Art. de opinión de José Antonio Marco, estudiante de psicología

LA ADICCIÓN COMO PROBLEMA

La adicción a sustancias psicoactivas (drogas) es uno de los problemas más importantes a los que se enfrenta nuestra sociedad en la actualidad, tanto por la magnitud del fenómeno como por las consecuencias personales (a nivel psicológico y a nivel físico) y sociales derivadas de éste. Además, desgraciadamente cada vez abunda más en los adolescentes. En el caso del consumo de drogas los datos disponibles revelan que en nuestro país el 79,4% de los individuos de entre 15 y 34 años ha consumido bebidas alcohólicas en los últimos 12 meses y un 47,3% ha consumido tabaco Mientras, en el caso del cannabis, esta cifra se sitúa en el 19,8%, el 5,2% para cocaína y el 2,4% para el éxtasis. Y en cuanto al consumo de otras sustancias tales como alucinógenos o heroína, cabe destacar que las cifras son mucho menores, pero preocupantes (datos referidos a los años 2008-2009).

En el año 2010, el alcohol (30%), el tabaco (12,3%) y el cannabis siguen siendo las drogas más consumidas por los estudiantes españoles. A estas drogas le siguen, por este orden, hipnosedantes, cocaína, alucinógenos, éxtasis, anfetaminas y heroína. Además, a esta lista cabe añadir las drogas emergentes tales como las setas mágicas, el spice y la ketamina.

Cabe destacar que, según varios estudios, el consumo de drogas lícitas (tabaco y alcohol) se hace estable a partir de los 15-16 años. Con frecuencia, el adolescente es un bebedor compulsivo que busca colocarse para empezar la fiesta y usa el alcohol como droga sustitutiva de las drogas ílicitas, las cuales comienzan a ser consumidas de forma regular a partir de los 17 años, viéndose aumentado el consumo hasta alcanzar la edad adulta.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) la adicción es un estado de intoxicación crónica y periódica originada por el consumo repetido de una droga, natural o sintética caracterizada por: una compulsión a continuar consumiendo mediante cualquier medio, una tendencia al aumento de la dosis, una dependencia psíquica y física de los efectos, y consecuencias perjudiciales para el individuo y la sociedad.

Dentro de la literatura científica del abuso de sustancias psicoactivas, hay muchos modelos conceptuales para explicar la adicción. Pero yo me voy a centrar en las teorías cognitivas, en los enfoques del aprendizaje (aprendizaje operante y aprendizaje social), y en el modelo de Becoña, debido a que son las que más se acercan a la realidad del problema.

En la actualidad, las teorías cognitivas se centran en el papel de las percepciones sobre el consumo que tienen los adolescentes cuando toman decisiones con respecto a la iniciación en el consumo de sustancias y a la continuación de éste. Las actitudes, las creencias normativas y las expectativas de consumo, además de la autoeficacia, influyen en la evaluación de la toma de decisiones sobre los beneficios y los costes del consumo de una determinada droga.

En cuanto a los enfoques del aprendizaje operante, estos ven el consumo de las sustancias psicoactivas en el contexto de los antecedentes y las consecuencias que tienen una conexión funcional con la conducta. Por ejemplo, ante la presencia de estrés, el consumo de una sustancia psicoactiva puede producir una reducción de la tensión, un paliativo al afecto negativo o manejarse mejor a nivel social. Estas consecuencias que siguen al consumo de drogas pueden servir para reforzarlo y, por tanto, aumenta la probabilidad de que se vuelva a consumir en el futuro esa sustancia en una situación similar.

El modelo de aprendizaje social, considera que el aprendizaje está mediado cognitivamente a través de la observación e imitación de modelos que consumen sustancias, como por ejemplo los compañeros o los padres. La autoeficacia y el afrontamiento son términos claves en esta teoría. Esta teoría daría una explicación a los casos en los que un adolescente comienza a consumir debido a que alguien de su entorno (amigos, familiares, etc) también lo hace.

