Art. de opinión del padre Javier Muñoz-Pellín

“TAMBORES DE GUERRA EN EL SÍNODO DE LA FAMILIA

Del 5 al 19 de octubre se ha desarrollado en el Vaticano una Conferencia de presentación de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos dedicado a “Los desafíos pastorales en el contexto de la Evangelización”. Han asistido más de 200 entre Cardenales, Arzobispos y Obispos; también ha acudido, con voz pero sin voto, un grupo de laicos. Ha habido una primera “relatio” sobre los puntos a tratar. Durante estos días se ha intercambiado pareceres y ha habido un grupo de discordantes capitaneados por el Cardenal Kasper (austro-germánico) que han levantado su voz –los tambores- a favor de admitir a los divorciados vueltos a casar, a la Comunión Sacramental, también a los homosexuales. A estas medidas se han opuesto la mayoría de Cardenales y del Episcopado mundial. En la “relatio postdisceptaciones” se intentó rebajar el tono de estas intervenciones y fijar los temas sobre los que tienen que estudiar los Padres Sinodales, junto con sus consejos y feligreses a lo largo de un año. El Sínodo se reanudará en octubre de 2015 para fijar posiciones y elaborar las conclusiones que se va a presentar al Santo Padre.

Como otras ocasiones, el Dr. y Profesor Rafael Navarro-Valls, Catedrático de Derecho Canónico en la Universidad de Madrid y Académico/Secretario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, me ha remitido unas notas sobre el Sínodo. Le he cambiado el título (“acompañar a la familia, no juzgarla” era el suyo) y con su permiso expreso he extractado algunas notas que me parecen idóneas para los lectores de NOVELDA DIGITAL.

El matrimonio y la familia son los puntos de sutura más delicados entre la Iglesia y la sociedad civil. Cuando en una vertiente soplan vientos de fronda, en la otra repercute también la tempestad. Por eso el Sínodo Extraordinario de la Familia que acaba de concluir ha sido más un Sínodo de “remedios”, que un Sínodo de “modelos”. Aquí se han estudiado principalmente los “desafíos” para el matrimonio cristiano. Dentro de un año, en el Sínodo ordinario, se analizarán más detenidamente los paradigmas.

¿Por qué tanto tiempo? Ha sido la prudencia del papa Francisco quien ha preferido marcar en dos etapas la reflexión sobre la familia. En el Sínodo extraordinario se ha concentrado el debate. Un debate creador, con la máxima libertad en los intervinientes. Como dijo Francisco bromeando: “Sin miedo a que el cardenal Müller (el prefecto de la Congregación de la Fe) se les eche encima”. Es decir, sin retraimiento ante el ojo de un supuesto “Gran Hermano” observando o reprochando alguna intervención. El hecho de que en el Sínodo haya habido visiones divergentes no es nada excepcional. La controversia ha acompañado siempre las tareas de los Concilios y Sínodos en la Iglesia: desde Nicea a Éfeso, de Trento al Vaticano I, o de Viena al Concilio Vaticano II.

Zonas en alerta

Probablemente ninguna Asamblea eclesiástica -si se exceptúa el Concilio Vaticano II- ha sido seguida con tanta expectación por los media de todo el mundo. Un estudio de hace unos días muestra que, de septiembre de 2013 a septiembre de 2014 , solo en menciones realizadas en lengua inglesa, se han generado en la web más de 1.162.143 noticias y conversaciones. Los resultados evidencian que América (53 por ciento) es la zona donde más se ha hablado del Sínodo, seguido de Europa (21 por ciento), Asia (10 por siento) y África (4 por ciento).

Repárese que las zonas más “alertas” son precisamente aquellas en que el deterioro del matrimonio y la familia es mayor. En Estados Unidos, por ejemplo, la cantidad de madres solas pasó de 3 millones en 1970 a 10 millones en 2000. En 2000 había 65 millones de niños en familia monoparentales frente a 250 mil en 1960. Tiene razón el Sínodo cuando apunta a la pobreza –física o moral– como una de las causas que más inciden en esa situación. Sin olvidar la tragedia que supone en Europa la rotura de un matrimonio cada treinta segundos.

¿Inventar en materia de matrimonio y familia?

