Los cinco sentidos despiertan en una Entrada Mora de raíces, leyendas y emociones familiares

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María Magdalena Mira culminó sobre su carroza el boato de los Árabes Beduinos, mientras las capitanías de Negres Betànics, Omeyas, Damasquinos y Piratas Berberiscos mostraron historias de unión, amor, familia y pertenencia.

La Entrada Mora de Novelda 2026 desplegó toda su fuerza, color y fantasía en una noche marcada por el calor extremo, la música y las historias personales escondidas detrás de cada capitanía. El desfile tuvo que retrasar su comienzo hasta las 21:00 horas debido al aviso rojo por altas temperaturas, pero finalmente pudo celebrarse después de que la Federación desmintiera una información falsa que anunciaba su suspensión.

Las comparsas recorrieron Reyes Católicos, Virgen de los Desamparados, Colón, Maestro Ramis, María Auxiliadora y Capellán Margall ante un público que acompañó a las escuadras, cabos, músicos, ballets y cargos festeros.

El desfile estuvo encabezado por Árabes Beduinos, comparsa de la Sultana Mora, seguida por Negres Betànics, Árabes Omeyas, Árabes Damasquinos y Piratas Berberiscos. Las formaciones cristianas Astures y Mozárabes cerraron el recorrido.

El despertar de los cinco sentidos de Árabes Beduinos

La Comparsa Árabes Beduinos abrió la Entrada Mora con el boato “El despertar de los cinco sentidos”, una narración visual que trasladó al público hasta un desierto atravesado por el fuego, la lucha, las raíces y la necesidad de encontrar un nuevo destino.

La historia comenzó con una senda de fuego que se abría en la noche como la cicatriz dejada por la guerra. De las brasas surgieron las tribus para protagonizar una batalla breve y feroz por el dominio del territorio, en una escena acompañada por tambores, gritos y movimientos que representaban el choque entre los pueblos.

Tras la lucha, el Embajador Moro, Mauri Bellot, guio al pueblo beduino hacia una nueva tierra. Junto a él avanzaron los más pequeños, convertidos en símbolo del futuro y de una historia que continúa transmitiéndose de generación en generación.

El recorrido condujo después hasta el arte de las manos sabias. Entre telas, hilos y movimientos delicados, el Ballet del Telar representó la creación del escudo beduino y la fuerza de unas raíces capaces de tejer un destino común.

El corazón del desierto apareció con el Mercadillo Beduino, un zoco lleno de aromas, colores, sabores, especias y mercancías. Este espacio simbolizó la prosperidad alcanzada mediante el esfuerzo colectivo y la riqueza nacida del intercambio entre diferentes pueblos.

Los niños portadores de la luz abrieron el camino hacia el tramo culminante del boato. La música, los ballets, las bandas y las collas envolvieron una puesta en escena concebida para conquistar la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.

Cuando los cinco sentidos habían despertado apareció sobre su carroza la Sultana Mora 2026, María Magdalena Mira Gómez, máxima representación del bando de la media luna. A su lado desfiló su Escuadra de Honor, las Mauláes, guardianas de la tradición y símbolo de lealtad y compromiso.

María Magdalena Mira lució una propuesta que conservó la esencia beduina, combinando tradición, nobleza y unión con detalles de elegancia y sofisticación. La pedrería, la bisutería y los complementos aportaron personalidad a la indumentaria.

La Sultana dedicó especialmente su cargo a su padre, Luis, y a toda su familia, su principal apoyo durante un año vivido desde la cercanía, el orgullo y el corazón.

La cebra guía a Negres Betànics

La capitanía de Negres Betànics, formada por Nuria de Juan Mira y su padre, Oriental de Juan Picó, sorprendió con una puesta en escena construida alrededor de la cebra como símbolo de unión, libertad e identidad.

Nuria vivió sus primeras fiestas en 2006, el mismo año de su nacimiento, mientras que su padre suma más de tres décadas como comparsista. Ambos pertenecen a las filàs Kiwalas y Kongolos, respectivamente, que ejercieron como filàs de honor.

La familia llevaba doce años esperando la llegada de julio de 2026. Su capitanía trasladó al público hasta el año 711, cuando Tariq ibn Ziyad habría buscado aliados en África para iniciar su campaña en la península y habría encontrado a los Negres Betànics, una comunidad caracterizada por su fuerza, sus pinturas corporales y sus vestimentas confeccionadas con elementos naturales.

Tras el banderín de la comparsa, portado por José Manuel Sabater, desfilaron cuatro banderines con la imagen de la cebra, llevados por familiares de la abanderada y del capitán.

A continuación apareció un grupo de 60 familiares y amigos vestidos de blanco y negro, recreando las rayas del animal. Entre ellos se encontraban antiguos responsables festeros, cargos y componentes de las filàs Huesitas y Malawis.

