Las galeras del Mago Merlín: la conferencia que reconstruyó el desembarco de los tercios españoles en Cornualles en 1595

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El ciclo «En tiempos de Jorge Juan» celebró su segunda conferencia con una sesión de marcado carácter histórico e investigador dedicada a uno de los episodios menos conocidos del largo enfrentamiento entre la Monarquía Hispánica de Felipe II y la Inglaterra de Isabel I: el desembarco de los tercios españoles en Cornualles en 1595.

Bajo el título «Galeras del Mago Merlín: el desembarco de los tercios españoles en Cornualles en 1595», los investigadores Juan José Oña Fernández y Jorge Bañón Verdú reconstruyeron el contexto geopolítico, la planificación naval, el desarrollo militar y la memoria cultural de una operación anfibia que, según defendieron, demuestra que el Canal de la Mancha no fue un espacio dominado en exclusiva por Inglaterra, sino un escenario disputado también por España.

Novelda Digital grabará en vídeo para su canal de YouTube el ciclo de conferencias En tiempos de Jorge Juan con el objetivo de preservar y difundir este valioso patrimonio histórico y cultural. La iniciativa busca crear una hemeroteca audiovisual gratuita y accesible para que cualquier persona pueda consultar estas investigaciones en el futuro, además de dejar reflejado en soporte digital el trabajo documental y divulgativo de los investigadores, evitando que historias y estudios de gran valor sobre Novelda y su pasado caigan en el olvido.

La segunda conferencia del ciclo «En tiempos de Jorge Juan» volvió a situar a Novelda como punto de encuentro para la divulgación histórica de alto nivel. La sesión se enmarcó en la programación impulsada para seguir dando visibilidad a la figura de Jorge Juan y Santacilia, marino, científico e ilustrado universal nacido en Novelda, y coincide además con el contexto conmemorativo del 30 aniversario de la Fundación Jorge Juan, entidad dedicada a preservar y difundir su legado mediante conferencias, publicaciones, exposiciones y actividades didácticas.

El acto contó con la presencia de representantes municipales, con la edil de Cultura Geno Micó, y de la Fundación Jorge Juan con su presidenta Graciela Luz. Durante la presentación se excusó la ausencia de Natalia Mateo Ricol, que también estaba prevista inicialmente en la intervención, y se dio la bienvenida a los ponentes Juan José Oña Fernández y Jorge Bañón Verdú, autores de una investigación centrada en la expedición española contra el sur de Inglaterra en 1595.

La conferencia propuso una lectura amplia del episodio, no se trataba únicamente de narrar una incursión militar, sino de explicar cómo una operación aparentemente menor permite revisar la visión tradicional del conflicto naval entre España e Inglaterra en el tránsito del siglo XVI al XVII.

Una investigación sobre un episodio relegado por la historiografía anglosajona

Juan José Oña Fernández abrió la intervención planteando que la historiografía tradicional ha concentrado la memoria del conflicto entre la Monarquía Hispánica y la Inglaterra isabelina en tres episodios principales: la Gran Armada de 1588, conocida en el ámbito anglosajón como la Spanish Armada; el ataque de Francis Drake a Cádiz; y el asalto posterior dirigido por el conde de Essex. Según el investigador, esa selección ha dejado en segundo plano otros hechos que ayudan a comprender mejor la dimensión real de aquella guerra no declarada.

Oña defendió que el conflicto entre Felipe II, Isabel I de Inglaterra y las Provincias Unidas no debe interpretarse únicamente desde la imagen de una España derrotada por la Armada Invencible. A su juicio, aquella guerra terminó con una paz formal en 1604, cuando ya habían muerto Felipe II e Isabel I, y España no salió de ella militarmente destruida, sino que logró mantenerse como potencia y alcanzar una posición que el ponente comparó con una victoria «a los puntos» en términos estratégicos.

La conferencia situó este enfrentamiento en un tablero global. La Monarquía Hispánica sostenía al mismo tiempo frentes terrestres y marítimos en Europa, el Mediterráneo, América y Asia. Para ello dependía de rutas logísticas esenciales, por un lado el Camino Español, costoso y lento, y por otro las rutas marítimas que conectaban América y Asia con Europa, por las que circulaban metales preciosos, productos coloniales y especias.

