Art. de opinión de Gaspar Serrano Pellín, profesor de Primaria y Secundaria

Carta abierta a Pablo Iglesias

Me llamo Gaspar Serrano y soy profesor de Primaria y Secundaria en un colegio concertado de Novelda desde 1989. Éste es mi primer artículo para un periódico, pero me parecía oportuno escribirlo.

Pablo, estoy bastante de acuerdo contigo respecto a los sueldos de políticos y banqueros vs. médicos-profesores… ;es de sentido común. Me parece de un totalitarismo aberrante tu idea de controlar los medios privados de comunicación. Además, “parece ser” que la democracia dentro de tu partido es nula o casi nula, y desde luego tus recientes actuaciones intolerantes con la prensa, impresentables. De todas formas, de estos cuatro asuntos estoy poco informado, por lo que admito poder estar equivocado.

La razón de mi escrito es un tema, para mí, especialmente sensible: el terrorismo de ETA. Y sobre este tema te aseguro que estoy bastante informado, un poco más adelante verás por qué. Tus declaraciones sobre la motivación política de los atentados de  ETA fueron muy desafortunadas (aunque, con sinceridad, te creo cuando dices que no significa que los apoyes). Siguiendo tu dialéctica, que también es parecida a la mía, muy directa, te diré que fuiste un auténtico bocazas. Franco murió en 1975 y tenemos Constitución (mejor o peor) desde el 78; todavía no he oído a nadie decir que esos atentados ayudasen durante la Transición. Desde el momento en que hay Constitución democrática se esfuma, por definición, cualquier motivación para atentar. Simplemente el hecho de que se te hubiera pasado por la cabeza, por un momento, el dolor de las víctimas, habría hecho que no dijeras nada de eso, si tienes algo de dignidad.

Durante el primer semestre de 1990 trabajé mediante la bolsa de trabajo de la Consellería de Educación, en el Centro Penitenciario de Cumplimiento de Alicante (véase, cárcel de Fontcalent), como maestro de EGB. Más tarde, en septiembre de 1994, estando indefinido en mi actual colegio me llamaron desde la Subdirección de Tratamiento de esa prisión para hacerme cargo de la tutoría de un Programa de Garantía Social que les habían aprobado, dotado con 8 millones de pesetas. Tenía yo entonces 28 años. El curso académico 1994/95 había comenzado, estaba todo organizado. Pedí permiso a la Directora de mi Colegio; no se lo pensó mucho, la verdad, y me permitió dejar parcialmente mi plaza para “volver a la cárcel” a trabajar por las tardes, a pesar del enorme lío que reorganización que supuso. Nunca estaré lo bastante agradecido a mi Directora por su decisión.

Estando ese curso 94-95 por las tardes en mi Tutoría entré en contacto directo, cara a cara, con reclusos y reclusas de la banda en varias ocasiones. A veces les proporcionaba bibliografía o incluso les resolvía algunas dudas sobre ecuaciones logarítmicas o cálculo de derivadas e integrales. Era esa una época “dura” de la banda; ya habían amenazado con atentar contra los funcionarios de prisiones (532 días de secuestro de Ortega Lara entre 1996 y 1997), y en alguna ocasión nos pasaron a los docentes fotocopias de diferentes clases de bombas-lapa para que revisaramos los bajos de los coches, aunque nos dijeron que no nos obsesionáramos, la vigilancia en el recinto era desde entonces mucho más rigurosa. Entonces, en su trato con los trabajadores de la prisión los presos etarras eran rancios, sus miradas frías y su comportamiento visiblemente soberbio (algunas veces no accedí a algunas de sus peticiones, podía hacerme el sueco porque ese no era, para nada,  mi principal cometido en la cárcel).