Según el modelo de Becoña, debemos considerar las distintas etapas por las que pasa una persona respecto al conocimiento, contacto y consumo o no de una sustancia psicoactiva. Según este modelo, en el campo del consumo de drogas hay varias etapas. Éstas son las previas al conocimiento o inicio del consumo, donde son importantes los elementos de predisposición del consumidor. Luego tendríamos una etapa de conocimiento, que llevaría a experimentar con algunas sustancias. Y aquí es cuando se diferencian los tipos de sustancias, ya que, en la realidad tendemos a diferenciarlos.

El experimentar se refiere a probar una sustancia que ya se conoce y que está disponible y accesible al adolescente. Experimentar con una sustancia psicoactiva no tiene por qué llevar al consumo, ya que la gran mayoría de las personas ni siquiera llegan a tener contacto directo, en términos de consumo, con estas sustancias.

Después de la fase de experimentación viene la fase de inicio al consumo esporádico o más sistemático, lo que facilita pasar del uso al abuso y a la dependencia de la sustancia, o a obtener con la sustancia claros beneficios de tipo personal, psicológico, emocional, social, etc. Los jóvenes que se encuentran en esta fase pueden decantarse por seguir consumiendo, y de esta forma pasarían a la fase de consolidación del consumo de esa sustancia psicoactiva, con el riesgo de pasar a consumir otras sustancias y poder comenzar a tener graves problemas con otras drogas (legales o ilegales). En caso de pasar a la dependencia, hablaríamos de una dependencia consolidada.

La fase de consolidación va seguida de las fases de mantenimiento y abandono. Cuando la persona tiene una adicción consolidada, se suele afirmar que se encuentra en la fase de mantenimiento. En esta fase y en las anteriores, la persona puede pensar en el abandono del consumo o puede tener presiones externas para abandonarla (fase de abandono). Pero el proceso no finaliza aquí. Si la persona ha llegado a la dependencia, puede pasar sucesivamente por las fases de mantenimiento y abandono. El adolescente puede sufrir el proceso de mantenimiento o el de recaída.

Y por último, un elemento importante de este modelo es la percepción del riesgo que los individuos tienen sobre cada una de las sustancias adictivas que ven en su casa, en el ambiente social, en los medios de comunicación, entre sus amigos, etc.

En mi opinión, he de destacar que debido a que tanto las causas como las consecuencias de la dependencia de drogas son múltiples (físicas, psicológicas y sociales), es preferible buscar la ayuda de un equipo terapéutico (médico, psicólogo y trabajador social) para que el tratamiento sea efectivo. Además, la motivación para el cambio es importante en el tratamiento, ya que es un elemento básico para mantener al adolescente en el tratamiento. Por ello, el equipo de terapeutas tiene que entender y apoyar al adolescente, y nunca etiquetarlo.

Dicho todo lo anterior, cabe mencionar que existe la posibilidad de que se complique el diagnóstico, debido a la variedad y complejidad de los factores intervinientes en cada una de las etapas por las que pasa un adolescente, antes y después de convertirse en adicto a una sustancia considerada como droga.

Y por último, a modo de reflexión, en muchos casos la adicción provoca enfermedades mentales tales como la esquizofrenia, demencia persistente inducida por sustancias, trastornos psicóticos, ansiedad, delirium, etc. Debemos reflexionar sobre este problema y actuar, sobre todo mediante campañas de prevención dirigidas a adolescentes, y mediante programas tanto de desintoxicación como de integración.

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16 COMENTARIOS

  1. Nos ha metido vd toda la lección en una columna. Yo fumo cinco cigarrillos diarios y una o dos cañas y no me considero un drogadicto.