Frente a ese poder, Inglaterra y las Provincias Unidas desarrollaron una estrategia de hostigamiento, interceptación y asaltos anfibios. El objetivo inglés era doble, debilitar el poder español y, sobre todo, intentar capturar las flotas de Indias. Esa obsesión por golpear el cordón económico de la Monarquía Hispánica marcó buena parte de las acciones inglesas del periodo.

El “factor Blavet”: España se instala frente a Inglaterra

Uno de los puntos centrales de la explicación fue el llamado “factor Blavet”. Tras el regreso de la Gran Armada en 1588, Felipe II encontró una nueva oportunidad estratégica en la costa atlántica francesa. La Francia católica, enfrentada a los hugonotes, solicitó ayuda a España. El rey respondió enviando tropas al mando de Juan del Águila, que se asentaron en Blavet, en la Bretaña francesa.

Desde esa posición, España quedaba mucho más cerca de Inglaterra. Blavet se convertía en una plataforma avanzada desde la que hostigar el Canal de la Mancha y las costas inglesas. Oña destacó que esa presencia española en Bretaña fue decisiva para comprender la operación de 1595, ya que desde allí partieron las galeras que desembarcarían en Cornualles.

Blavet no solo permitía intervenir en la guerra religiosa francesa, sino también abrir una nueva estrategia naval. Desde allí, la Monarquía Hispánica podía lanzar operaciones rápidas, limitar el tiempo de exposición de sus fuerzas y regresar a una base relativamente cercana. La distancia hasta Cornualles era mucho menor que desde la Península, lo que hacía viable una incursión de tanteo.

La profecía del Mago Merlín y la roca del desembarco

Jorge Bañón Verdú tomó el relevo para retroceder aún más en el tiempo y enlazar la operación militar con una tradición legendaria de Cornualles. La conferencia explicó que una antigua profecía atribuida al Mago Merlín, conservada en la tradición córnica, anunciaba que unos invasores desembarcarían en la roca de Merlín y quemarían Paul, Penzance y Newlyn.

La frase, transmitida en córnico, inglés y castellano durante la exposición, sirvió como hilo narrativo de la conferencia. La operación española de 1595 convirtió esa profecía en un episodio histórico tangible para la memoria local de Cornualles. Los tercios desembarcaron precisamente en la zona asociada a esa tradición y atacaron las poblaciones que figuraban en el relato profético.

Bañón subrayó que Cornualles era una región con una fuerte identidad propia. En la época no era simplemente una zona inglesa más, conservaba lengua, memoria y tradiciones propias, mantenía un sustrato católico y había sufrido una dura represión tras la rebelión religiosa de 1549, conocida como la Prayer Book Rebellion. Ese contexto hacía pensar a los españoles que podía existir una base social menos hostil a una intervención católica que en otras zonas de Inglaterra.

Diego Brochero, Carlos de Amésquita y una operación de objetivos limitados

La planificación de la operación se atribuyó al ámbito naval español asentado en Blavet. En la exposición apareció como figura destacada Diego Brochero, encargado de concebir la posibilidad de un nuevo golpe sobre la costa inglesa. La misión tenía dos objetivos principales, evaluar el estado de las defensas inglesas ante una posible operación mayor y tantear la actividad de los puertos de Cornualles, especialmente en un momento en el que Drake y Hawkins preparaban desde Plymouth una expedición al Caribe que acabaría siendo fatal para ambos.

No se diseñó una gran invasión, sino una operación anfibia de alcance limitado, breve, violenta y con capacidad de repliegue inmediato. También se estudiaron otros objetivos, como las islas Sorlingas, pero se descartaron por sus dificultades logísticas.

El mando directo de la expedición quedó en manos de Carlos de Amésquita, presentado en la conferencia como cabo de galeras y responsable de la operación naval. La fuerza terrestre estaba subordinada al mando general de la misión y contaba con mandos de los tercios de Armada, entre ellos un maestre de campo y un sargento mayor. La operación incluyó además la presencia de un capitán inglés católico al servicio de Felipe II, Richard Burley, que cumplió funciones de intérprete, guía e inteligencia, y del dominico fray Domingo Martínez, capellán de la expedición.

