Art. de opinión de Eladio Aniorte, Presidente de Jóvenes Agricultores ASAJA Alicante

Fin del verano

Ahora que termina el curso agrario, ha llegado el momento adecuado para realizar balance, analizar los problemas presentes y determinar las actuaciones a emprender en el futuro con el firme y difícil, pero a la vez apasionante objetivo de poder solucionarlos. Una vez finalizada esta ardua tarea, no engaño a nadie si le informo de que a todos los agricultores de la provincia de Alicante nos preocupa y mucho el poder quedarnos sin el agua suficiente para garantizar el desarrollo adecuado de nuestros cultivos.

Muchas personas del campo hemos seguido con atención las ‘cabañuelas’ de agosto, que terminaron el pasado miércoles y se han utilizado tradicionalmente para poder vaticinar el tiempo que se registrará durante los próximos meses. ¿Lloverá o no lloverá? ¿Permitirá el cielo que tengamos buenas campañas? Las conclusiones que hemos podido alcanzar no son nada halagüeñas, como tampoco lo son los apuntes difundidos por meteorólogos que recurren a métodos científicos. También creen que las precipitaciones serán escasas en el sureste peninsular.

Mientras se nos presenta este futuro oscuro, observamos con una preocupación sublime como el agua embalsada disminuye semana a semana desde el pasado mes de mayo al ceder, pero apenas recibir aportes hídricos. Las temperaturas bochornosas que estamos soportando también han acelerado la evaporación de nuestro preciado y limitadísimo oro líquido. ¿Quedará agua suficiente para nuestros riegos? ¡Ay, qué sin vivir!

Encima, estamos soportando determinadas ideas difundidas en la Semana Mundial del Agua, que se está celebrando en Estocolmo, que atacan de manera directa al desarrollo agrícola. Si bien apoyan que este sector es básico para la humanidad por la producción de alimentos y por potenciar la riqueza medioambiental, al poder crear y favorecer la perpetuidad de los ecosistemas, algunos se han ‘lucido’ con el tema del agua. Estos han dicho que hay que limitar la superficie agrícola y recurrir a los cultivos de secano para ahorrar agua. ¡Qué fácil! Hemos realizado el mayor esfuerzo posible en el uso sostenible de los recursos hídricos, implantado sistemas de regadío, recurrido a otros que dirigen el líquido directamente a las raíces para no desperdiciar ni una sola gota y ahora se plantean quitarnos las tierras, obligarnos a mantenerlas improductivas o a plantar lo que a ellos se les antoje, que además no permite obtener ingresos suficientes. ¡Nos tratan a patadas! Hay otros métodos más racionales, coherentes y acordes con nuestros tiempos. Nosotros no queremos el líquido elemento para regar el césped con aspersores, sino para producir alimentos, crear medioambiente y mantener el empleo de nuestras familias. Lo único que no podemos permitirnos es echar a perder al mar litros y litros de agua cada segundo. Hay que aprovechar al máximo los recursos disponibles sin ocasionar daños, lo que además es posible gracias a cálculos objetivos que se realizan para cuantificar los volúmenes excedentarios en un momento determinado. Los agricultores sólo pedimos el agua que sobra y siempre que sea posible cederla. No ocasionaríamos ningún daño porque el principio de prevalencia de los intereses de la cuenca cedente está protegido por ley. En resumidas cuentas, nadie saldría perjudicado, pero han politizado y creado un problema justo donde no lo hay.

Y aunque parezca contradictorio, con determinados políticos es con lo único que podemos obtener algún punto positivo en cuanto a lo que a materia hídrica se refiere. Desde ASAJA Alicante aprobamos las reacciones reivindicativas de trasvases. Ahora bien, aprovecho estas líneas para realizar un llamamiento a todas las instituciones que ‘venden’ que trabajan por la provincia para que realicen una defensa concreta de lo que bien se merece esta tierra: la llegada de agua del Ebro. Que pidan, como ya hizo el poeta por excelencia de mi querida Vega Baja, agua para los ríos secos. Escribió y acertó Miguel Hernández: “Donde no haya río, habrá/canales a agua y granito,/ que están pidiendo en un grito/ el Tajo y el Ebro ya”.

El problema hídrico en su triple vertiente: escasez, calidad y precio, se suma a otros muchos que soportamos cada día como los escasos márgenes de beneficios, situación que ha obligado al abandono de numerosas explotaciones familiares, mientras que los grandes magnates del próspero negocio de la agroalimentación continúan ‘forrándose’ a nuestra costa. Este problema es grave y pasen los veranos que pasen, las campañas empiecen, estén a mitad o finalicen, nunca se soluciona. A este curso, encima, tenemos que sumar también los graves daños ocasionados por la crisis del E. Colli y por los disturbios causados por los franceses, que se han dedicado a bloquear nuestros camiones de frutas y hortalizas durante los meses estivales. Este problema lo solucionaríamos fácilmente con la ejecución del Corredor Mediterráneo, pero para ello tendría que pasar por Alicante. Recta final del verano, punto y final de mi reflexión.

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