La pregonera de las Fiestas Patronales y de Moros y Cristianos de Novelda 2026 emocionó al público con un relato íntimo que recorrió su infancia, el crecimiento de la ciudad, los orígenes de las comparsas, la figura de su padre, Manuel García Terol, y el esfuerzo de todas las personas que han construido las celebraciones en honor a Santa María Magdalena.
Hay historias que comienzan con una fecha, otras con un nombre y algunas con un sonido. La de Magdalena García Irles comenzó con el repiqueteo de la máquina de coser de su madre, el olor de los guisos de su abuela, los libros que su padre consideraba imprescindibles y el trasiego de festeros que entraban y salían de su casa cuando en Novelda todavía estaba casi todo por hacer.
Desde aquellos recuerdos, observados primero con los ojos de una niña de ocho años y explicados ahora con la perspectiva de la madurez, la pregonera de las Fiestas Patronales y de Moros y Cristianos de Novelda 2026 construyó un pregón lleno de historia. Un relato que no se limitó a anunciar que comienzan las fiestas, sino que recordó por qué un pueblo necesita reunirse para reconocerse en aquello que comparte.
Antes de tomar la palabra, Magdalena García Irles fue presentada como una mujer de extraordinaria trayectoria académica, vinculada desde hace casi cuatro décadas a la Universidad de Alicante. Nacida en Novelda, estudió en el Colegio Cervantes y en el antiguo Instituto de Bachillerato, actual IES La Mola, antes de cursar Ciencias Biológicas en la Universidad de Valencia y realizar su doctorado en Alicante.
Profesora de Biología Celular, su carrera ha estado marcada por una profunda vocación docente y por una intensa labor investigadora en el campo de la neurociencia, especialmente en el estudio de la estructura de la retina de los vertebrados y su adaptación al hábitat. Ha participado en numerosos proyectos, dirigido tesis doctorales, publicado trabajos en revistas científicas internacionales y realizado estancias docentes en universidades extranjeras, entre ellas la Universidad de Utah y la Universidad de las Azores.
También ha investigado sobre la calidad de la enseñanza universitaria y el aprendizaje del alumnado, ha participado en congresos internacionales y ha publicado capítulos de libros y numerosos trabajos académicos. A lo largo de su vida profesional ha asumido responsabilidades como la dirección del Departamento de Biotecnología y el decanato de la Facultad de Ciencias, aunque siempre ha encontrado en el aula, el laboratorio y el contacto cotidiano con sus estudiantes el sentido más profundo de su profesión.
Pero el pasado sábado 11 de julio no subió al escenario solamente la científica, la profesora o la gestora universitaria. Subió también la hija, la hermana, la esposa, la madre, la amiga y, sobre todo, la niña que había presenciado desde un lugar privilegiado el nacimiento de las Fiestas de Moros y Cristianos de Novelda.

Tras saludar a las autoridades, representantes festeros, cargos, asociaciones, vecinos, amigos y familiares, Magdalena García Irles expresó su agradecimiento al alcalde, Fran Martínez, por haberle concedido la oportunidad de vivir y compartir un momento que calificó de irrepetible. Extendió también su gratitud a la presidenta de la Federación de Comparsas, Clara María Amorós, por sus palabras y por haber pensado en ella para asumir una responsabilidad tan especial.
La pregonera agradeció igualmente la presencia del público y se dirigió a quienes seguían el acto a través de los medios de comunicación. Reconoció que ser pregonera representaba para ella una “inmensa ilusión”, pero también un gran honor y una importante responsabilidad como noveldense.
Podría haberse anunciado el comienzo de las fiestas mediante un mensaje de teléfono o una publicación en redes sociales, admitió. La noticia habría llegado inmediatamente a miles de personas. Pero un pregón es otra cosa.
Para García Irles, el pregón transmite la mirada personal de quien lo pronuncia sobre su pueblo y sus fiestas, pero, por encima de todo, transmite una emoción. Es la voz que abre la puerta de los recuerdos, despierta la ilusión acumulada durante todo un año e invita a compartir nuevamente aquello que une a una comunidad.
“Las fiestas no comienzan con un mensaje en una pantalla. Comienzan cuando nos reunimos con las personas con las que compartimos la vida, las raíces y nuestra memoria”, afirmó.
Por eso escribió la palabra Fiestas con mayúsculas. Porque significan mucho más que unos días de celebración. Crean identidad, transmiten valores y tradiciones y generan algo especialmente valioso: memoria emocional.
