Art. de opinión de Vicente Díez García

¿Qué clase de ciclismo podríamos ver en el nuevo velódromo?

Ya dije en su día que la pista es la verdadera universidad para el ciclista. Por ella pasaron y siguen practicándola, grandes nombres de la historia del pedal. Excepto subir montañas, cualquier otra especialidad se desarrolla mejor en la pista que en la carretera y con menos peligro, pues no hay vehículos.

-) De todas las modalidades, para mí destaca como la obra maestra el record mundial de la hora en pista. No todos los profesionales tienen acceso a intentarlo; sólo a quien designe la UCI (Unión Ciclista Internacional).

Su larga historia habría que dividirla en cuatro épocas: la primera fue la de los especialistas de la pista, o pistards, y comenzó en 1.893; el primer recordman fue Henri Desgrange, periodista de profesión y posterior director del Tour de Francia. Este enamorado de la bicicleta superó los 35 kms/h en el velódromo Buffalo (París). Destaca en esta primera fase la rivalidad que desarrollaron el suizo Egg y el francés Bartett, superándose mutuamente en varias ocasiones en los años 10. Después hubo otros ciclistas que elevaron el registro previo, incluso un escalador francés de los años 30, Archambaud y la distancia recorrida fue aumentando hasta superar los 40 kms/h.

La segunda época fue la de los ases de la carretera o routiers; para mí, la más gloriosa por la leyenda de los que lo consiguieron No cabría en este artículo ni siquiera un resumen de las victorias más sobresalientes de cada uno de estos grandes mitos del pedal. Comenzó en 1.942, en plena II Guerra Mundial y oyendo de cerca el bombardeo que la aviación inglesa infringía a Milán, en el velódromo Vigorelli, «il campionissimo» Fausto Coppi dejó el record cercano a los 46 kms/h. Duró catorce años esta marca, hasta que «monsieur Chrono» Jacques Anquetil, un joven francés que ya era mucho más que una promesa, superó la barrera de los 46 kms/h. Sólo retuvo su hazaña tres meses, pues otro transalpino «que parecía comerse al mundo», Ercole Baldini, recuperó para Italia el título. Un nuevo ciclista galo, «el vendaval de Saint Etienne» Roger Riviêre, lo elevaría a más de 47 kms/h… Y en este record dejaron su marca en años posteriores muy buenos ciclistas, hasta llegar al más recordado de todos, un belga que todavía conserva millones de admiradores, «el caníbal» Eddy Merckx en 1.972, quien llevaría la distancia recorrida en los 60 minutos hasta casi los 50 kms/h.Se decía que nadie superaría el record de Merckx; pero, años después…

La tercera época es la de aerodinámica: las bicicletas y su diseño tuvieron tanta importancia en la consecución del record como la aportación del ciclista y su esfuerzo. Esta época comenzó en 1.984 y vimos al italiano Francesco Mosser con rueda lenticular trasera, quien superó los 51 kms/h. De esta época, también es el británico Boardmann… y así llegamos a ver, entre otros, al «extraterrestre» Miguel Indurain (Burdeos, 1.994) quien, con su modelo Espada, traspasó los 55 kms/h. Apenas 50 días le duró este honor al navarro, pues uno de sus mejores rivales en la carretera, el suizo Toni Rominger sobrepasó los 56 kms/h. También lo consiguió otro británico, Graeme Obree, con una bici que parecía hecha con piezas de bólidos de Fórmula-1: del cuadro sobresalía un tubo casi vertical para apoyar el manillar, que a su vez era lineal, parecido a las bicis de paseo y que llevaba prácticamente pegado al pecho… Estos últimos ciclistas ya casi se parecían a los atronautas por su vestimenta, colocación y bicicletas.

Y actalmente, la cuarta época: para mí, la de la lógica, pues no terminaba de gustarme la de la aerodinámica. Asumo que todo invento humano evoluciona, pero un record ha de intentarse en igualdad de condiciones a lo largo de su historia, aunque no se evitará que mejoren las aleaciones de los metales empleados en las bicis, así como la longitud de las tijas del sillín y manillar, o de la barra horizontal del cuadro. Admitir la erodinámica sería como intentar comparar las prestaciones de un «600» con otros automóviles posteriores, hasta llegar a los de Fórmula-1. Esta última época es la de la vuelta a las directrices de la UCI, que revisa previamente la bici del aspirante a recordman. Se dieron por nulos los regustros superiores a 54 kms/h, invalidando los de Indurain, Rominger y Obree y se partió de nuevo desde el record de Chris Boardmann. A propósito de este ciclista: fue campeón mundial contra reloj (1.996) e incluso, lider del Tour de Francia; actualmente, es técnico de su Federación para la próxima Olimpiada (Londres, 2.012) y ha propiciado que otros compatriotas sigan su ejemplo; entre éstos destaca Mark Cavendish, uno de los mejores sprinters actuales, algo aprendido y practicado en la pista.

-) Otra modalidad del ciclismo en pista el medio fondo, más conocido por tras moto. El ciclista va acoplado a un rodillo que lleva la moto precedente y si el ciclista se retrasase de su moto stayer, quien ha de llegar a la meta y al que se cronometra es al ciclista. Fue inolvidable Guillermo Timoner, natural de Felanitx (Baleares) y con seis títulos mundiales. Por cierto, esta comunidad autónoma es cantera de los mejores ciclistas hispanos de pista, como Jaime Alomar, Gabriel Más y recientemente, Joan Llaneras quien consiguió siete maillots arco iris en otras especialidades del piñón fijo. Timoner tenía su técnica para vencer y solía darle buenos resultados: salía a medio gas, incluso perdía alguna vuelta con relación al destacado, pero tras la mitad de carrera, se le oía en la tele gritarle a su stayer: «¡Más…más!» . Parecía que empujaba a la moto.