  2. Tomarse cinco cigarrillos diarios y una o dos cañas no se considera adicción, siempre y cuando no venga acompañada de síntomas tales como compulsión, tendencia al aumento de las dosis, etc. Además, estas sustancias se consideran drogas lícitas (legales).
    Sí que es verdad que hay casos de personas que fuman mucho o beben mucho debido a que por circunstancias de la vida (trabajo, familia, problemas, etc) intentan calmar esa ansiedad, o intentan evadirse de alguna forma. En este caso podríamos llegar a pensar que hay un problema que tenemos que tratar.
    Para que podamos hablar de adicción tienen que cumplirse los criterios de la OMS y los criterios de un manual que tenemos los psicólogos, llamado DSM-IV.
    Para su salud es malo fumarse cinco cigarrillos al día, pero como le he comentado, no tiene porqué considerarse adicción.

  3. Su respuesta, mutandis mutandis, es análoga (con analogía de proporcionalidad impropia o metafórica) a si yo le prescribiese para su salud espiritual, ir a la Santa Misa todos los domingos y confesarse, al menos, una vez al año. Y que todo eso está indicado en los conocidos protocolos de CEC y CIC (Catecismo Ecclesiae Católicae y Código Ius Canonicum).

  4. Tengo 13 años y me gusta hacer deporte. Me doy cuenta de cuantas cosas me perdería si entro en el juego de las adicciones.
    Este articulo está escrito para los jóvenes y no tan jóvenes y me parece muy interesante.
    José Antonio escribe muy bien, tanto en la forma de hacerlo como en el contenido, lo que demuestra que no todos los jóvenes tenemos como meta beber, fumar y colocarnos.
    Yo me desquito de los problemas jugando al futbol, o leyendo, otros lo hacen empezando a beber, toman pastillas o fuman.
    Javier Muñoz Pellín dice:
    “Nos ha metido vd toda la lección en una columna. Yo fumo cinco cigarrillos diarios y una o dos cañas y no me considero un drogadicto”
    Entonces, según usted, si empiezo a fumar cinco cigarrillos diarios y tomarme dos cañas ¿no pasa nada y me asegura que no voy a convertirme en un drogadicto o voy a ir subiendo la dosis? ¿No sería mejor no empezar y evitar las tentaciones para ahorrarme problemas?
    La respuesta de José Antonio es correcta y no lo ofende, pero usted si lo hace. Debería agradecer que hayan jóvenes que piensan como él. No estamos hablando de salud espiritual, hablamos de salud física. No creo a la gente que dice “yo controlo” “sólo son cinco cigarrillos, o sólo bebo los fines de semana” porque en momentos de depresión o tristeza uno se encuentra débil y echa mano de lo que sea.
    Muy bueno el articulo José Antonio.

  5. Padre Muñoz:lo de la analogía impropia y proporcional no parece que lo haya escrito con un evangelio en la mano sino más bien con un código penal actualizado.La adicción no se define
    por la cantidad de veces que se realiza una conducta,lo que la caracteriza es su matiz volitivo en cuanto el sujeto adicto es incapaz de dejar de conducirse de ese modo aunque se lo proponga.La compulsión es una forma de ejecución de la conducta.No es la conducta en si misma.El DSM es una clalsificación anglosajona pensada y realizada pory para psiquiatras,no para psicólogos.
    Ud,señor cura¿puede dejar de fumar esa cantidad de cigarrlilos que refiere y esas cañas si se lo exiige a sí mismo?Yo creo que las cañas sí pero los cigarros no.Ud podría decirme que no tiene ninngún interés en reprimir tan «saludable» acto de fumar y yo le respeto.Pero en vez de consultar protocolos católicos romanos le propongo que repase LUCAS,4.Más sencillo y ejemplar.En cuanto a la «salud espiritual» perdóneme,pero no veo relación alguna entre las
    dos categorias.La salud se refiere a una serie de parámetros bien definidos y la espiritualidad describe un conjunto de creencias y sentimientos que no admiten el contrario de enfermedad y´, «mutatis mutandi»(no mutandis mutandis),los calibraría la moral ¿o no?.
    Un saludo
    ES