Desde luego, el Sínodo no ha pretendido inventar en materia de matrimonio y familia. A diferencia de algunos ingenuos que parecen creer que sesenta generaciones han vivido en la noche de la ignorancia hasta que el sol salió después de que ellos hablaran, esta Asamblea simplemente ha localizado y enunciado los problemas que la evolución social va planteando a la familia cristianas (los desafíos), dejando sobre la mesa algunas sugerencias que serán o no aceptadas por el órgano con capacidad decisoria. Es decir, el Sínodo Ordinario recién convocado para octubre de 2015, cuyas propuestas habrá de ser confirmadas por el papa Francisco.

¿Y cuáles han sido esos problemas? Ante todo el desafío de ofertar a un mundo “anestesiado por la cultura del bienestar”, la visión cristiana del matrimonio, la del “amor conyugal, único e indisoluble”, como ha recalcado el Mensaje Final del Sínodo, aprobado por una gran mayoría de 158 votos, y se ha reflejado en el documento final (Relatio Synodi). Contemplarlo como algo vivo, no como una reliquia histórica analizada con la frialdad de un anatomista frente a un cadáver. Volver la mirada primero a la sustancia del matrimonio y luego a sus accidentes. Después, ser consciente de sus erosiones, fruto de la debilidad humana o de unas circunstancias que la aceleran.

La misericordia y la fragilidad afectiva

Por eso mismo, junto a la ratificación de la doctrina, el Sínodo ha remarcado la necesidad de la misericordia ante la fragilidad afectiva que produce crisis en cadena en las familias. En esta línea, la situación de los católicos divorciados y vueltos a casar civilmente, las uniones de hecho, las de personas del mismo sexo, atención de los hijos de esas parejas etc, ha sido objeto de atención. En el documento final no todos estos puntos han sido aprobados por 2/3, pero el Papa ha ordenado su publicación (con las votaciones íntegras) como documentos de trabajo para el Sínodo de 2015. En todo caso, se ha pedido una mirada compasiva que rechace el maltrato, la visión despectiva o la indiferencia ante situaciones a veces nada fáciles. Se trata, como hizo notar el papa Francisco, de “acompañar a la familia más que juzgarla”.

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19 COMENTARIOS

  1. Muchas gracias d Javier por ayudar a mantenernos al tanto de lo que pasa y por orientarnos que falta nos hace

  2. Me esta sorprendiendo ultimamente, como jovenes que estan presentando enfermedades de trasmision sexuales, me comentan que se sienten juzgadas por padecerlas. Y me sorprende porque la misma sociedad que dice: todo vale, despues no las acompaña.
    Por eso me parece interesante, que asi como Jesus es Misericordioso, todos lo seamos. Y nos pongamos en los zapatos de los demas.

  3. Muy bien, pater.
    Se hace necesario frenar las verdaderas tonterías, muchas veces mal intencionadas, que muchos periódicos de gran tirada están lanzando como si se tratase de «verdades absolutas», cuando solo se trata de noticias sensacionalistas que algunos periodistas entresacan de un comentario u otro y que muchas veces, al situarlos fuera de contexto, más contradicen la lógica de la verdad, que la apoyan.

  4. Muchas gracias P. Javier por su artículo, mucho se ha especulado sobre este Sínodo, si iba a cambiar la doctrina de la Iglesia, etc., ha sido más bien para tratar los problemas familiares y dar apoyo a las familias, acompañando a superarlos y acoger a todo el mundo.

  5. Excelente comentario Padre, se que el Espíritu Santo esta obrando en el Santo Papa y en todos Ustedes los Sacerdote y hará brillar su Luz y su Sabiduría. Mucha paz y amor. La Santísima Trinidad ya dictó sus reglas y mandamientos contemplados en la Sagrada Biblia. Yo quiero mucho a los homosexuales y lesbianas y los respeto. Pero no comparto sus uniones. Y espero que NO puedan adoptar hijos, porque sería muy horrible cuando a estos niños o niñas les pregunten sus amiguitos vecinos, los de Zinder y escolares ¿porque tienes dos hombres como PAPÁS o dos mujeres como MAMÁS? Y no como nosotros, que tenemos un PAPA Y UNA MAMÁ…

  6. La idea de no juzgar me parece utilizada de una manera ligera y quizás demasiado amplia. Una cosa es juzgar y otra condenar. Para vivir, me veo precisado a juzgar: acontecimientos, personas, acciones… El problema es hacerlo con justicia; pero no dejo de juzgar.

    Es que, además, cuando se dice «comprender, acoger, pero no juzgar», se juzga.

