Opinión de Francisco Penalva Aracil

TE DOY MIS OJOS

Recientemente he visto la película con el título de este artículo, que trata sobre la violencia de género, esa lacra social y humana tan repugnante que parece no terminar nunca. El argumento es el de una historia de amor-dolor, que se convierte en terror. En ella se expresa – entre otras cosas- de forma rotunda la aparente pero falsa protección en muchos casos, del hombre a la mujer.

La protagonista ingenua y enamorada se cree protegida, y mira a su maltratador dulcemente con sus penetrantes ojos. Quizás de aquí venga el título de la citada cinta.

Si hay algo positivo en la misma es el intento de él sin conseguirlo, de rehabilitarse, acudiendo a un psicólogo que trata a maltratadores en grupo.

Pero este hombre violento al que los celos y su instinto posesivo le carcomen no quiere que a su mujer la vean los hombres detallando el significado de obras de arte, muchas de ellas de mujeres desnudas. Cree en su machismo irracional que se recrea demasiado en su explicación, cuando es solo su trabajo, al que a ella le apasiona.

Hay una escena relacionada con esta obsesión, que describe con toda su crudeza lo que es la violencia machista en estado puro: Ella se está arreglando para ir a trabajar; y él enseñándole libros de pintura de desnudos y rompiendo sus hojas le reprocha que se ponga tan guapa para que la vean. De pronto, de forma salvaje, brutal, le rompe el traje que lleva y cogiéndola del cuello le empuja a la terraza cerrando la puerta. ¡Que te vean¡ le grita. Su cara muestra en esos momentos el terror que ahora sí, siente ante su maltratador. Ella después de este ultraje va a la comisaría a denunciarlo, pero finalmente no lo hace. 

El miedo esa siniestra y paralizante sensación, le impide a la mujer que lo padece, tomar la iniciativa y romper definitivamente. La incapacitan para salir de una situación en la que se siente atrapada.

Pero la violencia de género es mucho más que una mirada o una crítica descarnada pero real de la misma en una película. El machismo en ocasiones vivido, visto diariamente como algo casi natural en la relación de tus padres, viene acompañado de una educación patriarcal, germen del mismo. La frase de que “La mujer con la pata quebrada y en casa” sigue estando presente, y el hecho de que las mujeres se hayan incorporado al mundo laboral de forma cada vez más creciente, indigna a muchos hombres posesivos que quieren que todo siga bajo su control. Este es uno de los principales motivos del incremento de la violencia machista.

Los hombres debemos de participar de forma más contundente, comprometida y decisiva, en la defensa de las mujeres maltratadas.

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1 COMENTARIO

  1. Como dice de forma acertada el artículo, «la violencia de género es mucho más que una mirada o una crítica», yo creo que también es una lucha de poderes, en la cual deberíamos combatir todos con las mismas armas, las del amor y la empatía.

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