Cuatro galeras y tercios de Armada: una fuerza pequeña, especializada y móvil

Uno de los apartados más detallados de la conferencia se dedicó a explicar qué era una galera y por qué resultaba adecuada para esta operación. Los investigadores insistieron en que no se trataba de una gran armada oceánica, sino de una fuerza reducida, compuesta por cuatro galeras y un contingente de tercios de Armada.

La documentación estudiada por los ponentes presenta dificultades a la hora de identificar con claridad los nombres de las embarcaciones, ya que en ocasiones las fuentes mezclan nombres propios con tipologías de galeras. Aparecen referencias a una capitana, una patrona y galeras ordinarias como la Bazana o la Princesa, entre otras denominaciones analizadas durante la exposición.

Cada galera podía llevar una dotación aproximada de 250 hombres, divididos entre gente de cabo, gente de remo y gente de guerra. La gente de remo estaba formada por esclavos, forzados y buenas boyas —remeros pagados—. La gente de cabo incluía al capitán, piloto, navegantes, carpinteros, calafates y otros oficios marineros. La gente de guerra estaba compuesta por soldados especializados en combatir a bordo y desembarcar.

Bañón destacó que los tercios de Armada no eran exactamente los mismos que los tercios de infantería que combatían en Flandes. Estaban preparados para la guerra naval y anfibia, por lo que su armamento se adaptaba al espacio reducido de las cubiertas. Los piqueros utilizaban medias picas, más cortas que las de campaña, y las espadas también eran de menor longitud para facilitar el combate embarcado.

Las galeras se movían a vela y remo. Usaban velas latinas, pero su gran ventaja era la posibilidad de navegar al remo cuando no había viento. Cada remo podía pesar alrededor de 150 kilos y era manejado por varios hombres mediante el sistema conocido como a galocha. En la proa llevaban una artillería considerable, con un cañón central de mayor calibre y piezas laterales, además de cañones pedreros destinados a barrer dotaciones enemigas.

La explicación técnica incluyó elementos como la carroza de popa, los pasillos laterales donde se colocaban los soldados, los paveses que protegían a los remeros y las peculiaridades constructivas de la popa, descritas en la terminología marinera de la época.

La ruta hacia Cornualles: Penmarch, Pont-Davíd y Le Conquet

La operación comenzó con la salida desde Blavet. Las galeras navegaron primero hacia Penmarch, en la costa bretona. Allí, ante la amenaza de desembarco, la población negoció con los españoles y terminó entregando una cantidad económica que la conferencia cifró en 3.000 ducados. El episodio fue presentado como un primer éxito de la expedición antes incluso de cruzar hacia Inglaterra.

Después, las galeras se dirigieron hacia la zona de Pont-Davíd, frente a Brest, donde existía una posición amiga. Allí entregaron bastimentos y apoyo logístico solicitado por las fuerzas aliadas. Más tarde intentaron actuar sobre Le Conquet, una población en manos hugonotes, pero encontraron una resistencia mucho mayor y los mandos decidieron no comprometer la misión principal.

La falta de viento obligó a navegar al remo durante parte de la ruta. Más adelante, las galeras capturaron una pequeña embarcación procedente de Le Conquet, mandada por un marino inglés. De ella obtuvieron información sobre la situación en la costa de Cornualles. La nave, al ser considerada enemiga, fue hundida.

El desembarco en la bahía de Mount: la profecía se cumple

La expedición llegó a la altura del cabo Lizard, entrada natural hacia la bahía de Mount, en Cornualles. La niebla favoreció la sorpresa. A primera hora de la mañana comenzó el desembarco en la zona asociada a la roca de Merlín.

Las tropas se dividieron para atacar varios objetivos mientras las galeras se posicionaban frente a la costa y abrían fuego artillero. Una de las embarcaciones quedó vigilando posibles movimientos enemigos, muestra de la prudencia táctica con la que se ejecutó la operación.

El ataque sobre Mousehole fue devastador. Según expusieron los ponentes, apenas quedó en pie un edificio de piedra, que aún hoy se conserva y forma parte de la memoria local del episodio. Los españoles incendiaron viviendas, cosechas y propiedades. Las construcciones tradicionales, muchas de ellas con materiales fácilmente combustibles, favorecieron la propagación del fuego.