Como norma y consigna, utilizaban a la perfección todos los resortes legales del estado “opresor” español y los derechos que les otorgaban, para desafiar a funcionarios, educadores sociales, cargos de la prisión, etc. Corría una tarde de enero o febrero de 1995 y me comunicaron desde la Unidad Docente que esa tarde, a las 16:00 iría una profesora de la UNPV (Universidad Nacional del País Vasco) para examinar oralmente a una etarra del módulo de mujeres. Yo debía hacerme cargo del tema, era el único docente disponible. Debía aplicar el protocolo para estos casos. A las 4 de la tarde me dirigí al módulo de mujeres con un radiocassette. Las funcionarias bajaron a la reclusa y  yo recibí a la profesora. Les expliqué a ambas, por separado y separadas físicamente, el protocolo: yo debía estar presente durante la prueba, y si decidían hacerla en vasco yo tenía que grabarla; si en castellano, también debía estar presente. Si en un momento dado hablaban en vasco, debía cortar la prueba. Ninguna estuvo de acuerdo, a través de un cristal se miraron y negaron con la cabeza. Avisé a la Dirección de guardia, la reclusa volvió a su celda y la profesora fue conducida a la puerta de la prisión, no sin antes espetarme “Oiga Ud., vengo desde San Sebastián y en otras cárceles sí he podido hacer el examen” (no me dió más detalles y, si era una prueba similar, quiero creer que no decía la verdad).

Podría ser más minucioso en los detalles, pero no es el caso. También me enerva, como cristiano, el comportamiento escandaloso de la Jerarquía Católica vasca: muchos familiares de víctimas debían cruzar la “frontera” a Logroño para celebrar los funerales, algunos curas se negaban a oficiarlos.

A Dios gracias, ETA acabó metiendo la pata. En mi opinión, el principio del fin de ETA tiene fecha y hora. A partir de esa hora, el Ministro del Interior de turno viajó rápidamente a Francia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Dinamarca, y les mostró claramente de qué eran capaces aquellos a los que estos países daban asilo (dejo aparte, las posturas de países de América Central y del Sur al respecto). Se trataba del asesinato anunciado de Miguel Ángel Blanco, el 13/7/1997. ¡Manda narices, llevábamos ya 11 años integrados en la UE! Por fin abrieron los ojos y muchos etarras comenzaron a ser detenidos.

Hace poco, el 20/7/2014, han publicado en GARA su enésimo comunicado,  con su habitual retórica espesa y absolutamente manipuladora.

Para terminar, Pablo, antes de hablar de temas que desconoces bastante, infórmate bien de quién son  realmente esa gentuza, esos asesinos a quienes atribuyes motivaciones políticas; y más importante todavía,  una pequeña muestra de humanidad por tu parte debiera haber supeditado tu afán de protagonismo al dolor de las víctimas.

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4 COMENTARIOS

  1. ¿Otra vez con esas, Pellín? Después de meses todavía estoy esperando que justifiques con argumentos por qué esa acusación no es una calumnia sin fundamento. Calumnia que algo queda…

  2. Sería interesante seguir el hilo que parte de Lutero, pasa por Kant y llega a los totalitarismos del S. XX. ¿También del XXI? Lo etudiaremos.

  3. Que las motivaciones de aquellos abobinables asesinatos eran politicas no se puede negar. No es ese el pecado de Podemos, tiene otros pero no el apoyo al terrorismo. Ahora alguien dirá que eso es defender al criminal, y NO es así: que conste que a los etarras yo les pondría cadena perpetua.
    El siguiente paso para alcanzar nuestra libertad es meter a todos los politicos corruptos en la carcel. Ahí no se ve tanta queja enérgica por parte de ciertos sectores con afinidad ideologica con el criminal de turno.

  4. Tranquilo, Plácido. Lo escuché en unas clases sobre el pecado original a un Dr. en Dogmática. Yo lo estoy estudiando desde el punto de vista histórico filosófico pero ya voy sacando el hilo de la madeja, sobre todo estudiando a Lutero a fondo.

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