Rosa Mary Rizo Martínez, Psicóloga

DECIR ADIÓS: EL PROCESO DEL DUELO

Hace unos días celebramos la festividad de Todos los Santos y recordamos a todas las personas que ya han fallecido. Pero lógicamente, recordamos con mayor emoción a nuestros seres queridos que ya no están con nosotros.

El 1 de noviembre es una fecha difícil para quienes han perdido recientemente a alguien y que todavía se encuentran en el proceso del duelo. Pero, ¿qué es el duelo? El duelo es el proceso psicológico natural que seguimos las personas ante cualquier pérdida. Es el estado de pensamiento, sentimiento y actividad que se produce como consecuencia de la pérdida de una persona o cosa amada y que se asocia a síntomas físicos y emocionales. La persona que ha sufrido la pérdida necesita un tiempo y un proceso para volver al equilibrio normal. Éste tiempo es lo que constituye el DUELO.

El proceso del duelo sigue cuatro fases o tareas:

1. ACEPTAR la realidad de la pérdida y no negarla.
2. SUFRIR pena y dolor emocional porque no volverá a ver a su ser querido.
3. AJUSTE al medio sin la persona desaparecida adaptando su vida a esa realidad.
4. FOMENTAR emociones hacia otras relaciones que todavía permanecen.

¿Cuándo finaliza el duelo? No se puede precisar con exactitud temporal, pero el duelo termina cuando las tareas del proceso han sido finalizadas. De uno a dos años es la fecha más aceptada. El hablar de la persona desaparecida sin dolor es un indicador de que el duelo ha terminado. Hay personas que nunca completan el duelo, reapareciendo la pena de vez en cuando.

¿Qué podemos hacer para ayudarle? Existen cuatro acciones que podemos intentar para ayudar al doliente a resolver el duelo:

-Aumentar la realidad de la pérdida con el fin de que vaya aceptándola.
-Ayudar al doliente a expresar su afectividad ya sea positiva o negativa con el fin de que no reprima sus emociones.
-Ayudar a vencer los impedimentos que evitan el reajuste después de la pérdida, resolver todas las barreras que le impiden rehacer su vida sin la persona perdida.
-Estimular para decir «adiós» al fallecido y sentirse confortable en la nueva situación.
Sin embargo, el duelo no siempre se resuelve de forma natural y espontánea. Es en estos casos en los que el duelo no resuelto requiere atención especializada para superar todas sus tareas.

C/ Maestro Segura nº 1, Novelda, Tf. 965 606 044 / 607 683 714

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1 COMENTARIO

  1. Que crudo es conocer los misterios. Lees un articulo como este y, además de aprender se te desmontan mitos y miedos. Digo que es crudo por dos razones bien distintas. Una por lo que tiene de desilusión infantil, del niño que todos somos, por el hecho de perder un misterio como tal para pragmatizarlo y convertirlo en un hecho, solo pensemos en como se nos sobrecoge el corazón cuando vemos el dolor reflejado en la cara de un doliente. Otra por el sentido social que ha tenido este ¿sentimiento? en concreto. El duelo.
    Todos los que rozamos una edad cruenta ya, tenemos en mente a esa multitud de Sras ataviadas con fundas negras pululando a nuestro alrededor con el fin de demostrar a todos, especialmente a la clase educadora y dominante del momento, cuan grande era su duelo por la perdida de un ser querido, generalmente de un esposo, trajes negros de por vida para impedir que otro sujeto se acercase pensando que era una mujer frívola. Para ayudar a estipular un precio en sacrificio que permitiera sustituir la perdida a cambio de una vida feliz junto a otro ser humano.
    Si, atendiendo al articulo de Rosa Maria, establecemos que el duelo cronificado es una enfermedad, cabría la posibilidad de que esas señoras estuviesen enfermas.
    Pero no lo estaban, su sentimiento había pasado, la que estaba enferma era la sociedad que, pervertida por ideas atrasadas, fanáticas y represoras establecía su propio modelo, tanto en la vestimenta como en las costumbres, para aplastar las felicidades individuales de las personas que la componían.
    Me pregunto yo como se llaman los profesionales que se ocupan de curar a las sociedades enfermas de duelo, que, aunque ya no dominen España, siguen estando enfermas.
    ¡No me digáis que no existen por Dios!

    Gracias Rosa por compartir tu sabiduría con todos.

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