También se atacó la zona de Paul, donde los españoles incendiaron una iglesia protestante que en la documentación española aparece descrita de forma llamativa como “mezquita”. Bañón interpretó este término como una manera de designar cualquier espacio religioso no católico, no necesariamente como una referencia literal al islam. En el interior se encontró un caballo de madera, posiblemente un exvoto, que fue quemado junto al edificio.

Terminada la acción, los mandos dieron la señal de reembarque. La decisión de no pasar la noche en tierra fue presentada como una medida inteligente: los españoles desconocían la reacción inglesa y preferían dormir embarcados, protegidos por las galeras, antes que exponerse a un contraataque nocturno.

Penzance y Newlyn: destrucción, misa y captura de una pieza de artillería

La operación continuó al día siguiente contra Penzance, la población más importante de la zona, y después contra Newlyn. Las galeras abrieron fuego contra el puerto y contra pequeñas embarcaciones pesqueras. En tierra, los tercios avanzaron con escasa oposición efectiva.

El gobernador local había reunido una milicia numerosa, pero, según relataron los ponentes, aquella fuerza se deshizo al encontrarse con la formación española. La milicia huyó, dejando prácticamente solo al gobernador con un pequeño grupo de hombres. Desde la zona se envió aviso a Plymouth para solicitar ayuda a Drake, pero esta no llegó.

En Newlyn, la presencia del capitán inglés católico Richard Burley resultó decisiva. Al parecer, identificó una iglesia que había sido católica antes de la Reforma, y los españoles decidieron respetarla. Al día siguiente, coincidiendo con la festividad de Santo Domingo, el dominico fray Domingo Martínez solicitó celebrar misa. La ceremonia se realizó en aquella iglesia que había sido preservada.

El episodio tuvo un fuerte valor simbólico, una fuerza española, católica y anfibia, desembarcaba en territorio inglés, atacaba poblaciones protestantes y celebraba misa en una iglesia de la costa de Cornualles.

Antes de retirarse, los españoles capturaron una pieza de artillería de una pequeña fortificación local y la embarcaron en una de las galeras. Para los ponentes, ese detalle reflejaba tanto la audacia como la eficacia de la operación.

Una retirada con combate: cuatro galeras contra un convoy neerlandés

Tras cumplir los objetivos en tierra, los mandos celebraron consejo. Las galeras estaban dañadas y acusaban el desgaste de la navegación y las operaciones. Además, existía el riesgo de que salieran barcos ingleses desde puertos cercanos como Plymouth, Dartmouth o Falmouth. La decisión fue regresar hacia Blavet.

Durante la retirada, los españoles liberaron a los prisioneros que habían interrogado. También se encontraron con una embarcación irlandesa católica que transportaba vino, de la que obtuvieron algunas provisiones para celebrar el éxito de la misión. Más tarde contactaron con barcos escoceses católicos, que les transmitieron una información decisiva, navegaba por la zona un convoy de 46 barcos neerlandeses, escoltado por varios navíos de guerra.

La reacción de Carlos de Amésquita fue, según la conferencia, sorprendente. En lugar de evitar el contacto, decidió atacar. Con cuatro galeras dañadas y hombres cansados tras los desembarcos, se lanzó contra un convoy muy superior.

El combate fue duro. Los españoles abordaron varios escoltas neerlandeses y hundieron entre tres y cuatro navíos, según las distintas crónicas. Fue en esta acción, y no en los desembarcos de Cornualles, donde se produjeron las bajas españolas, alrededor de 20 muertos y heridos, además de daños en los mástiles y filtraciones de agua en algunas galeras.

La expedición regresó finalmente a Blavet como una operación victoriosa. Los ponentes insistieron en un dato clave, durante las acciones de desembarco en suelo inglés no se registraron bajas españolas. Las pérdidas llegaron después, en el combate naval contra los neerlandeses.

Una operación especial del siglo XVI

Juan José Oña calificó el episodio como una auténtica operación especial desde el punto de vista táctico. La fuerza salió de una base avanzada, cruzó el mar, desembarcó por sorpresa, destruyó objetivos concretos, generó un efecto psicológico de terror y regresó con información relevante para el rey.

