Pregón 2022

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PREGÓN 2022

Jesús Navarro Alberola

            Bona nit a totes i a tots. En Novelda, ningú és més que ningú.Nadie es más que nadie. Por eso, aquí en Novelda hay que prescindir de los saludos protocolarios.

            Así pues, buenas noches, mis paisanos, entrañables amigos y amigas; más que amigos, familia, y lo digo de corazón, porque para mí Novelda es una gran familia. Me ocupa y me preocupa su futuro con la misma intensidad con la que me preocupo por mi familia. Así lo pienso, así lo digo y así actúo.

            Humildemente,creo que mi sitio está con vosotros,no aquí arriba. No merezco este honor y tal cual lo siento. Por eso busco diluirme en esta noche que, eso sí, queremos que sea una noche de emoción, una noche donde el arte y la cultura de este pueblo sean los verdaderos protagonistas. Después de dos años sin celebraciones, también queremos que sea una noche alegre y de fiesta:la emoción de la fiesta, la música y la alegría de vivir.

            Dos años que han sido como un paréntesis, que apenas recordamos como un suspiro. Dos años que se nos han escapado de entre los dedos. Sin embargo, a otros se les escapó mucho más en aquellos meses duros de la pandemia. Algunos perdieron la vida. Y otros, al pie siempre del cañón, dieron la suya en hospitales y residencias para que, pese a todo, siguiéramos como antes o todo fuera un poco mejor. Y no solo los sanitarios. En mitad de la crudeza del confinamiento, reponedores de supermercados, policía, guardia civil, transportistas, comerciantes, protección civil, militares o farmacéuticos… todos ellos y ellas pusieron su granito de arena para que los demás consiguiéramos olvidar ese momento de película de ciencia ficción que estábamos viviendo. A todos ellos, pero sobre todo a los que ya no están con nosotros, a los que perdimos por el camino, quiero dedicar estas palabras y esta obra musical titulada «Una canción sencilla», que ahora interpretará la Orquesta Sinfónica del ADDA.

            Una noche de emoción…

            Pero tiene que volver la alegría y la fiesta. Novelda: el pueblo que siempre se levanta, decíamos en Sueños de Sal. Y así será de nuevo.

            Un día escribí «De Novelda al cielo» y decía que las golondrinas novelderas eran tan mías que, de niño, en un viaje por Andalucía, pensé: «¿Qué hacen estas golondrinas de Novelda en Córdoba?». El eco de su vuelo por las calles estrechas, rodeando nerviosas el campanario, ha quedado para siempre grabado en mi memoria. De ese mismo campanario salía también el sonido triste de las campanadas a muerto, que se escuchaban en esos atardeceres silenciosos y eternos:«Qui s’ha mort hui?», preguntaba mi abuela. Y se iniciaba entonces una discusión salpicada de apodos: «Xica, sí, la filla de la Xurra, pos la sogra, que era la dona del Catano». Estas conversaciones, y de fondo el sonido de las campanas y los gritos de las golondrinas, llenaban las tardes infinitas, donde el mundo, mi mundo, era Novelda y Novelda era el mundo. No existía nada más. Nuestra infancia es nuestra patria y la patria es Novelda.

            Las golondrinas eran nuestras, como el río salado, olor a fango, arenas movedizas de la rambla, hojas de moreras frescas para los gusanos que después se convertían en cisnes de seda. La acequia mayor y los cabuts, espermatozoides de futuros peces de colores. Acequias que eran como calles de agua y las calles de tierra, con el aroma a cubo de fregar las casas.

            El delantal de nuestras abuelas,testigo de mil guisos elaborados con paciencia infinita, como infinitos eran los bolsillos del delantal. De allí salía de todo: flores del jazmín del patio que después adornaban imperdibles y agujas, una cuchara de madera que servía para probar el estado del cocido sin quemarse, esparadrapo, tijeras, una bobina de hilo de coser y, cómo no, el mocaó, el pañuelo que iba almacenando durante todo el día los mocos de todos los nietos para alegría del covid de la época. Entonces, era solo «que el xiquets’harefredat». El actual catálogo de enfermedades no existía, ni falta que hacía. Los achaques del abuelo no eran enfermedades con nombres raros.La explicación era más poética y sencilla.Simplemente ocurría que el abuelo volvía a ser un niño y, más tarde, incluso, un bebé; y así se cerraba el ciclo natural de la vida, sin más explicaciones.

