“Donde el Mediterráneo pone a prueba a los marinos con su decisión más Atrevida”
“Crónica de una Ruta sin rendición»
(por Vicent Pina)
ORIGEN DE ESTA REGATA
La Ruta de la Sal es una prestigiosa regata de altura celebrada anualmente en el Mediterráneo durante Semana Santa desde 1989. Tiene su origen en una travesía histórica de1846 para abastecer de sal a Barcelona durante la Segunda Guerra Carlista. La regata une la península con Ibiza (san Antonio), atrayendo a miles de regatistas. Su origen histórico se basa en mayo de 1846, ante el bloqueo carlista a Barcelona y la escasez de sal, se desafió a los navieros a traer sal de las islas Pitiusas. La goleta “Halcón Maltés” fue la ganadora marcando un hito en la navegación y la regata moderna fue concebida por Pepe Ferrés en 1988 y la primera edición se celebró en 1989 con 36 veleros.
Es la regata más dura y más importante del Mediterráneo, impulsada por la Asociación de Navegantes de Altura Mediterráneos. (ANAM).
ORIGEN Y DESTINO. En la actualidad tiene tres orígenes y un solo destino. Con salidas desde Port Ginesta, (Barcelona), Denia (Alicante) y Mallorca, todas con destino a Sant Antoni de Portmany.
Supera los dos mil regatistas y 300 embarcaciones, consolidándose como una gran fiesta náutica de altura.
EL BARCO CON EL QUE PARTICIPAMOS
ATREVIDA
“Es una goleta de velas cangrejas de reciente construcción. Es un velero clásico, con un diseño inspirado en algunos veloces y marineros barcos de trabajo, como las goletas pesqueras y los – pilot´s boarts–, resultado de una evolución de siglos en la construcción de veleros. El casco es de madera construido con técnicas modernas. El equipamiento interior y de seguridad también son modernos. Pero en la cubierta de Iroco, los mástiles de pino Oregón, la jarcia, las velas cangrejas y la maniobra se ha respetado el Espíritu de Tradición y son similares a los de un velero del siglo XIX
No solo aspiramos a que la ATREVIDA sea bonita y elegante, al navegar en ella esperamos evocar la edad de oro de la navegación a vela y homenajear con respeto a los que la vivieron
Nota del constructor, (Luis Herrador) que es a su vez su Armador y su Patrón
Es un barco precioso, muy bonito, del que me enamoré a simple vista desde el momento en que subí a bordo la primera vez. Y aquí empezó la aventura. Sabía de su belleza y de su rapidez por la calidad de sus velas.
La primera fase de la Regata empezaría con la tarea de subir el barco a Denia desde la Manga del mar Menor. Tenía su amarre en el puerto de Tomás Maestre con coordenadas l 37º 44´05´´ N y L 00º 43´08´´W para ello teníamos que salir dos días antes de la prueba, para llegar a tiempo de presentar la documentación que ya habíamos enviado anteriormente por correo electrónico y que serviría como confirmación de que íbamos a participar. Por lo tanto, salimos el día treinta de marzo a las seis de la tarde con Rumbo verdadero de la carta electrónica de 42º para estar en Denia el día uno de abril, después de navegar con una mar montañosa por culpa del temporal anterior y mucho viento helado que nos impidió estar cómodos. Empezaba la aventura con signo negativo. Tuvimos que pasar una noche muy incómoda, por ese motivo y muy abrigados en las guardias de trabajo que determinamos que fueran de cuatro horas. Comiendo poco y mal por la bravura de la mar. Lo bonito para los nuevos participantes en esta derrota (rumbo) era admirar la luz de las ciudades costeras por las que íbamos bordeando: Torrevieja, Santa Pola y su faro, dejando Tabarca por babor, Alicante, faro del cabo de la Huertas, Villajoyosa, Benidorm y su isla, la isla Mitjana que no llegamos a apreciar, toda la sierra Helada, Altea, Calpe con su peñón, Moraira, los cabos de la Nao y San Antonio. Estos últimos ya de día y unas pocas millas a nuestro babor la bella ciudad marinera de Denia.
Llegamos a Denia a las doce de la mañana del día treinta y uno, después de como ya he mencionado, de una mar de cuchara con enormes olas que tuvimos que atravesar con movimientos incesantes de subida y bajada al atravesarlas. Comimos en el restaurante el Marino, muy bien, por cierto, donde Vicente Baus nos invitó a unos erizos de mar, que estaban muy ricos. Ya hubo alguno que pensó en desistir de continuar por lo mal que lo pasó subiendo el barco al puerto de la regata. Logramos convencerlo de que a partir de ese momento venía lo mejor. Creo que lo engañamos, porque lo fuerte tenía que venir. Recorrimos 90 millas náuticas hasta llegar a Denia.
