Art. de opinión de Claudio Rizo Aldeguer

LA GITANA DE LA MONTAÑETA

De tanto ir, hasta le he cogido cariño. El parking de la Montañeta en Alicante reúne dos características, bueno tres, que le hacen agradablemente peculiar: es céntrico y, sobre todo, barato. No estoy seguro de si el día completo, las veinticuatro horas, supera los diez euros. Tanto da. Dos cañas y la propina, en el Puerto. El equivalente en vicio o relax, según se mire. La tercera: allí se aposta habitualmente, a la subida de las escalinatas que en forma de caracol dan al exterior, una mujer de raza gitana, carnes generosas y de una aparente provecta edad. Sobre su silla, a las afueras, gobernando la luz y el trajinar de la calle. Campa. Haga el tiempo que haga. Me he dado con ella de bruces hasta cuando extrañamente el cielo ha hecho un rebuzno y las calles alicantinas se han encharcado por una tromba de agua, o incluso recientemente, hoy mismo, en plena irrupción en nuestras costas del látigo africano y su ola de fuego, a 35 húmedos grados. La he visto. Al acecho. Sin prisa. Aquietando la vida.

Apenas emerges del subterráneo y giras tomando la ascensión, ya te llegan esos sonidos en forma de letanía densa que bañan las paredes como flora nacida de las profundidades de la tierra: “Dioz te bendiga, Dioz te bendiga. Una ayudita, por favó. Dioz te salve y te de zalud”. La mano, enhiesta. Pétrea. Firme. Abierta. Extendida. Ojos hundidos, vívidos, más exigentes que sus labios canturreantes en eterno modo “replay”. No puedes sostener su mirada más de dos segundos, a menos que también seas guerrero, sin que carraspee el chatarreo de la cartera y se entreabra su esperanza con la entrega de una moneda: “Graciaz. Dioz te de zalud. A ti y a tu familia”.

Las ciudades cuentan con centenares de manos extendidas, suplicantes, plañideras…, arremolinadas en esquinas como papeles que no valen, o que mal tosen la enfermedad de un destino esquivo, nunca adivinado, si merecido o encontrado. Al albur de los vientos, empujados, yendo y viniendo… Oyendo taconeos de salón a su alrededor, oliendo aromas de palacio, contemplando sonrisas y arrumacos de enamorados, o soportando mofas de cabrones ebrios de insensibilidad desde la cuna que solo buscan una gracieta que colgar en su Facebook como documento victorioso de escarnio. Es un submundo, pero en este mundo. Paralelo. Al nivel del nuestro. A la vista, palpable pero evitado. Expuesto a la lacerante marginación y el silencio más atronador de quien pasa sin atreverse a inclinar apenas la testa por miedo a que le suelten, ¡quién sabe!, un mal augurio o un gesto que se percibe envenenado. Entre nosotros. Podrían ser nuestros vecinos. Mañana, más bien, hasta nosotros podríamos hilar retales y componer músicas dolidas. Elevar el rostro, siempre desde abajo, llorando a otros acaso las migajas que ya nadie quiere.

Lo más probable, me barrunto cada tarde que veo a “la gitana de la Montañeta” pedirme unos cuartos a la subida del parking, es que no tenga ni zorra idea de lo que significan expresiones como “prima de riesgo”, “banco tóxico” o la “extremaunción del estado de bienestar”, tan en el ambiente hoy. O sí, que las conozca mucho mejor que yo, y que en lugar de manduca, buscara birras. Pensando mal. Que en lugar de necesitada, fuera aprovechada. Vale. Quizá el engañado sea un servidor. Tanto me da. Sea buscada o encontrada su recalcitrante ubicación estática suplicante de limosnas, desde luego ella, intuyo, hubiera preferido otro destino antes que llorar desde su quejumbrosa posición un rescate a quienes día a día ven su rostro y su prédica como una suerte de molestia. Y eso me vale. No creo que la crisis le haya tocado, ni de refilón, por extraño que suene, a “la gitana de la Montañeta”, que gobierna el sentir y el hálito alicantino desde su sacrificada condición de tener que ser mirada eternamente desde arriba.

Un día de esos que te levantas con ojos guerreros y fuego de alma, como atreviéndote a todo, se lo preguntaré: ¿Acaso, gitana, te preocupa a ti la crisis?

11 COMENTARIOS

  1. La historia de la» gitana de la Montañeta», podría ser un apéndice documental de la vida ,hasta límites insospechados. Esta gitana, pobre ella, que no tema ni se angustie. ; ni piense que los que pasan por su lado sin darles una moneda tienen la vida resuelta. Seguramente, muchos , muchos de ellos por las noches acuden a contenedores a buscar comida. Y maldicen cada día a los culpables de arrebatarles su vida y su dignidad. Quizás también les importe un comino, la dichosa y angustiosa, prima de riesgo, y el dichoso rescate, que nos trae a mal vivir.