Como científica, explicó que las emociones dan sentido a la vida y moldean el carácter. Actúan como un filtro que permite que determinados momentos permanezcan vivos durante años mientras otros se desvanecen. Cada persona observa y siente las fiestas de una manera distinta, y es el cerebro el que decide qué conservar para siempre.
No existen, por tanto, dos recuerdos iguales. Sin embargo, en todos ellos aparecen nombres y rostros: los de quienes enseñaron a amar las fiestas y consiguieron que dejaran de ser un simple calendario de actos para convertirse en una parte inseparable de quienes somos.
Magdalena García Irles quiso presentarse ante quienes no la conocían, explicar qué significa Novelda para ella y compartir los valores que aprendió a través de sus fiestas. Para hacerlo, regresó a la mirada de aquella niña de ocho años que presenció los primeros pasos de los Moros y Cristianos.
Su relato habló de personas, lugares y vivencias que marcaron su infancia y su manera de entender la vida. Pero, sobre todo, defendió el principal valor de las fiestas: su capacidad para unir a todo un pueblo y demostrar la importancia del trabajo colectivo.
Cada persona que participa es necesaria. Cada comparsista, cada comisión y cada asociación desempeñan un papel esencial, pero también quienes confeccionan los trajes, preparan los maquillajes y peinados, trabajan en los medios de comunicación, iluminan y acondicionan las calles, se ocupan de la pólvora, colocan las sillas para los desfiles o mantienen vivas las expresiones musicales y tradicionales de la ciudad. En esa suma de trabajos visibles e invisibles reside la verdadera fiesta.
Para la pregonera, Novelda no es únicamente un punto en el mapa. Es su refugio, el lugar que la protege y sostiene y el espacio que le recuerda quién es en cada momento de su vida. Allí creció y aprendió el valor de la convivencia, la amistad, la ayuda mutua y el compromiso.
Recordó su infancia en la calle San Alfonso, muy cerca de la Glorieta, en un momento en el que el municipio se ampliaba con la llegada de numerosas familias procedentes de otras partes de España. Eran personas valientes que habían dejado sus pueblos para trabajar y establecerse en Novelda, la ciudad de la uva, el mármol y las especias.
Aquella Novelda de Jorge Juan, del castillo, de su singular torre triangular, de su Santuario modernista y de sus casas llenas de historia fue enriqueciéndose no solo económicamente, sino también culturalmente y en su forma de mirar el mundo.
Al centro urbano se fueron uniendo y consolidando barrios como el Sagrado Corazón, San Roque, La Cruz, La Garrova, María Auxiliadora o La Vereda. En ellos, los propios vecinos construyeron literalmente calles, casas y comunidad. La solidaridad, la colaboración y el compromiso no eran conceptos abstractos, sino valores que se practicaban cada día.
Las chocolatadas, las paellas, las gachamigas, las procesiones y las celebraciones organizadas por las comisiones de barrio ayudaban a que cada persona sintiera desde el primer momento que formaba parte de algo más grande.
En aquel contexto creció Magdalena, arropada por el amor de su familia en una casa humilde donde los libros ocupaban un lugar primordial para su padre.

El pregón se llenó entonces de sonidos y aromas. Recordó la paz que le producía el repiqueteo de la máquina de coser de su madre, capaz de transformar cualquier tela en una prenda maravillosa. Evocó el olor de los guisos de su abuela, elaborados con la mejor de las recetas: la de una familia reunida alrededor de una mesa. Y recuperó también el aroma del azafrán que acompañaba el trabajo de su tía.
Junto a sus hermanas y su hermano compartió juegos, confidencias y complicidades. En el colegio se impregnó del amor por la cultura, la literatura y el teatro, al tiempo que establecía relaciones que han perdurado durante toda su vida.
Recordó con cariño a sus maestras y maestros, entre ellos doña Magdalena, don Tomás Pujol, don Tomás Fernández y don Joaquín, y fue desgranando los nombres de compañeras y compañeros que continúan formando parte de su historia personal.
En Novelda encontró también a su compañero de vida, su marido, cuya presencia le ha proporcionado seguridad, confianza, fortaleza y serenidad. Junto a él, y sus hijos Manuel y Arturo, ha tenido la dicha de recorrer el camino y de formar una familia que, en sus propias palabras, ha llenado de sentido su vida.

