Art. de opinión de Luis Beresaluze Galbis

Culología

Me acuerdo muchas veces del invidente alemán, cuando veo a tantas señorías, sentadas en el hemiciclo del Congreso, perfectamente aburridas, haciendo bulto, esperando a pulsar el botón del botín cuando les ordenen, y tocándose, literalmente el culo. Lo que tienen colocado sobre el escaño. Escaño aunque la señoría sea hembra y la palabra tienda a juegos mentales poco honestos.

Un psicólogo alemán, residente en la villa de Meldorf, al noroeste de Hamburgo, ciego pero palpable o palpador, ha descubierto, según se leyó en la prensa, en la esférica submochila de los glúteos, información sobre el carácter, personalidad y destino de las personas. Dime como tienes el culo; mejor, déjame que te lo toque, y te diré quien eres. Un culólogo. Explorando nalgas, adivina porvenires. Manoseando traseros, viene en conocimiento de lo que cada cual tenga por delante, de cara al futuro. Históricamente, quiero decir.

No es mal oficio el del tudesco. No ve, pero toca. Los ojos en la punta de los dedos. O en toda la palma de la mano, vaya usted a saber. Toca lo suyo y lo de alguna amiga…Y adivina, en la ebúrnea curvatura que se inicia por debajo de la cintura, el modo de ser y de estar, (algunas señoras, muy buenas, por cierto), por acariciante y grata palpación. A lo suyo no se puede llamar, como se decía antes de los sabios galenos, que tenían buen ojo clínico. Sino buena manipulación antifonaria y predictoria.

El probable doctor cara dura se llama Ulf Buck. Todo un libro el caballero, abierto para más señas, en las hábiles e indagadoras manos. El invidente va servido. Porque en esto de las adivinaciones, cartomancia y lectura de manos, las señoras son mucho mas aficionadas. Que lo digan, si no, tantos argentinos llegados a estas orillas a hacer de adivinos. Hasta en el fútbol, como el retórico Valdano. Que vive del cuento como un maharajá. Y hay damas a las que no debe molestar en absoluto, lo digo por el invidente, tocar el culo. En esas hendidas glorias anatómicas, el alemán ciego debe ponerse, más ciego. Solo faltaba que encima, el tío, las pudiera ver. Ya lindaría con el puro recochineo. Dios le ha dado esa rara habilidad para consuelo de sus oscuridades. Y él la usa, en bien de la humanidad. Sabiduría del culo, debía llamarse la figura.

Hasta ahora, videntes o no, ha habido curanderos por imposición de manos. Milagros y timos en abundancia. Pero aquello eran curaciones o mejorías operadas en el estado de salud del paciente. Lo que herr Buck opera, es una suerte de psicología digital o maniobrera, tocándole el culo a la gente. Por las buenas. Mejor, psiculogía… Podía hasta utilizar un lema casi bíblico: “Por el culo os conocereis”.

Los españoles solemos descalificar intelectualmente al prójimo llamándolo tonto del culo. Nadie podría decir esto del espabilado alemán. La ONCE debería pedir para este ciego el Nobel del no ver. (Perdón)

Y volviendo a su pintoresca actividad, a su franquicia para el magreo. Es de suponer que le llegarán clientes de todo linaje. Tendrá jornadas buenas, malas y mejores. Y hasta apoteósicas. Como cualquier clínico licenciado. Imagínense que un día lo visitan María Teresa de la Vega y la señora de Obama, dicho sea con todos los respetos. El hombre no daría crédito a sus palpadas. Entre manosear lo que dudosamente tenga bajo su vario vestuario, en la postrera anatomía, la primera vicepresidenta de nuestro gobierno y acariciar la ubérrima doble redondez de la señora de mister Barak, hay toda una galaxía, de mustio collado por un lado y abundosa hermosura, hendida por la gracia, por el otro.

Seguro que el nibelungo acabaría loco, considerando haberse perdido entre el cero y el infinito. La Vice Vogue y doña Michelle. Ahí es nada…Sin michelines ninguna de las dos…Y es que doña Obama está como para que una tribu de misioneros se la comiera, invirtiendo el rito clásico, sin preocuparse mucho por el guiso. En una suculenta merienda de blancos.

Hasta ahora, he disimulado mis miradas al trasero de las damas atractivas. Hoy, sabiendo que, además, es un tesoro de presuntos pálpitos sorprendentes e interpretativos, lo voy a hacer añadiendo, además, a mi admiración morfológica y mi discreción observadora, un gran respeto psicológico y científico.

El destino en el culo…La cara ha sido hasta aquí el espejo del alma. Desde ahora, la cifra episódica de nuestro futuro, puede estar asentada en nuestras posaderas. En nuestros plúteos y expresivos glúteos. A veces, vamos de culo. Y es que tenemos un polvorín de problemas inscrito en la nalgadera…

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