Art. de opinión de Luis Beresaluze Galbis

LA CRUZ

Estoy pensando en la cruz. Como soñando. Soñando despierto. La tengo delante. Dos palos atravesados. Uno largo y otro corto. La mas elemental construcción de madera, la forma objetiva mas simple, para acoger a un cuerpo largo y unos brazos extendidos. No hacía falta mucho ingenio. Mas fácil inventar la cruz que concebir la rueda. Aparte de que preocupe al hombre, mucho antes, matar y hacer sufrir, que perfeccionar el transporte. Primero matar. Luego, ya acarrearemos. O a rastras…

El pensamiento te conduce a donde quiere. Ahora estoy ante una cruz, ante la Cruz. ¿Soñándola? Ante un chisme, un objeto, la obra mas rústica de un carpintero. Cristo no está aún, por lo menos, clavado en ella. O ya lo estuvo, porque a la que estoy considerando, se la ve con señales de haber sido claveteada. A lo mejor, o peor, es que ya fue usada para lo mismo, otras veces. Los judíos eran ahorrativos y los romanos, prácticos. Por lo visto estoy meditando sobre aquella…

La madera de esta cruz fue antes árbol. El David de Miguel Ángel estaba, antes, en una roca. La roca lo ignoraba. Pero David estaba allí dentro, inscrito, como prodigiosa posibilidad. Desde el principio de los tiempos. Sembrado en el carbonato de cal. Esperando las manos de Buonarroti. La Iglesia de Cristo estaba también en una roca, que pescaba en forma de hombre. En la roca de Simón Pedro, “Cefas”. El árbol en cuestión, fue, antes, una mínima y subterránea avidez de cielo. Un ansia de luz. Una tendencia a crecer y producir oxígeno. Un ensueño de clorofila, un afán de verde (otra forma del agua) que circulaba, hacia arriba, por la torrentera de savia de su tronco, contra la ley de la gravedad. El árbol es la suma de dos crecimientos. Hacia abajo, en la tierra, con las raíces y hacia arriba, con las ramas, en la antesala del Cielo. Un tronco del que salían ramas, lateralmente, como brazos crucificados, para llenarlo de hojas y pájaros. De frutos y de nidos. Y en ese árbol concretísimo, estaba incorporada la cruz, el último destino de Dios hecho Hombre.

El tiempo es la materia de la eternidad y en nada que no sea mineral, como en la madera, se ve mas manifiesta esa organización del espacio transcurrido, hasta en círculos concéntricos, del tronco del árbol. Dios sangró por la naturaleza de la madera. El tronco se auto regala, cada cumpleaños, un anillo nuevo.

La madera acompaña a los hombres en el último viaje. A Jesús, lo acogió vivo, como plataforma para morir. La cruz de Cristo, clavada en el suelo del monte Calvario, se ha convertido en el árbol emblemático de la ecología de la Salvación. Nunca pudo soñar aquella semilla, aquel proyecto enterrado, aquello que se convertiría en un ansia infinita de aferrarse a las alturas del aire, buscando el sol cada día mas arriba, que haría de catapulta hacia el Cielo para el mejor Hombre entre los nacidos. Cristo, la Pasión, la Salvación, los Evangelios, la Biblia entera, condensada y resumida, todos los libros santos futuros y aun anteriores, estaban en aquel propósito de celulosa, ignorado, en el suelo. La Biblia, a propósito de Adán y Eva, habla del árbol del bien y del mal. Yo puedo hablar ahora, nosotros todos, del árbol de la Salvación, de la madera de la Redención, de aquel tosco puñal de estacas clavadas en el corazón de María, que fueron el vehiculo de los planes de Dios.

Yo soy, ahora, la cruz de Cristo. Yo su Pilatos, el espinar de su frente, su Caifás y su Judas. Me lo sugiere la idea de aquel artilugio de soportada tortura. Lo soy, cada vez que le falto.

Te clavaron por mí, Jesús. Yo te remato cada vez que me pongo de espaldas a tu cruz. Siempre que me constituyo en tu fracaso. En tu muerte en vano.