    De acuerdo con la comprensión y la misericordia. Yo bien que lo necesito. Sin embargo, en servicio de la verdad y la justicia, debo discriminar. Por ejemplo, yo no estaría nada tranquilo si mi hijo pequeño fuera educado por un homosexual ejerciente.

    Importa, además, darse cuenta de que una cosa es tener inclinaciones homosexuales, y otra muy distinta ejercerla y vivir de acuerdo con esa tendencia. Un artículo reciente de M. Ronheimer es bastante aclaratorio al respecto.

  7. Padre Muñoz, no mienta o tendra que confesarse, el Papa ha hecho publicas las votaciones y han ganado los partidarios del grandisimo cardenal Kasper, a la iglesia le hacen falta cardenales de esa talla humana y pastoral y menos carcas fundamentalistas. Viva el Papa Francisco y viva el cardenal Kasper.

  8. La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos merecen nacer dentro de los lazos del matrimonio y ser criados por un padre y una madre que honran sus votos matrimoniales con completa fidelidad. La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y se mantienen sobre los principios de la fe, de la oración, del arrepentimiento, del perdón, del respeto, del amor, de la compasión, del trabajo y de las actividades recreativas edificantes. Por designio divino, el padre debe presidir la familia con amor y rectitud y es responsable de proveer las cosas necesarias de la vida para su familia y de proporcionarle protección. La madre es principalmente responsable del cuidado de sus hijos. En estas sagradas responsabilidades, el padre y la madre, como compañeros iguales, están obligados a ayudarse el uno al otro. La discapacidad, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben brindar apoyo cuando sea necesario.

    Advertimos que las personas que violan los convenios de castidad, que maltratan o abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre las personas, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos.

    Hacemos un llamado a los ciudadanos responsables y a los funcionarios de gobierno de todas partes para que fomenten aquellas medidas designadas a fortalecer a la familia y a mantenerla como la unidad fundamental de la sociedad.

  9. Concuerdo que en el fondo hay que distinguir el pecado del pecador ,Dios quiere lo mejor para nosotros y lo mejor no es sinónimo de lo más cómodo, es más, no suelen coincidir nunca.

  10. Se trata, creo yo, de mantener la doctrina y esmerarse en la caridad.
    Que el Espíritu Santo ilumine a los obispos para presentar al Papa Francisco una propuesta coherente con la fe católica.

  11. Me ha gustado mucho, como siempre su artículo, Pater. Y muy esclarecedor. Aunque aquí cada cual sale por donde le parece. Está bien, recordar que todos somos hijos de Dios y que es la Iglesia a través de sus sacramentos la que hace de intermediaria entre el cielo y la tierra. Que cada uno tiene su lugar y un ministerio en la Iglesia y que existen pecados que cuando pedimos perdón, Dios misericordioso nos perdona siempre. En eso consiste la misericordia ¿no? En que siempre que acudimos a un confesionario; Dios nos perdona… si nos arrepentimos y hacemos propósito de enmienda. En fin, eso de ser adultero y vivir una relación adúltera; si hay arrepentimiento y propósito de no volver a pecar, Dios siempre perdona. Aunque hoy en día, esto del adulterio o de ser sodomita no esté mal visto , no deja de ser un pecado mortal.

  12. Gracias Padre Javier, cordial saludo….
    Ante todo me parece muy importante el acompañamiento de la Iglesia a la Familia y a cada uno de sus integrantes en particular… cuando ahi un rompimiento todos quedan afectados… el que hiere y el herido que generalmente los dos esposos están siempre en ambos lugares, pues cada uno siempre busca culpar al otro…. partir de ahí a una reconciliación y recuperación de su familia y de su hogar, es una magna tarea… mas no imposible para la Gracia Divina. Hoy día se ha perdido el valor de un matrimonio para toda la vida y son muchos los estigmas que se generan en todos los integrantes de una familia que se ve destruida. Así que cuánto amor, misericordia, buen consejo y dinámica se necesita para levantar nuevamente a todos y mas aún para restaurar una familia…. y cuánta pedagogía amorosa, valor, misericordia y fuertes propósito para enseñar y formar nuevas generaciones que sepan tener un hogar, una familia, un matrimonio para toda la vida.

  13. Feliz!!! de esta posible decisión e inclusión..Dios se reparte a todos por igual..y en su bondad y misercordia no hace acepción de personas.Donde hay amor , El está presente.
    Ante tantas rupturas, fribolidades, inmadureces y vanalidades el Espíritu sigue clamando por todos…Bendito sea Dios..

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