La Bodega Restaurante Casa Sicilia de Novelda acogió el pasado martes 26 de mayo una mesa redonda centrada en cómo la inteligencia artificial puede reforzar la experiencia enoturística antes, durante y después de la visita, sin sustituir el valor humano, sensorial y territorial del vino.
Casa Sicilia acogió la jornada “Enoturismo en la era de los asistentes inteligentes”, un encuentro organizado en el marco de la Cátedra Casa Sicilia de Enoturismo y Cultura del Vino, que este año cumple su décimo aniversario. La sesión reunió a representantes institucionales, académicos, turísticos y bodegueros para reflexionar sobre el papel de la inteligencia artificial en un sector cuyo valor reside, precisamente, en la autenticidad, el territorio, el sabor, el aroma y la conversación con quienes hacen el vino.

La apertura corrió a cargo de Ezequiel Moltó, director de Comunicación del Grupo Vectalia, quien recordó que la Cátedra Casa Sicilia ha impulsado durante los últimos años debates y jornadas sobre sostenibilidad en el viñedo, cambio climático, enoturismo tras la pandemia, cultura del vino y gastronomía. Moltó subrayó que la inteligencia artificial puede incorporarse especialmente en el “antes” y el “después” de la experiencia enoturística, en la preparación del viaje, la búsqueda de información y la generación de expectativas, así como en el recuerdo posterior de lo vivido.

Tras su intervención tomó la palabra José Juan Reus, presidente del Consejo Regulador Vinos de Alicante, quien defendió el enoturismo como uno de los grandes potenciales de la provincia. Reus señaló que la inteligencia artificial puede ayudar a acercar el turismo de costa hacia el interior, atraer a un visitante más especializado y poner en valor la historia, la identidad y los valores añadidos de la Denominación de Origen Alicante durante todo el año.

El rector de la Universidad Miguel Hernández, Juan José Ruiz, destacó que la inteligencia artificial ya ha cambiado la forma de trabajar, comunicarse y tomar decisiones. Sin embargo, remarcó que esta transformación tecnológica hace todavía más valioso aquello que no puede automatizarse, la experiencia humana, la autenticidad, el territorio y la emoción alrededor de una copa de vino. Ruiz defendió el enoturismo como un espacio de encuentro entre innovación y tradición, en el que la tecnología puede mejorar la personalización, la promoción y la gestión sin sustituir la esencia humana del sector.

Por su parte, José Manuel Camarero, secretario autonómico de Turismo de la Generalitat Valenciana, puso el foco en el peso del turismo dentro de la Comunitat Valenciana, al que situó como un sector esencial desde el punto de vista económico, empresarial y social. Camarero defendió que el turismo ha “cambiado de pantalla”, pasando de un modelo centrado únicamente en la promoción a otro basado en la gestión turística, la profesionalización, la sostenibilidad y el uso inteligente de la tecnología. Además, señaló el enoturismo como un vector clave para la diversificación, la desestacionalización y la conexión entre el litoral y el interior.

Tras la presentación institucional se celebró la mesa redonda “Emociones inteligentes, experiencias únicas”, moderada por el profesor Pedro Pernías, quien planteó el debate en torno a tres momentos de la experiencia enoturística: el antes, el durante y el después. Pernías defendió que incluso en experiencias aparentemente insustituibles, como catar un vino o recorrer una bodega, la tecnología puede encontrar un espacio útil si respeta la autenticidad del momento.

El fundador y responsable de visitas de enoturismo de Ali-Oli Tours, Alberto Martínez Soto, explicó que el perfil del visitante ha cambiado en los últimos años. Según indicó, existen clientes con mayor conocimiento e interés por educarse en el mundo del vino, y otros que buscan principalmente disfrutar de una experiencia diferente. En ambos casos, señaló que los visitantes llegan más informados, con expectativas más altas y con interés por experiencias auténticas, cercanas, en grupos reducidos y vinculadas a historias personales y familiares.

Desde la perspectiva de las bodegas, Javier Velasco, director de Bodega Masos, defendió que el vino debe ser el hilo conductor de una experiencia más amplia, ligada al paisaje, la historia, la cultura, la gastronomía y las personas del territorio. Velasco consideró que la tecnología puede ayudar a explicar procesos de elaboración, características del viñedo o detalles técnicos, pero advirtió de que no debe restar sorpresa ni autenticidad a momentos como entrar en una sala de barricas, oler la bodega o percibir el entorno natural de la viña.

El profesor Alejandro Rabasa, de la Universidad Miguel Hernández y director del grupo de investigación KE+DA, abordó el papel de los datos en la mejora de las experiencias turísticas. Rabasa señaló que la inteligencia artificial permite trabajar con grandes volúmenes de información, filtrar datos útiles y extraer patrones que ayuden a mejorar la visita. Entre los datos de interés citó la información previa a la reserva, el comportamiento durante la experiencia y el feedback posterior de los visitantes, siempre respetando los límites legales, la privacidad y la no trazabilidad individual.

El presidente de HOSBEC, Fede Fuster, destacó que el sector turístico convive con generaciones muy distintas, desde quienes siguen recurriendo al catálogo físico hasta quienes ya planifican sus viajes con asistentes de inteligencia artificial. Fuster apuntó que estos sistemas pueden convertirse en grandes prescriptores turísticos, capaces de recomendar experiencias más personalizadas según el perfil, las necesidades y las preferencias del visitante. También remarcó la importancia de construir una cultura del dato y de integrar herramientas tecnológicas en el ecosistema turístico.

El catedrático de Economía y cofundador de Torre Juana IA Hub, Andrés Pedreño, defendió la inteligencia artificial como una oportunidad para reforzar la competitividad desde lo local. Pedreño apostó por una cultura de la “co-inteligencia”, basada en trabajar junto a la IA para mejorar procesos, personalizar experiencias, descubrir nuevos maridajes, analizar ecosistemas agrícolas y poner en valor los elementos que hacen singular a cada vino. En su intervención, advirtió también de la posición rezagada de Europa frente a Estados Unidos y China, pero insistió en que la verdadera oportunidad está en aplicar la IA con imaginación en sectores como el turismo, la hostelería y el vino.

La jornada concluyó con una ronda final en forma de brindis. Los participantes coincidieron en que la inteligencia artificial debe servir para crear conexiones humanas, mejorar la calidad de vida, despertar la curiosidad del visitante, reforzar la cultura del vino y situar a los vinos españoles en una posición de referencia internacional por su diversidad, singularidad y capacidad de emocionar.

























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