    Señor Claudio: alguien me dijo que puedo cansarle con mis adulaciones. Lo siento, pero como he dicho en más de una ocasión, digo lo que siento , y mi sentir es que me encanta como escribe. Lo lamento por mi «amiga Paqui»

    Mi admiración incondicioal.

  2. Al paso que vamos todos podemos terminar siendo esa señora gitana que tu describes Clsudio y a la que como tú, también he visto durante años en ese lugar

  3. Esa ginata representa a muchos seres que viven orillados del estado de bienestar, de la prima de riesgo, de los rescates y de muchas cosas más, ella es la realidad de una sociedad corrompida en muchos de sus rincones. Felicidades Sr. Rizo

  4. Manduca o birra, ¡que más da! Claudio.
    Sea cual fuere la necesidad, bastante penoso el que tiene que pedir y vivir en esas condiciones. Y el que no esté de acuerdo con esta aseveración, que se busque una plaza de limosnero.
    Tal vez si en lugar de pensar (como lo hace mucha gente) que puedan ser aprovechados y nada trabajadores, se tuviera un poco de capacidad para imaginarse al progenitor o al hijo de uno mismo en ese lugar y en esas condiciones, la vida de estas gentes sería menos penosa.
    A lo mejor hasta se merecen las gracias por dejar vacante un puesto de trabajo para el hijo del que mal piensa.

    Enhorabuena por tu artículo.

  5. La vida es un gran guión donde uno puede ir extrayendo pequeñas partituras que son las que hacen la vida cotidiana y el señor Claudio es un experto en visionar esas partituras. Aún me acuerdo de ese artículo del árbol de corazones, creo recordar.

  6. Que bien describe una situación tan simple como esta de la que todos vemos a diario pero que solo los «iluminados» como usted se quedan con ella. Me gusta mucho la narrativa que tiene usted.

  7. Estimado Claudio, creo que el trabajo de la gitana o de los limosner@s mucha jente lo tienen devaluado o mejor dicho lo ven como una cosa de muy bajo nivel y para mi punto de vista es un trabajo muy bien remunerado lo unico es que hay que tener el coraje de hacerlo.
    Un dia yendo para el trabajo me detuve en un semaforo y me puse a contemplar a un «limosnero» como desarrollaba su trabajo y cay en cuenta que este senor ganaba mas que yo en su bendita esquina,resulta que cada vez que la luz se ponia en rojo ,este senor recojia mas de un euro calculando por la cantidad de monedas y billetes que la gente le daban.

    La cuenta es la siguiente ,suponiendo que a cada cambio de luz que es menos de cada minuto,se le da un euro la luz cambia sesenta a la hora, es la friolera de sesenta euros por hora , pero cortemos la hora a treinta veces son la friolera de treinta a la hora que si lo multiplicamos por ocho que seria el horario regular de un trabajador es la no menos despreciable suma de 240 euros al dia y libre de impuestos y gravamenes que el gobierno agobia a un trabajador normal y corriente,es talves que por eso nunca veemos a estos senores cumplir con un horario como un trabajador normal ,aun que uds no lo crean desde ese dia lo espio y cada vez me convence mas de lo que digo.

    pd Claudio ,una persona como tu de nada saca un relato .

  8. Gracias a todos los participantes del relato. Habéis sido muy amables. Me alegro de que el texto haya inspirado alguna reflexión, o giro, acerca de determinadas situaciones normales y cotidianas que vemos cada día, y desde luego bastante más antiguas que la propia crisis. Diría que eternas.

    La vida, observándola desde cualquier rincón, despacio, deja mucha y variada información. Un gesto, o una pose cualquiera, que aparece superficial o intrascendente, si se bucea en su trasfondo, si se araña un poco en la superficie, siempre acaba sorprendiendo y enseñando perspectivas interesantes y dignas de ser contadas.

    A Nº7: No he escrito ningún libro; es mi asignatura pendiente, lo reconozco. Veremos si amaso un buen capazo de disciplina y orden, y puedo cumplir, algún año, una de mis grandes ilusiones: escribir un libro.

    Insito, muy amables. Gracias por la lectura y por las reflexiones que os ha sugerido.

  9. Sr Rizo
    En la primera referencia que hace usted a la persona que describe en su artículo,la clasifica como de «RAZA» gitana.Se evidencia en su semántica y en un cierto talante que exhala ud. en sus escritos,que no lo expresa de modo despectivo.De todas formas,en la narrativa actual,quizá sería políticamente correcto usar el término «ETNIA».
    Saludos desde el crepúsculo
    KLAUS

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