Por eso, cuando contempla Novelda y celebra sus fiestas, no ve únicamente calles, edificios o actos. Ve los rostros de las personas que han convertido el pueblo en una parte inseparable de lo que ella es.
De la misma manera que presenció la expansión física y humana de Novelda, Magdalena García Irles fue una espectadora privilegiada de la gestación de las Fiestas de Moros y Cristianos.
El viaje histórico comenzó en abril de 1969, con la celebración del Día de los Castillos, un acto al que asistieron numerosos festeros procedentes de otras poblaciones. Aquella jornada actuó como detonante. Novelda ya no se conformaba únicamente con las fiestas de los barrios, la Bajada de la Santa, la ofrenda y la procesión.
Al año siguiente, un grupo de amigos organizó el primer desfile de Moros y Cristianos, protagonizado por las escuadras fundadoras de Astures y Negres Betànics, que posteriormente se convertirían en comparsas.
En 1972 se decidió que aquellas celebraciones se realizaran en honor a Santa María Magdalena y se constituyó la denominada Junta Central de Comparsas. Al frente de aquella primera organización estuvo Manuel García Terol, padre de la pregonera, pionero e impulsor de las fiestas y cuyo nombre distingue actualmente el premio a la mejor filà del bando cristiano.
Magdalena no habló de su padre únicamente para recordar un cargo o una fecha. Lo presentó como el hombre del que aprendió que el verdadero liderazgo consiste en ponerse al servicio de los demás.

Su vocación de servicio, generosidad, solidaridad y honestidad marcaron su manera de actuar y dejaron huella entre quienes compartieron con él aquellos años. Formó parte de una generación que trabajó desinteresadamente, compartiendo esfuerzos, ilusiones y dificultades con la convicción de que el bien común debía situarse por encima de cualquier interés particular.
Junto a Manuel García Terol, la pregonera recordó a Manuel Boyer, José María Aguado, Luis Vera, Antonio Forniés, Antonio Fuerte, Eduardo Espinosa y a muchas otras personas que, cuando todo estaba todavía por construir, dieron un paso adelante para organizar las fiestas.
La primera Junta Central estableció las bases para regular la creación de comparsas, ordenar sus denominaciones y funcionamiento, solicitar los permisos necesarios para los desfiles, fomentar la incorporación de nuevos festeros y coordinar el esfuerzo común para que todas las entidades avanzaran hacia un mismo objetivo.
Gracias a aquella visión fundamentada en el respeto, la tolerancia y el consenso, las fiestas pudieron consolidarse y crecer con orden y espíritu de unidad.
No disponían de grandes medios ni podían imaginar la magnitud que alcanzarían las celebraciones actuales. Pero poseían algo todavía más importante: la ilusión de construir unas fiestas que, décadas después, son motivo de orgullo para todo un pueblo.
Los primeros desfiles conservan para Magdalena García Irles la magia irrepetible de los comienzos. Sin embargo, antes de que la música sonara en las calles, la fiesta ya bullía dentro de su casa.
Allí se organizaba la numeración de las sillas, se vendían las entradas y se preparaba buena parte de todo ese trabajo que el público no ve. La niña contemplaba admirada la entrada y salida constante de festeros, muchos de ellos vestidos con chilavas, mientras hablaban, debatían y discutían sobre la organización.
A sus ojos, aquellas conversaciones eran asuntos de la mayor importancia.

Después llegaba la música. Las comparsas comenzaban a recorrer las calles y Novelda entera parecía latir al mismo compás. El color inundaba cada rincón, la alegría se dibujaba en los rostros y el entusiasmo del público era tan intenso que muchos espectadores decidían convertirse en festeros al año siguiente.
Así crecieron las comparsas: por contagio de ilusión.
Algunas de aquellas agrupaciones permanecen, mientras que otras viven únicamente en la memoria de quienes las hicieron posibles. Pero todas, insistió la pregonera, fueron importantes para el crecimiento y la consolidación de la fiesta.
Otro de los recuerdos más valiosos de su infancia fueron los primeros ensayos de las Embajadas, escritas por Luis Pérez Beltrá y convertidas en palabra viva gracias a la pasión y capacidad interpretativa de Antonio Guillén y Daniel Abad.
Luis Pérez Beltrá, afirmó, supo dotar a las fiestas de algo extraordinario: una voz propia. Con su talento poético convirtió el enfrentamiento simbólico entre moros y cristianos en un diálogo cargado de belleza, épica y sentimiento.