            Este amor incondicional de la abuela se comunicaba de vecino a vecino. Las calles de entonces eran como el pasillo de tu casa. Se vivía sin puertas, ni timbres, ni alarmas, ni muros. Como cantaba Jaume Sisa: «las casas no eran de nadie y eran de todos».¿Quién no recuerda los abrazos de nuestras madres, mullidos, pero con pinchazos del imperdible que sostenía el peto del delantal?

            Los recuerdos se agolpan y se repiten en cada generación y, aunque cambien las formas, el fondo es el mismo: el amor por Novelda.

            Las mujeres de Novelda siempre me han parecido sujeto y no objeto. Verdaderas gladiadoras de sol a sol, en lucha con la tierra, manos de azufre color canela, saquitos y carteritas, diminutivos que se hacen enormes y engrandecen a las novelderas que, de luna a luna, también acunan el futuro del pueblo, entre rosas de azafrán y besos de pimentón.

            Novelda, el pueblo que siempre se levanta.Levantemos ahora la fiesta de nuevo, después de dos largos años, volvamos a disfrutar esta noche de la alegría colectiva de las fiestas.

            Faltan pocos días para volver a ver las comparsas por la calle Desamparados. En el número 81 encontré al amor de mi vida.Desamparados y amparados por la morera del Casino, esos bancos rojos son testigos del amor más puro, envueltos en el aroma del galán de noche. Ahí pasé los días más felices de mi vida. Entres besos interminables se acercaban los días del desfile, explosión de belleza y música. Pasión por los Moros y Cristianos, como decía mi amigo Toni Cantó. «Tot arriba!!». El grito del capitán a la escuadra.

            María José Tárraga, festera desde la cuna, expresó con maravillosa emoción y entrañable humildad la pasión que sentimos por los Moros y Cristianos.Recordemos aquí sus preciosas palabras: «Cierro los ojos y vuelven los recuerdos de la infancia, el calor de julio y la casa de la Serreta, allí aprendí a sentir y a amar los Moros y Cristianos a ritmo de tambores de hojalata…Cada día, los amigos y yo buscábamos en los baúles viejos los trajes para el desfile vespertino, convertíamos cortinas en velos y sábanas en capas de pedrería y, por la tarde, al caer el sol, formábamos las escuadras moras y cristianas; se iniciaba el desfile triunfal por aquel camino de tierras y piedras, hasta llegar a las casas, donde el público entusiasta formado por abuelos, tíos y primos, nos aplaudía a rabiar y nos vitoreaba».

            Esa es la emoción de la fiesta auténtica, el sentimiento profundo que han dejado en Novelda los Moros y Cristianos. Y la mezcla perfecta con las fiestas patronales, diversión desenfrenada y devoción apasionada. El cielo y la tierra se unen en Novelda este mes de julio,una fusión mágica, con aroma a paloma y capellà rostit.

            Llegaba la bajada de la Santa, el día más feliz del año para mi madre, que nerviosa se preparaba para recibir en la puerta de casa a su amor incondicional, la amiga que año a año recibía entre flores, luces de velas y cera que caía dibujando lunares en el negro alquitrán del Paseo. Mi madre, como todos en Novelda, se fue creyendo que la Santa bajaba para encontrarse con ella y le hablaba de tú a tú. Nunca pude escuchar esos diálogos, que eran de pensamiento; tan solo veía asomar las lágrimas que, al pasar majestuosamente la Santa,afloraban.

            El 20 de julio se oía ya de buena mañana el murmullo de gente ilusionada que subía al Castillo, sandía al hombro, que volvía convertida en farol para acompañar la entrada triunfal. Y luego, la apoteosis en San Pedro, l’Albà estallando en el aire.