Pienso en Ti, clavado en esa cruz como un mensaje publicitario en lo alto de la colina, y me veo pasando de largo, indiferente, latiéndome, como siempre, el corazón miserable, entre la inercia envilecida de la carne. Todo tan exacto. Todo tan sin sentido. La cruz. Tu. La cruz, yo. Yo tu cruz obstinada, insistente, contínua. Ni de madera seca tengo el alma.

Te dejaste crucificar por mi, que te sigo crucificando. Te llevo en el pecho pero por fuera. De oro. Algo valioso, siquiera, por el material. En forma de adorno. Como una ostentación preciosa del cristianismo que no se vivir del todo. Un símbolo. Un objetito mascota, aproximadamente, materializador de una casi hermosa superstición. Refulge entre el vello de mi torso, que ya argentea, convertido en un emblema cultural. Tú, convertido en fetiche. Toda esa es la cruz tuya que soy capaz de compartir. Y lo peor es que me doy cuenta. Una cruz frívola…

La cruz es, objetivamente, una síntesis de plomada y nivel. La plomada, verticalidad terca y absoluta. Obsesionada por el suelo, apuntando al centro de la tierra, clavada en ella, al fin. El nivel, serenamente horizontal, extendido, como una infinita sucesión de puntos, todos ellos urgidos de apaisamiento y orden lineal. La cruz es gravedad y horizonte, atravesados.

Noventa grados de tangencia rota. El misterio de Dios, representado por el utillaje simplicísimo del carpintero. Norte sur el soporte. Este oeste los brazos,
planos y tendidos. Gravitación y vuelo. Lo propio para la muerte del Salvador, por su unión a la tierra, como Hombre y su despegue hacia el Cielo, con los brazos abiertos del alma, como Dios.

Un objeto rudimentario, sencillo, trágico, que se me transforma, como símbolo de mi fe, en un árbol de sombra infinita. Me acude a la mente la idea de una mariposa sobre una flor, como un pleonasmo de belleza. No se a qué propósito, cuando medito en un objeto que, de hierro, hubiera interesado a Chillida, tan lleno de espacio por los cuatro sobacos. Tan ocupado por el hueco, a derecha e izquierda, por arriba y por abajo, del centro vertical, vestido por el sufrimiento corporal de Dios.

Hablo a un par de tarugos de madera. Como si tuvieran vida. La que soportaron, mientras se acababa, atada a su silueta oprobiosa. Al árbol predestinado, que fué. A la flor que produjo su semilla. A la tierra en que medró su tronco. Y al carpintero que lo cortó, con destino al otro Carpintero. Es posible hablar con las cosas. Y, hasta que estas te escuchen. Parece que estoy viviendo un sueño, muy despierto.

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5 COMENTARIOS

  1. La cruz, querido Luis, es el símbolo del cristianismo, de nuestra religión, basada en el sufrimiento, en el dolor, en la pena.

    Todos pasamos y sufrimos nuestra cruz. Tu la pasas, como yo y como todos, pero yo me aferro al Jesucristo que da amor, que lo contagia, que nos lo obliga. Ese es mi Jesucristo, en que yo creo y al que amo.

    Esta vida, más o menos llevadera, pero dura al fin y al cabo, los hay con más y con menos cruz, con más o menos sufrimiento.

    Ese objeto rudimentario que nos describes me asusta, no me gusta.

    Pero sé que, antes o después, la sufriré. Nadie se libra de ella. Nadie puede sortear el sufrimiento, y ésta es la cruz, por eso no me gusta.

    Ni me gusta que mis amigos la lleven, y si la llevan, que sea lo más ligera posible. Lo deseo de todo corazón y lo sabes.

  2. La crucifixión era sin duda las más cruel y humillanmte forma de morir de la Antiguedad. Instrumnento ide tortura y síbolo del sufrimiento,dolor sufrimiento y una larga agonía especialmente reservada a los más abyectos delincuentes.
    Solo con pensar en esa horrible forma de morir nadie puede resultar impasible ante la Cruz, un trozo de madera que representa la pesada carga que supone ser

