Opinión de Francisco Penalva Aracil

SOLO PARA TUS OJOS

Todo era triste en esta madrugada en la que la volví a ver. Los ojos intensamente verdes de los arayanes. Las hojas de las mustias albahacas. Y la mirada apagada pero tremendamente bella de María.

Su cuerpo trémulo por la aflicción que le producía su estado anímico, denotaba la angustiosa situación que estaba viviendo, por el estado en que se encontraba. Sus brazos y piernas estaban llenos de arañazos, y en la cabeza tenía una herida de la cual la sangre se deslizaba a través de sus mejillas, que al caer  lentamente sobre la tierra, esparcía una mancha de un rojo brillante. Al verla en tan lamentable estado la recogí del suelo y la lleve sobre mis brazos a la orilla de un rio cercano, donde lave y cure sus heridas mientras ella entre sollozos, me conto lo que le había sucedido.

Ocurrió al resbalar bajando de una colina y caer entre peñascos y matas con espinos, quedando sujeta en un pequeño pino, que posiblemente le salvo la vida.

En  estos momentos nacía de un nuevo encuentro accidental, doloroso, el germen de una atracción posiblemente predestinada e irresistible entre los dos. De regreso al pueblo al pasar por delante de un viejo caserón abandonado, donde las madreselvas trepaban por su fachada ella, mirándola me dijo: Me encanta esta planta porque recubre de forma bellamente armoniosa con sus flores, los espacios que trepa.

Estos años sin verte María no he vivido. Buscaba lugares mágicos donde la belleza me llevara a sentir breves momentos de felicidad, pero no los encontraba, déjame entrar de nuevo en tu tierno corazón. Ella sonriendo me cogió las manos diciéndome: Mi querido Alberto, quiero vivir solo para ti, y que te emocionen las cosas que te digo, que nacen de mi fantasía sin la cual no podría vivir. Me atrae el firmamento al que subo y toco las estrellas, notando en mis manos la fuerza de su prodigiosa luminosidad, observar sus variadas formas y ver  su color que se refleja en mi cuerpo y me rodea con su luz. Eres mujer o reflejo de un duende. Lo que dices ha despertado en mí, el siempre oculto deseo de ser escritor. Creador con las palabras de verdades y sentimientos personales. Llevar historias como las que vives e imaginas, a través de caminos que sean como espejos que nos refleja la vida.

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Después de escribir esta historia de amor, pienso que también está, en los pequeños y entrañables detalles: Como lo que cuenta María al observar y mirar como trepan las madreselvas. O pensar en la luminosidad de las estrellas, tan presentes en el firmamento.   

O en las cosas sencillas. Como aquel de volver a casa y encontrar a tu pareja durmiendo dulcemente en el sillón, y rememorar en esos instantes sus inocentes y cómicas ocurrencias. Recuerdos placenteros de hechos lejanos. O temores infundados.

Son momentos de una relación que casi siempre te llena de ternura a la que te lleva tu amor hacia ella. Al sentir la impaciencia por verla, el deseo de tocarla, cogerle las manos, besarla, rozar con tus dedos la piel de su cara; emocionándote pensando que la tienes cerca y la vez sonreír feliz, con la satisfacción de haber contribuido a ello.

 

Termino con este breve poema:

Los besos que te doy en la distancia llegan a ti en las noches  

Y al penetrar en tu habitación 

Se posan dulcemente en tu rostro de bella mujer

Firmado: Francisco Penalva Aracil

P&A

3 COMENTARIOS

  1. Contiene poesía de principio a fin, nos hace saber que el amor brota de las aventuras y también de la cotidianidad.
    Me ha gustado mucho.

  2. Amigo Vicente, te gracias por gustarte mis artículos. A mi me pasa lo mismo con los tuyos sobre los deportistas locales. Y tus comentarios sobre ellos, con tus frases de animo y reconocimiento de sus triunfos deportivos. Lo que haces es muy importante para el deporte noveldense.
    Un saludo afectuoso.
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    Para Proyector Proyectado: As dado en el clavo al adivinar lo que yo quería decir en mi artículo. Así es, en realidad el amor brota en ocasiones de momentos mágicos. Pero ,los gestos, atenciones, y afectos del día a día, lo mantiene. Gracias un saludo.

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