La Casa de la Cultura acogió este jueves 21 de mayo la tercera conferencia del segundo ciclo ‘En tiempos de Jorge Juan, un viaje al siglo XVIII’, en la que el cronista oficial de Elda analizó los señoríos nobiliarios que marcaron la vida política, económica y social del valle durante el Antiguo Régimen.
La nobleza, los títulos, los señoríos y las rentas que condicionaron durante siglos el desarrollo de los pueblos del Vinalopó centraron la tercera conferencia del segundo ciclo ‘En tiempos de Jorge Juan, un viaje al siglo XVIII’, celebrada en la Casa de la Cultura de Novelda. Bajo el título ‘Señoríos nobiliarios en el Vinalopó durante el siglo XVIII’, el historiador, arqueólogo y cronista oficial de la ciudad de Elda, Gabriel Segura Herrero, ofreció una detallada crónica histórica sobre la organización señorial del territorio en una época clave para entender la sociedad en la que vivió Jorge Juan.
Novelda Digital grabará en vídeo para su canal de YouTube el ciclo de conferencias En tiempos de Jorge Juan con el objetivo de preservar y difundir este valioso patrimonio histórico y cultural. La iniciativa busca crear una hemeroteca audiovisual gratuita y accesible para que cualquier persona pueda consultar estas investigaciones en el futuro, además de dejar reflejado en soporte digital el trabajo documental y divulgativo de los investigadores, evitando que historias y estudios de gran valor sobre Novelda y su pasado caigan en el olvido.
La sesión fue presentada por José Luis Pellín, archivero municipal del Ayuntamiento de Novelda, quien destacó la trayectoria investigadora de Segura, su vinculación con Novelda y su amplio conocimiento de la historia del valle del Vinalopó. Pellín recordó su labor como cronista oficial, arqueólogo profesional, antiguo presidente del Centro de Estudios Locales del Vinalopó y miembro fundador de la Real Academia de Cronistas Oficiales de la Comunitat Valenciana.
Segura planteó la conferencia como una ampliación de uno de los aspectos tratados en el ciclo anterior, el papel de la nobleza en el siglo XVIII. Para ello, partió de una idea fundamental, hasta la Constitución de Cádiz, España continuó organizada bajo los parámetros del Antiguo Régimen, una sociedad estamental en la que la nobleza y el clero ocupaban la cúspide social junto al rey. En ese contexto, los señoríos no fueron una cuestión meramente honorífica, sino estructuras de poder que condicionaron la vida cotidiana, la justicia, la economía y la administración de los municipios.
El conferenciante explicó las diferencias entre baja y alta nobleza, entre nobleza titulada y no titulada, y detalló el significado de la grandeza de España, reservada originalmente a un grupo muy reducido de linajes. También introdujo conceptos esenciales para comprender el mapa señorial valenciano, como los señoríos de realengo, dependientes directamente del rey; los señoríos nobiliarios, en manos de casas aristocráticas; los eclesiásticos, vinculados a instituciones religiosas; y los pertenecientes a órdenes militares.
Uno de los ejes de la intervención fue la distinción entre señoríos solariegos y señoríos jurisdiccionales. Segura subrayó que, en el Reino de Valencia y especialmente en el Vinalopó, predominaron estos últimos. En ellos, el señor no tenía necesariamente la propiedad absoluta de todas las tierras, pero sí ejercía jurisdicción civil, administrativa e incluso penal. De ahí la importancia de términos como el mero y mixto imperio, que aludían a la capacidad de administrar justicia y, en los casos más amplios, incluso de aplicar penas máximas. Según explicó, topónimos como Les Forques u Horcas conservan todavía la memoria de aquellos poderes señoriales.
A partir de esa base jurídica, Segura trazó un amplio recorrido por el Vinalopó, un territorio fronterizo entre Castilla y Aragón desde la Edad Media. Recordó que el Alto Vinalopó quedó vinculado en parte a Castilla, con Villena y Sax, mientras que el Medio y Bajo Vinalopó se incorporaron definitivamente al Reino de Valencia a comienzos del siglo XIV. Esa frontera histórica explica buena parte de la evolución política, lingüística y administrativa de la comarca.
En el Alto Vinalopó, el conferenciante destacó el predominio del realengo. Villena y Sax formaron parte del antiguo Marquesado de Villena y, tras los conflictos de la guerra civil castellana, pasaron a integrarse en una demarcación real que acabaría configurando el corregimiento de Villena, junto a Almansa, Yecla y Sax. En la parte valenciana, Biar mantuvo su condición de villa real desde la conquista hasta la desaparición del régimen señorial, con un término histórico mucho más amplio que incluía espacios hoy segregados como Beneixama, Camp de Mirra o Cañada.