            Novelda huele a cera el día de la Bajada, a azafrán, anís y comino. A uva, sal y rambla. A galán de noche y verbena en el Casino. Novelda huele a azufre, moreras y gusanos de seda, huele a traca, pólvora y sudor de fiestas; huele a la mercromina de las heridas de la infancia y a perfume de los besos de la madre, que nos quitaban todas las penas. Novelda aún guarda el olor de la tierra húmeda, antes del asfalto, con ese ejército de madres regando las calles mañana tras mañana y Novelda es un museo de sonidos que se van perdiendo, como el del afilador o el del xambilero, o las conversaciones a la fresca en las puertas de las casas, o el sonido que nunca volverá: la voz cálida de nuestros padres.

            Novelda sabe a la coca de El Molino, al xambi en la Glorieta, al café del bar Saoro y a los primeros cubalibres del Casino. Novelda es sal en el cuerpo un día de playa en el Clot, cloro en la piscina y limón en los labios cada tarde, a la vuelta del colegio. Novelda sabe a paella, romero, conejo y caracoles. Novelda es torta de manteca, gazpachos, forment picat y alls i giraboix.

            Novelda tiene el tacto de las manos ásperas de poner sacos, los dedos pegajosos de empaquetar carteritas. Novelda es la curva sinuosa de una barandilla modernista y el marco de madera de las ventanas. Novelda es dura como el mármol, pero también blanda como las siestas de julio con el sonido del tour de Francia y la brisa del Vinalopó.

            Con todas estas cosas aprendía querer a nuestra Patrona y hoy me sorprendo, igual que mi madre, hablando con ella de tú a tú, en ese diálogo que nos une a todos. La Santa es el corazón común de todas las personas de Novelda. Por eso, el amor inmenso que sentimos, seamos creyentes o no. Este amor a la Santa supera a la Fe o a los ideales de cada uno. Esa es su grandeza y nos une a todos.

            Nos une también el pasado y nos debe unir el futuro. Este pueblo se ha inventado a sí mismo tantas veces que aún conserva, quizá dormido, quizá escondido, el espíritu luchador que alguna vez nos hizo grandes y universales. Esa sangre corre por nuestras venas y fortalece nuestras raíces, pero ahora debemos romper con el pasado para crear cosas nuevas. Novelda necesita reinventarse con nuevos horizontes, debemos diversificar para que el riesgo de futuras crisis se diluya y nuestros jóvenes no se tengan que marchar del pueblo. Cada joven que se va es un fracaso colectivo. Debemos de luchar juntos para que esto no vuelva a ocurrir y volver a llenar el pueblo de alegría, ilusión y esperanza.

            Nuestro pasado fue escrito por verdaderos héroes que inventaron el comercio del azafrán y del mármol, sin tener ni mármol ni azafrán. Si quieres ser universal, habla de tu pueblo. Este va a ser nuestro lema de futuro: hablar de Novelda en todo el mundo.

            Volvamos a soñar, volvamos a la pasión por vivir, por abrazar al amigo, por regozarnos de barro y de sal en el Clot, por disfrutar las tardes de lluvia soñando tras los cristales. Nos hemos caído tantas veces y nos hemos levantado otras tantas que el noveldero tiene las rodillas fuertes, peladas. Esa experiencia, esa mezcla de fracasos y de éxitos nos ha hecho ser un pueblo sabio, fuerte y capaz de cualquier cosa. Novelda, el pueblo que siempre se levanta. Ahora, hoy, esta noche, es el momento de levantarnos y renacer de nuevo, como los protagonistas de Sueños de Sal. En su recuerdo, vamos a escuchar a continuación, la canción principal de la película, dirigida de nuevo por el maestro Óscar Navarro que, además, es el creador y compositor de la banda sonora.

            Si estamos unidos, el éxito es seguro. Construyamos el futuro juntos; nadie es más que nadie en este pueblo. Ese es el mensaje de esta noche: unidos venceremos. El futuro está en nuestras manos. Y aunque moriremos algún día, nuestro cielo será el de Novelda, una Novelda eterna, mágica, luminosa, con todos los que nos esperan allá con el chanchullo, la paloma y el capellà.

            Y ahora la fiesta. Como pregonero, doy por inauguradas las fiestas Patronales y de Moros y Cristianos de este año tan especial.

            Gritad conmigo dos vivas que retumben en la noche:

            ¡¡VIVA NOVELDA!!

            ¡¡VIVA SANTA MARÍA MAGDALENA!!

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