Art. de opinión de José Penalva Navarro

A SAN JUAN DE LA CRUZ

Su nombre de cuna fue Juan de Yepes, después tomó el nombre de Juan de Santo Matías y definitivamente el de Juan de La Cruz, carmelita descalzo, sometido por su misma congregación a los rigores de aquellas cárceles de la Santa Inquisición, ¡Santa, que eufemismo! Solo por integrarse en aquel movimiento reformador, cuya cabeza visible fue Santa Teresa de Jesús y querer hacer cambios en el Carmelo que la Santa había empezado, y que también ella sufrió los rigores de aquellas disciplinas inhumanas y fuera de toda lógica de piedad y de amor que se supone encarnaban aquellas congregaciones de la época, y que solo estaban en su “lógica” de poder y de control de las voluntades de sus frailes, algunos de ellos como Juan que solo pretendían llevar un mensaje de amor de su amado Jesús, y que dejó referencia escrita de sus elevados pensamientos hacia su Amado.

Yo ya conocía la biografía de este Santo místico, cuyos escritos me cautivan, pero después de leer el libro de Luis Beresaluze Galbis, “Espárragos y Margaritas” referido a la vida de San Juan de La Cruz, en el que el autor describe con todo lujo de detalles, hasta ese momento desconocidos para mí, los avatares pasados por ese hombre Santo, en mi corazón se desbordan mis sentimientos de dolor y rabia por ese martirio infringido, hacia ese poeta de su amado Jesús del alma, y por ello digo con toda la vehemencia posible:

¡Hermosa era tu luz,
sencillo hombre de bien!,
pedías por Jesús morir,
y tus carceleros no te dejaban,
y te martirizaban,
y te hacían sufrir,
y te flagelaban por serle fiel
queriendo evitar tu gloria,
y como consecuencia de ello
hicieron que te encontraras con él.

¡Malvados carceleros,
que os ensañasteis con él¡
¿Cómo pudisteis hacerlo
en nombre de Dios,
si a Dios servía el?

¿Qué no os dabais cuenta
que su amor era hermoso,
y que todo él se entregaba,
a esa misión suprema,
de servicio a los demás?

¿Cómo pudisteis odiarlo
siendo vuestro Dios,
el mismo al que él servía?,
¿No decía vuestro Jesús,
amar a vuestro prójimo,
y que él sería vuestro guía?

¿Dónde os enseñaron ese odio,
tan perverso y contumaz?
que parecía salido,
de corazón muy procaz,
sin piedad ni consuelo,
solo para poder doblegar,
su voluntad hermosa,
de querer servir a Dios,
y a Jesús poder amar,

¿ Por que tanto ensañamiento,
con vuestro buen hermano,
carmelita como vosotros,
sin más pretensión,
que ser un buen cristiano?

¿Dónde estaba vuestra fe,
donde vuestro amor a Jesús,
donde ese corazón santo,
que se supone teníais?
¿donde lo escondíais?

Mientras a Juan castigabais,
el pedía a Dios por vosotros,
como lo hizo Jesús,
con los que le quitaban la vida,
y ni así os dolisteis de él,
no fuisteis dignos de Jesús,
ni tampoco de Dios,
porque Dios y Jesús,
en esos precisos momentos
se encontraban en él.

Un día, cogió “calenturillas”
consecuencia del martirio,
infringido por sus hermanos,
de la misma orden que él,
como si su Jesús fuera distinto,
y ellos no fueran humanos.

¡Miserables, sin entrañas!,
que quisisteis por envidia
dañar sus nobles sentimientos,
hacia ese Jesús de su vida,
al que llevaba muy dentro.

Pero no lo conseguisteis,
y él, a pesar de su martirio,
pensando en su Amado,
escribía bellos versos
que rezumaban amor en su delirio:

¡Oh cautiverio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.

¡Que grandeza y sublime amor
el que tenía su alma.
por el que era su Amado,
que le daba serenidad y calma.

Y un día, lleno de llagas se fue,
por los caminos de Dios, y al alba,
caminos de hermosa luz,
con su Amado Jesús,
al que le entregó su alma.

Cuando le recibió el Amado,
sublime sería el encuentro,
y su corazón henchido de júbilo,
le diría con denuedo;
¡Jesús mío del alma,
que feliz me encuentro,
solo de verte y estar contigo
se han curado mis llagas,
y esto sí es vida,
lo de antes, el infierno.

Como tú hiciste,
después de sufrir mucho
perdoné a mis carceleros,
y me llamaste,
y aquí me tienes
como siempre me has tenido,
con mi fe inquebrantable,
y seguirte por el Cielo,
donde la Paz es armoniosa
y Tu luz, mi consuelo.

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3 COMENTARIOS

  1. Como siempre Penalva esta presente,bonitos sus versos..

    Espero que hayan pasado unas felices fiestas todos.

  2. Pepe. Conocía por mi madre, que la tuya escribía cosas celestiales, pero no conocía esta faceta en tí; cosa que me alegra.
    Gracias por darnos a compartir tus sentimientos.

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