En el plano operacional, la incursión demostró que el Canal de la Mancha no era un espacio controlado exclusivamente por Inglaterra. Era un escenario disputado, donde ingleses, españoles y neerlandeses actuaban con sus propios medios y objetivos.

El nivel estratégico fue, para Oña, el más importante. La información obtenida por las galeras sirvió para confirmar a Felipe II que era posible golpear directamente la costa inglesa desde Bretaña. Según explicó, esa experiencia influyó en las posteriores armadas enviadas por el rey hacia la zona de Cornualles y el suroeste inglés. A diferencia del complejo plan de 1588, que dependía de coordinar la Gran Armada con las fuerzas de Parma en Flandes, las expediciones posteriores apostaron por una aproximación más directa.

Una de esas armadas fracasó por causas meteorológicas frente a Finisterre, con grandes pérdidas humanas. Otra llegó a desembarcar en las proximidades de Falmouth sin encontrar una oposición inglesa eficaz. Para el ponente, estos episodios refuerzan la idea de que la capacidad naval española no desapareció tras 1588 y que la imagen de una Inglaterra dueña absoluta del mar necesita ser matizada.

Cornualles: lengua, minería, catolicismo y memoria

La conferencia dedicó una parte importante a la Cornualles histórica y cultural. Oña recordó que la región tenía una identidad diferenciada, una lengua propia —el córnico— y una fuerte tradición legendaria vinculada a Merlín y al ciclo artúrico. También destacó su riqueza minera, especialmente por el estaño, que convirtió a Cornualles en una zona de gran importancia económica.

La rebelión católica de 1549 y su represión dejaron una memoria profunda. La conferencia recordó que cientos de personas fueron ejecutadas por las tropas tudorianas. Ese trauma explica por qué la zona podía ser vista por España como un territorio con simpatías católicas latentes, aunque la operación de 1595 no buscó establecer una alianza local, sino proyectar fuerza y causar impacto.

El paisaje de la bahía de Mount también fue descrito con detalle. El St Michael’s Mount, vinculado a los benedictinos franceses y comparable al Mont Saint-Michel de Normandía, apareció como una referencia geográfica fundamental. En la documentación española de la época, los nombres ingleses fueron adaptados de forma fonética, dando lugar a formas castellanizadas que los ponentes comentaron con humor y valor histórico.

La huella española: Merlin’s Rock, Spanish Point y la casa superviviente

El legado de la incursión no quedó solo en los documentos militares. La memoria local de Cornualles conserva referencias materiales, toponímicas y legendarias. Entre ellas figuran la Merlin’s Rock, asociada a la profecía; el llamado Spanish Point; y la casa de piedra de Mousehole que sobrevivió al incendio español.

Los ponentes mostraron cómo esa casa se convirtió con el tiempo en un lugar de memoria, rodeado de relatos sobre fantasmas, resistencia local y presencia española. La conocida Keigwin Arms aparece vinculada a la muerte de un vecino durante el ataque. Una placa recuerda que Jenkyn Keigwin fue asesinado defendiendo su casa contra los españoles en julio de 1595.

La conferencia también aludió a restos materiales conservados en museos locales, como una bola de artillería atribuida posiblemente al episodio español. Aunque no siempre pueda demostrarse con certeza absoluta su procedencia, estos objetos muestran que la incursión forma parte de la identidad histórica de la zona.

De la historia a la literatura: fantasmas, piratas y Agatha Christie

La memoria de la expedición española también pasó a la literatura y la cultura popular. Los ponentes citaron textos poéticos y relatos locales en los que los españoles aparecen como invasores temibles, designados en ocasiones como los “dons” de Iberia.

También se mencionó el trabajo de recopiladores de leyendas del siglo XIX, como William Bottrell, que recogieron tradiciones orales sobre la zona, sus fantasmas y los recuerdos de la incursión. Mousehole y sus alrededores fueron presentados como un espacio especialmente fértil para la literatura de misterio y superstición.

En ese recorrido apareció incluso Agatha Christie, que en uno de los relatos de Miss Marple incluidos en «Trece problemas» utiliza el ambiente de la zona y su carga legendaria como parte de su universo narrativo. La conferencia mostró así cómo un episodio militar de 1595 acabó sedimentando en la memoria cultural británica, mezclado con fantasmas, casas antiguas, posadas, piratas y relatos populares.