Sus versos recuerdan que las fiestas también se construyen desde la cultura, la creación artística y el legado de quienes ponen su talento al servicio de todo un pueblo.
Escritas en 1972 y representadas por primera vez en 1973, las Embajadas se convirtieron en uno de los actos más singulares y queridos de las celebraciones noveldenses. Desde entonces, cada embajador y embajadora ha aportado una forma particular de interpretar la palabra, transmitir emociones y conectar con el público.
Pero aquellos primeros ensayos no se desarrollaban en grandes escenarios. Tenían lugar en la casa de campo de la familia García Irles, que durante los domingos dejaba de ser solamente un hogar para convertirse en punto de encuentro y espacio de convivencia.
Allí se compartían textos y representaciones, pero también comidas, risas e ilusión. Los niños escuchaban los versos con enorme atención. Antonio Guillén y Daniel Abad eran, según recordó, auténticos maestros de la declamación. La fuerza de sus voces, la solemnidad con la que pronunciaban cada frase y su capacidad para emocionar convertían las Embajadas en un verdadero espectáculo teatral.
Aquellos versos impresionaron tanto a Magdalena que ella misma se los recitaba a su bisabuela, quien, con casi cien años, la escuchaba sentada junto a su mesa camilla. Las palabras eran demasiado grandes y complejas para ambas, pero podían disfrutar de la belleza de la poesía aunque no comprendieran completamente su significado.
Para la bisabuela era un placer escucharla. Para la niña, un privilegio compartir aquellos momentos.
Las fiestas, recordó García Irles, nunca son obra de una sola persona ni de una única generación. Como ejemplo mencionó las Embajadas Humorísticas, una de las manifestaciones más genuinas de las celebraciones noveldenses.
Iniciadas por Daniel Abad e inspiradas en la estructura y el lenguaje poético de las Embajadas de Luis Pérez Beltrá, transformaron el humor inteligente en una divertida parodia de la vida cotidiana de Novelda. Posteriormente fueron continuadas por otros autores y, con el paso del tiempo, dejaron de pertenecer a una sola persona para convertirse en un compromiso comunitario.
Estas representaciones colocan a los propios noveldenses frente a un espejo de ironía y afecto y demuestran que el sentido del humor también forma parte de la identidad festera. El Premio Daniel Abad a la mejor parodia de la Retreta reconoce precisamente el legado de quien supo dejar una huella imborrable en esta expresión popular.
La verdadera esencia de las fiestas, subrayó la pregonera, no reside únicamente en los desfiles, los trajes o los actos oficiales. Las fiestas son convivencia, generosidad, arte y cultura. Son el resultado de saber que cada aportación individual permite que el conjunto brille.
También reconoció el trabajo de las distintas personas que han presidido la Federación de Comparsas, cada una de las cuales ha introducido mejoras y ha contribuido a que las celebraciones evolucionen hasta alcanzar la dimensión que hoy poseen.
Aunque su vida profesional ha estado dedicada a la enseñanza y al estudio de la biología, la gran afición de Magdalena García Irles ha sido siempre la música.
Comenzó a estudiarla de la mano del maestro Alberto Alcaraz, quien, como hizo con tantos noveldenses, le enseñó a amarla y le transmitió el placer por la guitarra y el canto. A lo largo de su vida ha formado parte del coro de la Iglesia de San Pedro, del Orfeón Noveldense Solidaridad, de diferentes formaciones corales y actualmente de Cor amb Cor.
La música le enseñó una lección que atraviesa todo su pregón: nadie brilla solo. La verdadera belleza surge cuando muchas personas ponen su talento al servicio de un objetivo común.
Formar parte de una orquesta, una banda o una coral significa aprender a escuchar al otro, saber esperar, respetar el silencio y entrar en el momento justo. Es comprender que el resultado no pertenece a una sola persona y que, al mismo tiempo, pertenece a todas.
La pregonera trasladó esa enseñanza al mundo festero. La música no se limita a acompañar las fiestas: las construye, las engrandece y las convierte en inolvidables. Su importancia es tal que cada comparsa, e incluso muchas filàs, posee una música con la que se identifica.
Por ello, quiso que su pregón sirviera también como homenaje a los músicos que, con su arte, su dedicación y su trabajo, hacen posible la fiesta.
García Irles dedicó igualmente una parte de su intervención a reflexionar sobre la presencia de las mujeres en la vida festera, recogiendo una idea expresada anteriormente por la también pregonera Mª Jesús Navarro Alberola.