-) El scratch; similar a una prueba en línea: se dan una serie de vueltas a la pista y el sprint final decide la clasificación. Quizás sea la modalidad menos espectacular, pues se parece bastante a las de carretera.

-) La puntuación: en la que los ciclistas disputan 5, 3, 2 y 1 puntos cada X vueltas, o cada X minutos y con puntuación doble (10, 6, 4 y 2 puntos) a mitad y final de carrera. El corredor o corredores que alcance por detrás al grueso del pelotón, recibe 20 puntos más.

-) Carrera a la americana: se forman parejas de ciclistas, ambos con el mismo número de dorsal; el desarrollo es idéntico a la de puntuación y ambos ciclistas de la pareja pueden relevarse; se sujetan por la mano y el que estaba en carrera, lanza a su pareja para continuar puntuando. El que cedió el relevo se aparta a la zona alta del velódromo y va más despacio, para recuperarse. El número de puntos conseguidos y de vueltas perdidas se le contabilizan al que se incorporó a la carrera. Esta modalidad y la de tras moto no suelen verse entre aficionados, sino con profesionales.

-) La eliminación: como su nombre indica, a partir de la 2ª ó 3ª vuelta, en vueltas alternas se elimina al último corredor que llegue a la línea de meta y se toma como referencia la rueda trasera.

-) La persecución (individual, o por equipos): en la individual, se coloca un ciclista en la meta y su rival, en la contrameta. Tras una serie de vueltas, vence el que llegue primero a su línea de salida. Y si uno de ellos alcanzase a su rival, éste quedaría eliminado y el que logró alcanzarle ha de continuar hasta su final, para cronometrar el tiempo empleado. Casi idénticos requisitos se piden a los equipos, de cuatro ciclistas, quienes tras relevarse en cada peralte, intentarán alcanzar a sus rivales. El tiempo a cronometrar es el del tercer ciclista de cada equipo.

-) Persecución a la italiana: parecida a la persecución por equipos; dos grupos de tres ciclistas cada uno, salen de meta y contramenta en perfecta alineación. Al llegar a su primera vuelta, el primer ciclista de cada equipo se sube al peralte, apartándose de sus dos compañeros, que continúan en carrera. Se repite una nueva retirada al completar la segunda vuelta y de cada grupo, continúa lanzado su líder respectivo y vencerá el que pise antes su lugar de salida.

-) El kilómetro (lanzado, o con salida parada): es una carrera contra reloj y vencerá quien menos tiempo necesite para completar los 1.000 metros del recorrido.

-) El keirin (prueba de origen japonés): los ciclistas siguen a un motorista stayer sin sobrepasarle, quien poco a poco aumenta la velocidad. Cuando suene la campana, faltará una vuelta. El stayer se aparta a la zona baja del velódromo y los ciclistas disputan el sprint final.

-) La velocidad: dos rivales en la pista y se sortea quién saldrá delante en la primera mitad, pues el que sale detrás (a rueda), tiene la ventaja de vigilar al que le precede. Suelen ir despacio hasta dar una vuelta; entonces, ya pueden hacer plantarse (el stage), moviendo apenas la rueda delantera hacia los lados para guardar el equilibrio y se descalificaría al que retroceda o se apoye con un pié en el suelo. Pueden estar varios minutos plantados, hasta que uno de los dos decida tomar la iniciativa y avanzar; la velocidad va aumentando en esta segunda vuelta y se cronometra el tiempo de los últimos 200 metros. La segunda mitad repite el proceso, inviertiendo el orden de salida y si hubiese empate a triunfos, nuevo sorteo en un tercer y definitivo intento.

…. Y así, hasta un total de 25 pruebas , o modalidades distintas con el piñón fijo.

De las fotografías aportadas, detallo que en la primera se ve al noveldense Luis Navarro Amorós entrenando en pista junto al inolvidable Miguel Poblet «el bebé de Montcada» . En la segunda se ve a otro noveldense, Miguel Angel Toledo García (de la saga «Candela»), quien consiguió cuatro títulos de campeón nacional en pista; años después, fue seleccionador autonómico; hoy «sigue al pié del cañón» , impartiendo experiencias. En la tercera vemos a Navarro como seleccionador provincial de pista («quien fue cocinero antes que fraile, lo de la cocina, bien lo sabe»). Y en la cuarta se ve la selección nacional: de pié, el segundo ciclista por la izquierda es Joan Llaneras; el tercero, Miguel A. Toledo y el sexto, Abraham Olano. Hoy, destaca a nivel nacional con tres títulos, un chaval de 18 años y vecino de esta ciudad, Julio Alberto Amores Palacios, el «amo» del piñón fijo y una frme promesa en la ruta. Podría llegar muy lejos, ojalá.

Acabo reseñando que en velódromos norteamericanos, australianos, británicos y japoneses, el espectador puede apostar dinero por los resultados de cada prueba y por la clasificación final de la reunión en esa pista. ¿Veremos algo así, aquí, en Novelda?

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