Una investigación con vocación documental

Durante el coloquio posterior, los ponentes explicaron que habían visitado los lugares vinculados a la operación y que la investigación podría convertirse en un documental. El propio desarrollo de la conferencia, con mapas, reconstrucciones, imágenes generadas por inteligencia artificial y referencias documentales, mostró una voluntad clara de llevar el episodio a formatos divulgativos más amplios.

El uso de imágenes generadas por inteligencia artificial fue comentado como un experimento visual, los ponentes querían comprobar cómo esta tecnología podía interpretar una narración histórica bien documentada. También se citaron trabajos técnicos sobre galeras y estudios previos de especialistas navales.

Qué era un “capitán entretenido”

Una de las preguntas del público permitió aclarar el significado de la figura del capitán entretenido. Los ponentes explicaron que, en el ámbito militar de la época, existían oficiales o caballeros que no formaban parte de la estructura regular ordinaria, pero que servían con sueldo. A diferencia de ellos, los aventureros participaban por iniciativa propia e incluso costeándose su presencia.

La explicación derivó hacia la composición social de la Gran Armada de 1588, en la que se alistaron nobles, criados, soldados, marinos y personajes de muy distinta condición. Se recordó que Lope de Vega embarcó en aquella expedición, y se mencionaron casos de familias nobiliarias que sufrieron naufragios en el tornaviaje.

También se habló de la presencia de mujeres en la Gran Armada. Según la investigación citada durante la conferencia, viajaron mujeres casadas con soldados, no como “malas mujeres”, expresión de la época para referirse a otro tipo de presencia femenina en los ejércitos. Los ponentes destacaron el valor de aquellas mujeres, algunas de las cuales sobrevivieron incluso a varios naufragios durante el regreso.

La gran pregunta: por qué decayó el poder español

La parte final del coloquio abrió una reflexión más amplia, cómo una monarquía capaz de proyectar fuerza en tantos escenarios acabó entrando en una fase de agotamiento. Los ponentes señalaron varios factores.

Uno de ellos fue el problema demográfico. España, según defendieron, era un país con poca población para sostener un imperio tan extenso. A ello se sumaba la enorme presión económica de mantener frentes militares en Europa, América, el Mediterráneo y el Atlántico.

También se subrayó que gran parte del oro y la plata que llegaban de América no se invertían en transformar la economía peninsular, sino en pagar ejércitos, deudas y compromisos dinásticos. El dinero circulaba hacia Flandes, hacia los tercios, hacia banqueros y hacia los escenarios de guerra. La expresión utilizada en la conferencia fue contundente, España fue, en buena medida, un “imperio de hambrientos”, con una potencia exterior enorme pero con graves limitaciones internas.

Los ponentes recordaron asimismo que la Monarquía Hispánica era una realidad compuesta por distintos reinos y coronas. Castilla, Aragón, los territorios italianos, Flandes y América formaban parte de un entramado dinástico complejo. Las obligaciones heredadas por los Austrias arrastraron a España a conflictos que no siempre respondían a una lógica estrictamente peninsular.

Una conferencia para revisar tópicos históricos

La sesión concluyó con el agradecimiento de la organización a los ponentes y con la invitación a seguir profundizando en estos temas en futuras conferencias. La intervención dejó una idea central, la historia naval española del siglo XVI contiene numerosos episodios todavía poco conocidos por el gran público, muchos de ellos eclipsados por la narrativa anglosajona sobre la Armada Invencible.

La incursión de 1595 en Cornualles, presentada en Novelda bajo el evocador título de «Galeras del Mago Merlín», muestra una España capaz de planificar operaciones anfibias de precisión, golpear la costa inglesa, recoger información estratégica, combatir a los neerlandeses durante la retirada y dejar una huella duradera en la memoria local británica.

Más que una simple anécdota militar, la conferencia reveló un episodio donde confluyen guerra naval, religión, geopolítica, propaganda, leyenda artúrica, memoria popular y patrimonio cultural. Una historia que empieza en las galeras de Blavet, desembarca en la roca de Merlín y sigue viva, más de cuatro siglos después, en las piedras, los nombres y las leyendas de Cornualles.

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