso tecnológico y nada podemos hacer para evitarlo, y por desgracia seguirán acumuilando el polvo de la historia que dejan atrás. Ya no nos permitirán ni siquiera el derecho a equivocarnos, a cometer aquellos errores en la escritura que eran una pesadillla y que se tapaban con el implacable corrector o escribiendo sobre la propia letra errónea lo que todavía era peor porque se veía aun más la equivocación.Era peor el remedio que la enfermedad. Ahora como bien dices con el sistema anticatetos ya no hay margen para el error,demasiada pulcritud,ya no podemos ser cómplices de nuestras viejas máquinas. Con la vieja Olympia yo era algo, me sentía importante, ahora con el ordenador de última generación me da la sensación que soy un simple apéndice más del mismo. No se quien utiliza a quien y eso me inquieta. Un cordial saludo y enhorabuena por tu artículo.

  3. Yo todavía guardo una máquina con cariño, algunas las regalé pero la más antigua y especial la conservo, ya que era de mi abuelo y de pequeño disfrutaba jugando con ellas.

    Enhorabuena por tu artículo, me ha encantado. Me veo en la obligación de unirme al club de los que te dicen «Que bien escribes jodío».

    Un abrazo

  4. Me ha llenado de añoranza, pero de la buena, me has traido preciosos recuerdos.
    El que peor lo pasaba era el meñique, para conseguir la letra, bajada en vertical, pero siempre quedaba esa letra más clarita por menor fuerza.
    Y ¿qué me decis de hacer el escrito con copia/s?
    Eso sí que era toda una ceremonia, ¿cuántos intentos eran necesarios para que quedasen los folios y el «papel de calco», perfectamente ajustados, y más tarde, ¡con que delicadeza había que sacarlos, muy despacio, e igualmente ir separándolos¡. Y el de calco a la caja plana entre papel de seda.
    ¡El corrector¡, por entonces nos pareció el invento de los inventos, luego vendría la tira de papel, o ¿fué al contrario?.
    Aprendí el verano de los 15 años en una vieja Olivetti, negra por supuesto, y con el método Braille, ante el orgullo de mi querido padre, qué importante me sentía¡
    Gracias, Claudio………

  5. !Que lastima! cerrada la ultima fabrica de maquinas de escribir.
    Es como si un pedazo de nuestra vida se fuera.
    Que no nos pase nunca con las amistades. Que por tener unos amigos cerremos la puerta a otros. Podemos convivir todos juntos. !que gozada!
    Gracias Claudio, muy interesnate.

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