  6. Admiro su perspicacia, Sr. Enrique Serrano, pero creo que está de mas.

    Soy la madre de Luis C.C, y sí, estoy, más que indignada, sorprendida por los comentarios del cura, que tan aludido se ha sentido con el articulo. Pero he de decirle, para su curiosidad, que el comentario de mi hijo es íntegramente suyo, y que tan sólo he revisado, dentro de mis posibilidades, algún pequeño error de sintaxis. Es mas, le he aconsejado que no lo publicara, porque me preocupa que se exponga a las críticas y la incomprensión. No obstante, sí que le pedí que leyera el artículo al considerarlo de su interés. Su inquietud ha hecho el resto.

    José Antonio me parece un chico inteligente y un claro ejemplo a seguir. No puedo decir lo mismo sobre otros ejemplos.

  7. Gracias, Enrique.
    Y sí, está usted acertado: no fumo ni consumo ningún tipo de droga. Y creo que es el resultado de la educación que me han dado mis padres, ya que ni mi padre ni mi madre fuman. Es más, en mi familia (abuelos, tíos, primos) pocas personas fuman. Y me siento orgulloso de todos ellos, sobre todo de los familiares que han dejado el tabaco.

    Un saludo.

  8. A la madre de Luis C.C.: Estoy de acuerdo en que su hijo es un dechado de virtudes, pero reconocerá que el trato que vd me ha dado no ha sido muy afectivo.

  9. En primer lugar, gracias por haber leído mi artículo. He de decir que este es el primero y no sabía como iba a responder la gente. Además, por lo que he visto, este tema no se ha tratado antes en este medio.
    En segundo lugar, gracias Luis C. C. Me alegra saber que hay más jóvenes que no se dejan llevar por el mundo de las drogas. Es muy importante tener claras las cosas. Además, de alguna forma practicando deporte demuestras que éste tiene una gran labor social aunque mucha gente la quiera negar. Hay estudios que demuestran que practicar deporte previene el consumo de drogas. Y sí, ante todo estamos hablando de salud física y de salud mental, porque las drogas afectan a las dos. Tienes razón: empezar tomando cinco cigarrilos diarios puede hacer que te vuelvas adicto, más que nada porque comenzarás a asociar la toma de cigarrilos con, por ejemplo, la hora de desconectar o con algo plácido y entonces cada vez que te sientas mal tenderás a ir a fumarte un cigarrillo.
    En tercer lugar, Enrique Serrano: no sólo tenemos el DSM, tenemos el CIE. Además, en la elaboración del DSM-IV han colaborado muchos psicólogos (todos ellos clínicos). En cuanto a lo que ha comentado, he de decir que estoy de acuerdo.

  10. Sr. Muñoz: No desvirtúe el contenido del artículo ,que este joven tan sabiamente ha plasmado. No de por bueno, fumarse cinco cigarrillos, y tomarse dos cañas. Porque si no me equivoco, va dirigido a los jóvenes que son más vulnerables. No hace ninguna falta que nadie les motive y de ejemplos para que se inicien en adicciones.
    Le recuerdo, que lo que usted representa es una opción. por tanto, usted puede prescribir lo que crea conveniente. Y, en última instancia el sujeto es quién decide sobre su vida.