    La Cruz es la metáfora del sufrimiento, el símbolo del sacrificio cristiano ,preside la celebración eucarística , hacer la señal de la Cruz es confesar nuestra fe ,pero la Cruz también es un símbolo de la ignominia.de la más absoluta injusticia,de la forma más cruel y humillante de matar que tuvo la Antiguedad y que con el paso del tiempo acaba convirtiéndose en una joya ornamental para curar vanidades.
    Decía un santo italiano que casi todos vienen para que les aligere de su Cruz pero pocos son los que vienen par que les enseñe a llevarla.
    Y es como dice Wifredo, todos llevamos nuestra propia cruz ,llegó un día de forma inoportuna.cuando menos la esperábamos y la tenemos que soportar de forma estoica pero cuando la vida nos aprieta y agobia miramos a nuestro alrededor y podemos comprobar que los demás soportan aún una cruz mucho más pesada que la nuestra.
    Nadie es indiferente ante la Cruz, ni siquiera el no creyente,esta ahí y representará siempre una acción injusta y cruel del Poder contra un inocente.La salvación para el cristiano.
    Hoy siguen habiendo crucificados en esta Tierra, están en el cuerno de Africa, en Somalia, en cualquier lugar de este planeta en que hay gentes, hombres,mujeresy niñoi que cargan con una pesada Cruz,la más terrible de todas, la del hambre, la miseria y la falta de esperanza de vida,mientras el resto de la Humanidad permanece impasible ante las dimensiones de esta tragedia humana .
    Dicen que Cristo murió en la Cruz por todas nosotros pero hoy más que nunca conviene recordar que ha muerto también por los crucificados del siglo XXI, esas víctimas de la indiferencia,la verdadera Cruz de los pobres.

  3. Cuando leo estas palabras tan bellas sobre la Cruz y Jesús de Nazaret, mi alma se regocija y como creyente que soy pienso cuando me levanto por la mañana: Padre mio celestial, que bonito amanecer que veo ante mi brillar, que me llena de gozo el alma, y de clara visión tu gracia de sentirme arropado de tu providencia santa y de tu bella fragancia, para que mi mente se ilumine de tu luz y que las semillas que esparces sepamos acogerlas y multiplicarlas para dar testimonio de tu amor sobre todos tus hijos.

    Luis leo tus artículos, y en los referidos al mas alla estoy en armonía contigo, gracias por tu sensibilidad.

  4. Querido Luis:

    Muchas felicidades y muchas gracias por tu poema. Me ha hecho recordar al Himno «Crux Fidelis» que la Iglesia canta el día de Viernes Santo.

    Un fuerte abrazo de un «colmao».

  5. Querido LUIS:
    Sobre tu prosa,poética,poco o nada se puede anadir……Pemiiteme que descienda a lo terrenal,para comentar que la CRUZ la llevamos TODOS a cuestas,desde nuestro nacimiento…..Asi lo ha querido DIOS,desde que ADAN y EVA fueron expulsados del paraiso,al cometer el primer PECADO…….Y sus consecuencias,fueron: Trabajo, sudor,fatiga,enfermedades,hambre,insolidaridad…..Esto es con lo que nos encontramos en la vida,al nacer…..UNOS lo pueden soportar,por su situacion privilegiada y sin mucho esfuerzo……OTROS,la inmensa mayoria,viven arrastrando su pesada cruz,sin esperanza en todo aquello que les rodea……Algunos,de estos,salen de esta situacion, con gran esfuerzo,con voluntad y con una personalidad definida….Pero,en ese nuevo estado, siempre esta presente la CRUZ….aunque su peso se soporta mejor…..Los otros,la mayoria, malviven,entregados a su destino,sin ilusion,sin esperanza….UNOS POCOS pueden remediar esta situacion, pero no esta en su ideario PERSONAL NI POLITICO y, con esta actitud,la situacion degenera……..
    ES CIERTO que solo existe una formula para paliar esta situacion…..Esta en el mensaje que CRISTO les dijo a sus discipulos: «AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS,COMO YO
    OS HE AMADO»…….Solo cuando exista el AMOR,en los corazones de la MUJER Y DEL HOMBRE,se conseguira que la CRUZ sea mas llevadera, para TODOS…..Hecho,que en ti y en tu querida esposa, existe en abundancia,haciendo que vuestra CRUZ sea gloriosa.
    Un fuerte abrazo.Ricardo Abad Gonzalez.

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