Art. de opinión de Vicente Díez

La prueba ciclista de la Olimpiada, a exámen. Artículo dedicado a Julio Alberto Amores Palacios, promesa del ciclismo nacional, por Vicente Díez.

Hace pocas fechas se celebró en Río de Janeiro la prueba ciclista en ruta para hombres y previamente, tanto la televisión como la prensa escrita con el sensacionalismo habitual, pretendían ilusionarnos con lo de que "Valverde parte como máximo aspirante al oro, junto a Purito".

Sinceramente, no me dejé influenciar por este vaticinio excesivamente optimista, aunque me encantaría que lo hubiesen logrado y mejor aún con oro y plata, pero siempre se ha dicho que las carreras de un solo día son mucho más difíciles de pronosticar el vencedor que en las pruebas por etapas de tres semanas: Giro, Tour y Vuelta. En las "Tres Grandes" suele vaticinarse entre 3 ó 4 favoritos y otros tantos semifavoritos, o líderes de reserva y con esta fórmula, se acierta el vencedor final en el 90% de los casos entre los elegidos. No obstante, las carreras de un día son una lotería y expongo sus diferencias con las Tres Grandes:

-) En las carreras por etapas, cada participante tiene que intentar cumplir lo mejor posible con el rol asignado previo al inicio; o sea, prestar el gregario su colaboración de múltiples maneras para con su líder: trayendo y repartiendo bidones; tapándole el viento de cara; ayudándole a cazar al pelotón si su líder se quedó atrás; dando la cara y tirando del pelotón si es positivo para el equipo, etc. y su labor es oscura, pues no se ve reflejada con un buen puesto en la meta. Por su parte, el líder o especialista del equipo ha de dosificar sus fuerzas para la/s etapa/s en concreto que se ajusten a sus facultades o especialidad, ya sea éste un sprinter; o un escalador; o un contrarrelojista. Ese líder quizá hoy se reserve para la etapa de mañana en la que puede lograr el triunfo ya que el trazado se adapta a sus facultades.

Otro detalle es que el porcentaje de retirados en las "Tres Grandes" es mucho menor que en las carreras de un día, pues el ciclista que va retrasado por algún motivo en las Tres Grandes o en otra de una semana, se esfuerza por llegar al final de la etapa antes del cierre de control y… mañana, ya sin posibilidades en la general, aportará obedientemente su colaboración al equipo.

Las pruebas de un único día son totalmente distintas en su planteamiento, ya que al no haber esfuerzo acumulado de varios días, aumenta mucho el número de posibles candidatos al triunfo. Por otro lado, el director deportivo pide a sus ciclistas que den el máximo esfuerzo, ya que no hay que dosificar fuerzas para mañana, sino que lo que puedas hacer, ha de ser hoy. Por ello, si un gregario tras haber hecho su parte del trabajo encomendado previo a la salida, lo ha cumplido lo mejor posible y se queda definitivamente rezagado por cualquier motivo: avería, caída, desfallecimiento o prestarle su rueda al líder, etc. ya no tiene sentido seguir y castigarse para nada; aunque los novatos suelen persistir hasta que les indican que debió retirarse pues no ha servido para nada práctico su castigo y muchos de esos rezagados acaban en el coche-escoba. No han de dar explicaciones extensas al director deportivo acerca de su abandono; lo que sí deberían justificar en caso de si la carrera es por etapas, pues si abandonan merman el potencial de su equipo para el resto de etapas.

Entre las carreras de un día destacan por su prestigio las Clásicas, a las que ya me referí en otro artículo anterior del mes de Abril; no obstante, ya sea Clásica o de menor entidad la carrera, los participantes se conocen mutuamente y saben de la categoría y posibilidades del rival o rivales que intenten la escapada y el resto actuará, si puede, en consecuencia. De éstas, destaca por su singularidad el Campeonato Mundial de Fondo en Carretera, llamada "el Mundial", donde además del conjunto que cada país aporta con su selección, toman la salida una serie de profesionales "de tercera división" de países lejanos de los que no se oye que tengan siquiera una prueba de cierta categoría y estos ciclistas modestos sólo aspiran desde la primera pedalada a que se les vea delante, ya que asisten como ojeadores diversos directores deportivos de los equipos profesionales "de primera y segunda división" y lo anotase al modesto en su cuaderno como posible aspirante a "subir de categoría" en un equipo de prestigio. Estos modestos darán saltos de alegría si acaban el Mundial entre los 30 primeros, ya que lo normal es que abandonen en cuanto sean alcanzados; imagínense la moral del que no logró ponerse delante del pelotón. Si salen 50 modestos, como mínimo 45 de ellos no acaban el Mundial al no poder seguir el ritmo o los acelerones de los ases del pelotón internacional, pues ahí está "la crem de la crem" y es mucha tela para un casi amateur.

El Mundial se celebra todos los años y la Olimpiada cada cuatro. Ambas son muy distintas al resto de carreras de un día, pues en estas dos acuden muchos desconocidos y al no saber los profesionales quiénes son cada uno de estos modestos, nadie sabe qué puede suceder si unos pocos salen a la aventura desde el principio, aunque recalco que se les suele permitir "que aceleren inicialmente para que chupen cámara". Lo del desconocimiento de los modestos se multiplica por cuatro en la Olimpiada y el número de estos semiprofesionales llega a la mitad del pelotón inicial. Esto lo vi en la prueba olímpica de Río de Janeiro; uno de Namibia; tres de Irán; alguno de Egipto; Corea del Sur y un largo etcétera de "extras de poca monta" en esta película; simplemente, sus países les han seleccionado al no disponer de más para elegir y estos expontáneos "van de relleno" en ese pelotón olímpico o mundialista.