Nuria y Orien desfilaron sobre una plataforma sobria en blanco y negro, concebida para centrar la atención en los protagonistas. Sus trajes, diseñados y confeccionados artesanalmente por ellos mismos durante un año, incorporaron telas, pieles y elementos naturales, además de unas alas abiertas que simbolizaban la protección de los líderes hacia su pueblo.

La Asociación Musical Virgen del Rosario de Alatoz y las filàs Kongolos y Kiwalas cerraron una capitanía que reivindicó que la fuerza de una comunidad no nace de hacer iguales a sus integrantes, sino de proteger aquello que convierte a cada persona en irrepetible.

Una familia asume unida los cargos de Omeyas

La Comparsa Árabes Omeyas presentó una capitanía formada íntegramente por una familia: la abanderada Estela López González, el capitán Juanfran Jiménez Cano, el capitán infantil Mark Jiménez López y la rodela Laia Jiménez López.

Estela pertenece desde hace 22 años a la filà Xe Quin Bon Rollo y compaginó su cargo con la vicepresidencia y las responsabilidades de la junta directiva de la comparsa.

Juanfran, integrante de la filà Don Caragol, suma cerca de 30 años como comparsista. A lo largo de su trayectoria ha formado parte de la Junta Central, ha ejercido como tesorero y también como presidente de Omeyas.

Los pequeños completaron una imagen profundamente familiar. Mark vivió sus primeras fiestas incluso antes de nacer y creció entre recorridos de kábilas, charangas, desfiles y marchas moras. Laia, con cinco años, afrontó su papel de rodela disfrutando especialmente de los trajes, el maquillaje y todos los preparativos.

La idea de asumir los cargos surgió de Estela, que soñaba con compartir esta experiencia con sus hijos. Los trajes conservaron los colores representativos de Omeyas, combinando el tradicional amarillo con el negro y el dorado.

Damasquinos convierte el amor en capitanía

La capitanía de Árabes Damasquinos llevó a las calles una historia de amor nacida doce años atrás en el interior de la propia comparsa.

Entre música y fiestas se cruzaron los caminos de sus protagonistas, cuya relación creció acompañada por las personas de su entorno y por unas celebraciones convertidas en parte fundamental de sus vidas.

Asumir la capitanía representó para ellos la culminación de un camino compartido, pero también un homenaje a la amistad, la convivencia y el sentimiento de pertenencia a Damasquinos y a Novelda.

Sus trajes fueron concebidos para transmitir la fuerza de un pueblo unido, capaz de avanzar en comunidad y encontrar en sus raíces una razón para sentirse orgulloso. La capitanía convirtió el desfile en un nuevo capítulo de una historia que comenzó entre las mismas filas que ahora tuvieron el honor de encabezar.

Piratas Berberiscos regresa de la mar a sus orígenes

La capitanía de Piratas Berberiscos estuvo protagonizada por Daniela Ferris Orugo y su padre Abel Ferris Montoya, unidos por la fiesta, la familia y el Mediterráneo.

La historia comenzó con una niña que desfilaba prácticamente antes de saber caminar. Su madre le transmitió desde la cuna la pasión por los Moros y Cristianos, mientras su padre se convirtió en su gran referente y compañero.

Daniela creció entre marchas moras, llegó a ser Abanderada Infantil y desarrolló una estrecha relación con el océano que acabaría llevándola a estudiar Ciencias del Mar.

Su traje de la Entrada Mora rindió homenaje a las primeras mujeres piratas y a las indumentarias con las que aquellas pioneras abrieron camino en la comparsa. La propuesta fue diseñada por Pedro Luis Román y Magdalena Villaescusa, con complementos de Fernando Martínez.

Las filàs de honor fueron A la Deriva, fundada en 2012 y vinculada a la trayectoria festera de Daniela, y Bandera Negra, formada por jóvenes y que celebró su quinto aniversario.

La capitanía contó también con un componente musical especialmente emotivo. Los padres de Daniela le regalaron la marcha mora “Al-Einad”, compuesta por Jordi López Sabater y estrenada durante la Entrada Cristiana por la banda Ateneo Musical de Aspe.

En la Entrada Mora, Daniela llevó el banderín a caballo, portando personalmente el símbolo de su comparsa y culminando un viaje que comenzó en su infancia y regresó hasta los orígenes de Piratas Berberiscos.

Una noche adaptada al calor extremo

La Entrada Mora estuvo condicionada por una de las jornadas más calurosas de las fiestas. El aviso rojo por temperaturas extremas obligó a retrasar el desfile hasta las 21:00 horas, cuando todavía se mantenían valores elevados.

La Federación tuvo que desmentir además un bulo difundido por redes sociales y aplicaciones de mensajería que anunciaba falsamente la suspensión del acto. La organización confirmó que el desfile seguía adelante y pidió consultar únicamente los canales oficiales.

Pese al calor y a la incertidumbre, las cinco comparsas moras ofrecieron una Entrada construida a partir de historias muy diferentes, pero conectadas por una misma idea: las fiestas se transmiten a través de las familias, las raíces, la memoria compartida y el orgullo de pertenecer a una comparsa.

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