El recorrido continuó por el Condado de Elda, formado a partir de las antiguas baronías de Elda y Petrer, con Salinas incorporada históricamente al término eldense por la importancia económica de la sal. Segura recordó el papel de Simón Pérez de Corella, señor valenciano del siglo XV, que adquirió Elda, Aspe y Petrer antes de que estos territorios pasaran posteriormente a otras manos nobiliarias. En 1577, Felipe II elevó la baronía de Elda a condado en favor de los Coloma, una familia de origen aragonés con destacados servicios a la monarquía, entre ellos el virreinato de Cerdeña.
La conferencia también abordó el cambio de titularidad del Condado de Elda durante el siglo XVIII, cuando los Coloma fueron sucedidos por los Arias Dávila y más tarde por los Centurión y Velasco, en un proceso que Segura interpretó como ejemplo de la absorción progresiva de la nobleza valenciana por grandes casas castellanas. Además, recordó un episodio singular de la Guerra de Sucesión: el apoyo del conde de Elda al pretendiente austracista, lo que provocó el embargo del condado por Felipe V entre 1706 y 1725.
Otro de los grandes bloques de la conferencia estuvo dedicado a la baronía de Monóvar, vinculada durante siglos a Novelda. Segura situó su origen en la concesión realizada por Jaime II a Gonzalo García tras la incorporación de estas tierras al Reino de Valencia. A partir de este linaje surgirían los Maça de Liçana, señores de Monóvar y, desde 1393, también de Novelda. Sin embargo, en el siglo XVI ambas baronías separaron sus destinos por cuestiones sucesorias. Monóvar acabaría integrado en la poderosa Casa Ducal de Híjar, mientras que Novelda siguió otra línea nobiliaria.
Ese camino condujo al conferenciante al Marquesado de la Romana, de especial interés para Novelda. Segura recordó que Felipe V concedió en junio de 1739 el título de marqués de la Romana a José Caro Maça de Liçana y Roca, en pago a los servicios prestados a la Corona. Durante el siglo XVIII, este título estuvo vinculado al señorío de Novelda y la Romana, y mantuvo una continuidad familiar que permitió conservar su nombre con fuerza propia, a diferencia de otros títulos locales absorbidos por casas nobiliarias mayores.
El Marquesado de Elche, instituido en 1520 por Carlos I, fue presentado como el título nobiliario más antiguo del Vinalopó. Segura explicó su origen en el señorío concedido por los Reyes Católicos a Gutierre de Cárdenas, hombre de confianza de Isabel la Católica, y su posterior ampliación con la adquisición de Aspe a los Corella en 1497. Según apuntó, la compra de Aspe no respondía únicamente a una cuestión territorial, sino sobre todo al interés por sus recursos hídricos y por los derechos sobre el agua, clave para la huerta de Elche y para la economía preindustrial.

El conferenciante también dedicó atención a otros títulos menos conocidos, como el Marquesado de la Noguera, vinculado a una operación económica del conde de Elda en el siglo XVII; el Marquesado de la Torre de Carrús, en el Bajo Vinalopó; el Condado de Torrellano, de origen austracista; el Marquesado de Asprillas, ya del siglo XIX; y el Condado de Santa Pola, concedido en época de Alfonso XIII.
Como síntesis, Segura definió el Vinalopó como una tierra marcada por la alta nobleza, con títulos antiguos, señoríos jurisdiccionales y una estructura rentista. Los nobles obtenían ingresos no solo de la tierra, sino también de hornos, molinos, almazaras, derechos de agua, impuestos y regalías señoriales. La población dependía de esos recursos y debía pagar por utilizarlos, lo que convertía a los señoríos en una compleja red de poder económico y judicial.
En el siglo XVIII, añadió, esa nobleza se había vuelto cada vez más absentista. Frente a los señores de los siglos XVI y XVII, que mantenían mayor presencia en sus territorios, los nobles ilustrados del XVIII se trasladaron progresivamente a Valencia o Madrid, atraídos por la corte y por las oportunidades de influencia política. Sus intereses locales quedaron en manos de procuradores, administradores y arrendadores de rentas.
La conferencia concluyó con una reflexión sobre el final del régimen señorial. Segura recordó que el decreto de las Cortes de Cádiz del 6 de agosto de 1811 abolió las jurisdicciones señoriales, aunque el proceso no culminó plenamente hasta 1837. A partir de entonces, el Estado liberal recuperó las competencias económicas y judiciales que durante siglos habían ejercido nobles e instituciones eclesiásticas.
No obstante, el cronista subrayó que la huella de aquel mundo sigue presente en los pueblos del Vinalopó, en los escudos, en las antiguas casas de la señoría, en los topónimos, en la organización de los términos municipales y también en las iglesias parroquiales, muchas de ellas ampliadas o reformadas en el siglo XVIII gracias a concordias entre la nobleza y el Obispado de Orihuela.
Con ello, Gabriel Segura ofreció una visión documentada y divulgativa de un territorio donde la historia local se entrelaza con los grandes procesos políticos, sociales y económicos de la España del Antiguo Régimen.












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