En estas pruebas máximas, Mundial y Olimpiada, no se permite el uso del pinganillo; por tanto, todos los participantes reciben instrucciones previas de teórica en el hotel, aunque luego es el propio ciclista quien obra según su iniciativa, como se sigue haciendo en amateurs y categorías inferiores. Y si en el Mundial permiten hasta doce ciclistas en nuestra selección, en la Olimpiada el cupo es de cinco; prácticamente imposible controlar o dirigir al pelotón con un líder y cuatro gregarios. Imaginemos que el líder se queda atrás por cualquier causa; si le esperan sus cuatro compañeros, éstos pagarán posteriormente el esfuerzo, cuando lleguen los acelerones decisivos. O si ese líder coloca a sus cuatro coequipiers tirando del pelotón para preparar la llegada si él fuese un sprinter; en los kilómetros finales estarán ya para poca cosa y se aprovecharía después otro sprinter rival.

Es por tanto aún más improbable en la Olimpiada que en el Mundial por lo de la escasez de colaboradores, que cada líder disponga en el momento de la batalla decisiva de gregarios a su lado para facilitarle la llegada.

Pero no pensemos que tanto Alejandro Valverde como Joaquim “Purito” Rodríguez no tengan clase suficiente para vencer en una prueba de un día; de hecho, el murciano es el español con más Clásicas en su palmarés de la historia, además de haber sido a nivel mundial el mejor en puntuación UCI durante cuatro temporadas, así como haber conseguido seis medallas en diversos Mundiales; cuatro platas y dos bronces, además de la Vuelta a España/2009. Por su parte, “Purito” también es un ciclista de garantía para las pruebas de un día, con alguna Clásica en su vitrina y dos medallas en Mundiales, una plata y un bronce y dos temporadas como el profesional a nivel mundial con más puntuación UCI. Todo esto no está al alcance de cualquiera.

Es simplemente que a Valverde “le visitó el tío del mazo y le cogió la pájara”, algo que puede sucederle a cualquiera en la carrera menos esperada. Y “Purito” cumplió muy bien con el quinto puesto, lo que le valió un diploma olímpico, buen final para su dilatada vida deportiva.

En cuanto a que se usen o no el pinganillo, yo lo veo como una evolución técnica que no se puede detener, nos guste o no su uso. Recuerdo en mi adolescencia haber visto fotografías en blanco y negro del Tour de Francia, en la que en una subida dura, Raphael Geminiani, director deportivo del equipo St. Raphael-Gitane, daba instrucciones con un megáfono manual desde el coche a su líder, el mítico Jacques Anquetil. Hoy existen multitud de detalles técnicos que dejaron atrás lo de entonces, como Radio Vuelta; el circuito interno de televisión para todos los coches seguidores; la moto neutral que reparte bidones; el coche de la organización que en casos excepcionales, cambia ruedas o bicis enteras a algún corredor que se haya quedado descolgado, etc. etc. y concluyo con el actual pinganillo, o teléfono inalámbrico sin manos que cada corredor lleva puesto en una oreja para recibir instrucciones y comunicarse con su entrenador y resto de compañeros… es la evolución técnica de la vida.

Por mi parte, expongo todo lo anterior usando mis recuerdos cuando yo corría en veteranos entre los 36 y 41 años, ya hace “la tira de veranos” y salvando las distancias, era similar a los profesionales en lo de que nos conocíamos los veteranos unos a otros durante las 30 a 35 carreras de un día que habían por temporada. La práctica totalidad de los participantes éramos siempre los mismos y por ende, yo sabía si Fulanito era sprinter; o Menganito escalaba bien y si Zutanito era un chuparruedas, o si éste o aquél iban “de farol” al principio pues de salida, aceleraban y poco a poco se les alcanzaba; luego no era aconsejable unirse a ellos y malgastar fuerzas. Por tanto, yo intuía si el o los que se escapaban tenían probabilidades de llegar delante y me unía o no a ellos según mis fuerzas; o si eran o no merecedores de tener en cuenta, dejándoles ir delante pues casi seguro que caerían como fruta madura. Y si aparecía en la salida algún desconocido que venía de esta o aquella provincia, yo procuraba averiguar sobre él por si acaso se le ocurría atacar, ya que no tenía referencias previas.

Todo esto de los recuerdos me ha servido a veces, en que he escrito sobre ciclismo, para recordar un refrán de mi madre (q.e.p.d.); “quien fue cocinero antes que fraile, lo que sucede en la cocina, bien lo sabe”.

Concluyo, felicitando a Julio Alberto Amores Palacios por su reciente triunfo en el Trofeo para Aficionados y Élite de la carrera de las fiestas de Novelda, en su 64ª edición. Para esta joven promesa nacional seguro que tiene un valor especial, pues lo de vencer ante sus paisanos sólo lo había logrado hasta ahora Manuel López Pérez “el Pecas”, allá por el año 1962, en la 12ª edición. Ambos consiguieron ser profetas en su tierra, algo difícil y más en esta prueba que por su dilatada historia y categoría, es ambicionada por multitud de ciclistas que vienen de fuera. Asimismo, el 26/Junio participó junto a los profesionales en el Campeonato de España, celebrado en Cocentaina, acabando segundo de su categoría. ¡Enhorabuena, Julio! Y te recalco una frase que siempre te he dicho… no te dejes la pista, figura.

8 COMENTARIOS

  1. Lo detallas tal como se ve desde dentro. Los que no hemos competido lo vemos por los resultados. Buen escrito este

  2. Buena exposición de lo que es el interior del pelotón. Y es que el ciclismo en muy duro, por las largas etapas y los muchos días de carrera.

  3. También me ha gustado esto, aunque casi no detallas a ningún ciclista profesional, pero lo que dices es así, para los que lo hemos visto desde dentro.

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