El día dos de abril, a las 10:00 tuvimos la reunión de patrones, donde se nos comunicó que por motivos del mal tiempo reinante al norte de las islas de Formentera y de Ibiza, se podía cambiar en el momento que quisiéramos de Regata, pues había dos a la vez: La Ruta de la Sal y la Mini Sal. Ambas tenían la salida a las 14.00, pero la mini Sal era la hermana pequeña de la Ruta de la Sal y consistía en navegar a Rumbo directo de Denia a San Antonio de Portmany con el rumbo de la carta de 82º y distancia de 58 millas náuticas (una milla tiene 1852 metros), Mientras que la Ruta se la Sal consistía en navegar hacia el Faro de Barberia o de Barbaria al sur de Formentera, pasando por Punta Roja, desde allí subir a Santa Eulalia en Ibiza, dejando después la pequeña isla de Tagomago por babor, punta Grossa, punta des Moscarder… Es decir, teníamos que rodear Formentera por el Sur y subir hacia el Norte bordeando Formentera e Ibiza, virar al Este en el Norte de Ibiza e ir cayendo al Sur hasta llegar a Sant Antoni de Portmany. En total más del doble de millas que la Regata Mini Sal, pero con el inconveniente de tener que combatir con los fuertes vientos avisados por el Comité de la Regata.
Nosotros lo pensamos mejor, (Craso error) Estábamos inscritos en la clase Training junto con otros nueve barcos, ocho españoles y uno de Gran Bretaña el Royal Yacht Squadron. Cuando vimos que gran cantidad de los inscritos en las dos regatas se pasaban a la Mini, pensamos que, si terminábamos la Ruta de la Sal, con pocos barcos de nuestra categoría y el Rating que nos había concedido la Real Federación de Vela (Bonificación en tiempo por llevar velas cuadras) lograríamos podio con facilidad, así lo creímos y nos lanzamos a correr el temporal junto con los barcos que pensaron como nosotros, que lo importante era realizar la Regata entera.
Tuvimos que sufrir muchas horas y navegar amparados por la costa irregular de Ibiza para evitar el fortísimo viento de proa, cosa que alargó nuestra agonía y alargando las horas de navegación. Las guardias que en la salida eran de cuatro horas tuvimos que acortarlas en tres y finalmente en dos. Aquello era un infierno salado. Dormíamos, mejor dicho, descansábamos vestidos en los camarotes dentro del saco de dormir y siempre atentos a la llamada de los compañeros de guardia por si había incidencias. Es verdad que los compañeros no se atravesaron nunca a la mar, cosa muy loable en Capitanes que hacían por primera vez una regata tan dura y complicada por el viento.
Los chicos y la chica estuvieron en todo momento magníficos y ya se les puede llamar marinos porque sufrieron mucho y aguantaron noblemente el chaparrón. Ellos fueron: Rafa, Fran, Caye, Vicente, Araceli y un servidor, junto con Luis, dueño del barco y táctico de la regata. Después de sufrir viradas bordos y trasluchadas, una vez a la altura de Punta de Xarraca y pasado el faro de Moscarder, cayó el viento y a pesar que lo estuvimos buscando fuera de las altas paredes de la costa Ibicenca, intentando conseguir al menos una ligera brisa para movernos. Se cumplió el refrán, “después del temporal viene la calma” y qué calma. El balanceo de las olas reinantes, derivadas del fuerte viento que desapareció por completo, amenazaban con romper las velas. El barco parecía un cascarón en medio de enormes olas, pero sin una chispa de viento.
Finalmente decidimos retirarnos de la regata, darle al motor y dirigirnos a San Antonio a ducharnos y cenar.
El día cuatro de abril del presente años lo aprovechamos para visitar el pueblo marinero de Ibiza con sus monumentos al pescador y a los corsarios, sesión vermut y comida en Sa Nansa, donde degustamos un estupendo “Bullit”, parecido al caldero tabarquino, donde Vicente Baus celebró el completo viaje a bordo de la Atrevida, invitándonos a unas gambas.
Por la tarde asistimos a la entrega de premios y a dormir sin guardias, después de una ducha y una cena en los salones del club náutico de San Antonio de Portmany donde nos hicimos una foto con José Luis, otro de mis capitanes que participó en la Mini Sal como patrón de otro barco.
El día cinco salimos a las 10:00 hora reloj de bitácora tras haber desayunado en una panadería francesa cercana al club. Rumbo 240, aunque el ideal habría sido el 218, pero el viento no nos dejaba hacerlo. Pusimos rumbo a Campello, con la idea de cambiar una vez cerca para ir a la Manga del Mar Menor. Volvió a caer totalmente el viento y regresamos a motor con el piloto automático y recreándonos con la navegación y las guardias más tranquilas.
Finalmente conseguimos el objetivo más importante que consistió en navegar por el Mediterráneo con la fiereza de sus aguas que no están siempre tranquilas.
AGRADECIMIENTOS
Desde aquí les doy las gracias a todos los regatistas de la Atrevida con Luis al frente, a Araceli, Rafa, Cayetano, Fran, y especialmente a Vicente Baus porque quería saber lo que era una Regata de Altura y aguantó como un bravo Marino. Felicidades a todos.
Vicent Pina “el Capi”
“La Atrevida desafía la leyenda de La Ruta de la Sal: del espíritu del Halcón Maltés al infierno salado del temporal balear”
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