Fuimos Felices | Artículo de opinión de Francisco Penalva Aracil

Artículo de opinión de Francisco Penalva Aracil

Lo de “fuimos felices” se suele decir casi siempre, como nostalgia de un buen recuerdo amoroso. Pero la felicidad en si, es algo tan complejo y difícil de alcanzar.

Entre otras cosas, porque hay diversas formas de vivirla, sentirla. El diccionario nos dice, que Felicidad quiere decir: Persona, situación, objeto, o conjunto de ellos que contribuyen a ser feliz. En este artículo quiero referirme, a las personas, y a las situaciones que vivieron, que le ayudaron a serlo.

Recuerdo en especial, una palabras llenas de ternura de una amiga sobre su madre, una señora  mayor pero con una gran lucidez,  ademas de tener sentido del humor, algo muy importante y que te ayuda ha sobrellevar el paso de los años. Me  decía Maria que así se llama mi amiga, que a su madre le gustaba madrugar, y lo primero que hacia después de arreglarse, era abrir la puerta de su casa y asomarse a la calle. Quería recibir en su cara, su cuerpo, también en su mente, el clima que iba a hacer aquel día. Sentir (decía ella), el leve rumor del silencio de las primeras horas del día o del inicio de las mañanas. Y ver algún pájaro madrugador que volaba su libertad.

Maria era feliz escuchando a su madre, con esa forma de decir las cosas tan elocuentes; Pero que  al dos por tres, para evitar que sus palabras pudiesen parecer raras, decía algo gracioso o contaba algún chiste.

También fue recuerdo de felicidad retrasada de forma absurda por culpa de eso que tan poco ayuda a lograrla, como es la timidez, lo que me contó Manolo. El estuvo siempre enamorado de su vecina Matilde, los dos simplemente se saludaban con un hola o un adiós al entrar o salir de sus casas; la verdad es que ella no le hacia demasiado caso, pero el no podía evitar quedarse mirándola todos los días cuando salía de su casa. 

Un día la vecina de enfrente Eulalia que observaba su idas y venidas, con la escusa del santo de su hija los invito a los dos a merendar. Toña con chocolate y “pastetes”…,fue la primera tarde que estuvieron juntos, Eulalia con toda la intención los sentó uno al lado del otro. Y empezaron a hablar; “la toña esta bona” A mi me hagra mes el chocolate”, decía ella.

Este día de merienda, fue el comienzo de empezar a “festear” con frases entrecortadas como; quin dia mes bo, y cosas así a la puerta de Matilde con su madre mirando a través de los visillos de la ventana.

Así transcurrían los días hasta que llego el verano; y Manolo tomo la decisión de su vida (es broma), invitarla a una horchata a primeras horas de la tarde cuando menos gente había, en el

 Sol y Nieve, ella aunque indecisa acepto, y estuvieron por primera vez después de tantos años, sin miradas vigilantes, o con otras personas.

Al principio hablemos de cuando eramos pequeños e íbamos juntos al colegio Cervantes,me decía Manolo, y al salir paseábamos por la Glorieta con  nuestros padres,  jugando con los otros niños a “tula”, saltar la comba,  y aquellos divertimientos infantiles que se están perdiendo.

Ese primer helado juntos, fue el principio real, intimo, de su noviazgo.  Y ahora después del tiempo,  recuerdan ya casados y entre risas, junto a sus hijos también en el Sol y Nieve, aquella absurda timidez, aquella total indecisión, que les impidió haber estado juntos durante mas tiempo.

Si fuimos felices, me dijo finalmente Manolo. y lo mejor de todo es, que lo seguimos siendo.

Recordar también aquella historia de Irene y Gaspar, Su encuentro fue casual en una excursión que ambos por separado fueron al mismo sitio, el nacimiento del rio Mundo en Riopar un lugar encantado. Fue la casualidad la que los llevo a encontrase, al estar en el mismo grupo de personas que subieron  a través de un pasadizo estrecho en la pared de la montaña, a la entrada de la profunda cueva donde nace el Rio,que cae en cascada formado una laguna. Allí en aquella misteriosa cueva, y con solo la poca luz que penetraba por la entrada de la misma, y la de las linternas que llevábamos. Entrado uno al lado del otro en un momento dado nos cogimos de la mano, para evitar tropezar con las piedras.

Cuando bajemos de aquella aventura tan peligrosa, nos sentemos juntos a merendar, observando maravillados el enorme chorro de agua que caía desde dentro de la cueva, y el estrecho sendero por donde habíamos subido, sin llegar a creernos lo que habíamos hecho. Este encuentro casual fue el inició de una larga relación amorosa, en la que fueron  felices Irene y Gaspar.

Luisa y Alberto que no se conocían de nada, una tarde de lluvia intensa en la que ninguno de los dos llevaba paraguas, se cobijaron bajo un toldo y empezaron a hablar, al principio del día tan malo que hacía. Dejo de llover y se fueron a tomar un café, cambiando de conversación y hablando de sus cosas; El trabajo, estudios, aficiones. Saliendo a pasear después, pisando los charcos divertidos como los niños.

De los encuentros  inesperados, e incluso accidentales, nace en ocasiones una comunicación intima y amorosa como es el caso de Luisa y Alberto, en la que fueron muy felices.

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