  11. Sr.Marco:
    Da la impresión de ser ud un estudiante aplicado y además una persona agradecida,cualidades que le honran.Le invito a seguir conservándolas.
    No se ofenda por lo que le he dicho respecto al DSM.Disfruto de la amistad de varios psicólogos y se con la fruicción que os gusta hablar de él.EL CIE es parecido al DSM pero
    a la europea.Permíteme que explique al foro las siglas de marras:ambas son una clasificación
    de las enfermedades mentales en el sentido de realizar un diagnóstico diferencial de las múltiples y compartidas carácteristicas clínicas.Los que hemos tenido que estudiar ambas dos
    sabemos el cajón de sastre que en realidad las caracteriza.
    También intuyo por lo que he inferido del talante de su artículo que ud. no fuma.Adelante
    también le animo a que no lo haga jamás.Ní uno,ní cinco,ní veinte.
    Un saludo,
    ES

  12. Luis .C.C.
    No creo que usted tenga 13 años.Parece mejor la contestación de un indignado padre.No obstante comparto sus costumbres.
    Un saludo,
    ES

  13. Por favor, Sr. Pellín, tenga usted un poco de compasión consigo mismo y de dignidad, hágase cargo de su situación, y retírese discretamente a su intimidad. Y si puede, pídale ayuda al Señor.

  14. Manuel: son muchos los factores que influyen en que una persona se vuelva adicta a una sustancia. Entre estos factores está el entorno (amigos, familia, compañeros de trabajo, etc), la sustancia, la susceptibilidad de esa persona (lo influenciable que puede ser una persona), etc.
    La cantidad influye mucho en la adicción, y la voluntad también. Si una persona se ve capaz de dejar el tabaco, hará lo imposible por dejarlo: terapia, evitación (como en su caso), parches, etc.
    En su caso, por lo que ha dicho, el hecho de asociar el almuerzo en el trabajo con tomar un cigarro hizo que le costara mucho dejar el tabaco. Pero al tomar la decisión de irse a dar un paseo en lugar de almorzar como era habitual, hizo que rompiera de alguna forma esa asociación Bocadillo-cigarro. Me parece muy bien lo que hizo porque ese es el mejor camino a seguir en una desintoxicación. Enhorabuena.

  15. Tal vez llegue tarde, pero ahí va mi experiencia.

    No soy especialista en el tema y por lo tanto es posible que meta la pata al afirmar, pero soy de la opinión de que la adicción no consiste en la cantidad de producto ingerido, sino en la dificultad-voluntad para dejar de consumirlo.
    Pongo por ejemplo mi caso:
    Nunca fui fumador empedernido. Una cajetilla y media de cigarrillos a la semana; a lo sumo dos.
    Pasado un tiempo de varios años comencé a fumar menos, sin planteármelo, pero mira por donde, el cigarrillo de después del almuerzo y de la comida, lo necesitaba.
    Un día me dije: ¿por qué no dejas estos dos?, y me planteé dejarlos.
    Conseguí dejar el de la comida, pero seguía con el del almuerzo; hasta que dejé de comprar la cajetilla cuando la última se agotó, pensando que, disponer de él, era el motivo por el que me apetecía fumarlo.
    A partir de entonces apareció el calvario.
    Terminado el almuerzo, iba a pedir un cigarro al compañero de trabajo que más confianza y amistad tenía. con el propósito y convencimiento de que al día siguiente no lo pediría. Así, estuve varios meses, y lo criminal de ello, es que me decía: Manuel, eres un gorrero y eso es vergonzoso. ¡Mañana no fumas!.
    Ni por esas.
    Hasta que llegó un día en que me dije: ¡¡Manuel, mañana de ayer es hoy y toca!!, así que ya no se fuma más. Me tuve que marchar de la fábrica a pasear y distraerme, por que me era imposible concentrarme en el trabajo.
    Así dos o tres días, hasta que ya me pude controlar.
    Cuando en ocasiones he comentado el tema, siempre se me responde: lo dejaste por que no tenías nicotina en la sangre y por ello no sentías el ansia de fumar.
    Y yo respondo: Si el motivo es por que la nicotina en la sangre te llama a fumar, ¿por qué no se despierta el individuo cada media hora para calmar el ansia cuando se está durmiendo?. ¿No será que en esos momentos, el que no está, es el individuo?
    Es por ello que considero que la adicción no depende de la cantidad, sino de la voluntad. Del dominio de si mismo.

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