Las mujeres estuvieron presentes desde los comienzos de las Fiestas de Moros y Cristianos, aunque durante mucho tiempo su trabajo quedó relegado al ámbito doméstico y al apoyo prestado desde casa. Apenas participaban en las publicaciones festeras, no formaban parte de los órganos de dirección ni de las comisiones organizadoras y tenían un acceso muy limitado a los puestos de responsabilidad.
La integración plena de la mujer en las comparsas permitió que las fiestas evolucionaran y fueran cada vez más representativas de la sociedad noveldense. Sin embargo, pese al camino recorrido, todavía quedan pasos importantes por dar.
Han sido pocas las mujeres que han presidido la Federación de Comparsas o que han tenido el honor de pregonar las fiestas. Además, las voces femeninas no comenzaron a aparecer con normalidad en las páginas de Betania hasta la década de los noventa.
Novelda, señaló, cuenta con mujeres preparadas y comprometidas en todos los ámbitos de la vida y en todas las profesiones, mujeres que contribuyen diariamente al progreso del municipio. El reto no consiste únicamente en reconocer lo conseguido, sino en continuar avanzando para que la participación de las mujeres en la fiesta y en las instituciones refleje plenamente la sociedad actual.
Su pregón fue también un reconocimiento a todas aquellas mujeres que, desde el silencio y el trabajo constante, contribuyeron a hacer grandes las fiestas.
Para cerrar su intervención, Magdalena García Irles condujo al público hasta uno de los momentos más esperados y emocionantes de cada año: la Bajada de Santa María Magdalena.
Son pocos los acontecimientos capaces de conmover y unir tan profundamente a toda una ciudad. La tarde del 20 de julio, el Paseo de los Molinos se transforma en un gran espacio de encuentro donde las conversaciones, los abrazos y los recuerdos se mezclan con la devoción y la tradición.
La emoción crece a medida que la imagen de la patrona se aproxima al corazón de Novelda y entra en la iglesia. Entonces, explicó, una sensación difícil de describir invade a los presentes: una mezcla de alegría, gratitud y esperanza.
“Durante unos instantes dejamos de ser individuos para sentirnos pueblo”, resumió.
Después llegarán la Entraeta de Flores, la procesión, la ofrenda y todos los actos con los que Novelda honra a su patrona, hasta que, al terminar las fiestas, Santa María Magdalena regrese al Santuario para mantener viva una tradición que volverá a comenzar al año siguiente.
Magdalena García Irles había abierto ante el público el álbum de sus recuerdos y sus emociones con la esperanza de que cada persona pudiera reencontrarse también con los suyos.
Porque, al fin y al cabo, las fiestas son una suma de recuerdos, reencuentros, convivencia y pequeños gestos que, unidos, construyen algo mucho más grande que cada individuo.
Si Novelda es capaz de mantener vivo ese espíritu de colaboración, generosidad y unidad, podrá mirar hacia el futuro con la misma esperanza con la que otras generaciones construyeron el presente que hoy disfruta.
La pregonera cerró entonces el círculo. La niña que había visto nacer las fiestas regresaba décadas después para anunciarlas ante todo su pueblo. No lo hizo desde la nostalgia, sino desde el agradecimiento y la responsabilidad de conservar el legado recibido.
Y terminó con las palabras que Novelda llevaba toda la noche esperando escuchar:
«Novelderes, novelders, que passeu unes bones festes. Visquen les festes! Visca Santa Maria Magdalena!»
El público respondió con un prolongado aplauso a un pregón lleno de historia personal, de cultura y de vida.
A continuación, el alcalde, Fran Martínez, entregó a Magdalena García Irles la placa conmemorativa que acreditaba un momento ya incorporado a la memoria de las Fiestas de Novelda.
Una memoria que, como ella misma había explicado, no se guarda únicamente en los archivos o en las fotografías. Se conserva en el lugar más profundo: allí donde las emociones consiguen que una historia permanezca viva para siempre.

























Una respuesta a «El Pregón de Magdalena García Irles: entre versos, música y festeros, la historia de una niña que vio nacer una tradición»
Hermoso Pregón que en clave personal nos lleva a tod@s a sentirnos representados en el mismo a quienes ya estamos mayores y hemos visto como ha ido cambiando Novelda. Felicidades