Art. de opinión de José Fernando Martínez (Charly)

¡Un Palo!

En las aulas hay un problema de atención y concentración que no podemos obviar más. Cada nueva legislatura se empeña, y con razón, en solucionar el fracaso escolar; pero no parecen acertar en la solución.

El otro día, en pleno examen, traduzco una palabra en voz alta y ruego su atención para que no se equivoquen. A lo largo de los dos minutos siguientes, unos ocho alumnos me preguntan, cada uno en tiempos diferentes, el significado de la susodicha palabra. Después del examen, unos diez alumnos más no preguntaron y no se enteraron del significado. 

¿A qué se debe esta falta de aplicación? Probablemente, como defiende Daniel Goleman en su obra Focus, es resultado del abrumador ataque, acoso y derribo que están recibiendo de la tele, internet, video juegos, chats, Twenti, Facebook, WhatsApp etc. Tan abrumados andan con tanto espectáculo y entretenimiento, que su poder de creatividad y de concentración se dispersa y fracciona al punto  de que  es muy difícil conseguir que se sienten en un aula durante siete horas, con apenas dos descansos, y tengan capacidad asimilar lo suficiente para acabar con el fracaso generalizado.

Por otro lado, y para colmo de males, está demostrado que el cerebro entra en una especie de trance cada 2 horas para poder “resetearse”. Esto es lo que llamaban mis profesores estar en Babia, en la parra, en la luna de Valencia y cosas parecidas.

Ni siquiera entro en el grave problema de la ludopatía que algunos padecen y que tantos accidentes está provocando. Ah, por si no se habían fijado, las cacas de perro se extienden por las aceras como Nocilla  gracias a los que caminan mirando el whatsApp.

D. Goleman, que sabe ver una oportunidad comercial  ya que es el primero en poner en práctica su inteligencia emocional, no ha perdido tiempo, y ha publicado Focus:  un libro en el que da remedios para defenderse del ataque mental de estos aparatos, mediante una serie de medidas de acotación y ejercicios para reforzar tres tipos de enfoque menta, fundamentales para tener éxito en cualquier aspecto de la vida; como los estudios, la empresa o la sociedad en general.

A uno de estos focos o enfoques le llama free association(asociación libre) que consistente en dejar a la mente ir y vagar para encontrar asociaciones originales, una especie de meditación creativa de la que se pueden obtener frutos muy interesantes para encontrar soluciones a problemas sin aparente solución. No es exactamente como “estar en Babia” ya que requiere un esfuerzo mental para dejar ir con control. Escomo una especie de negociación, o tira y afloja, entre los dos hemisferios mentales.

Entre los muchos  ejercicios creativos hay uno que consiste en dar un ladrillo o un palo a un individuo para ver de cuantas posibilidades es capaz de generar a partir de elementos tan básicos. Al parecer este tipo de ejercicio nos libera del mundanal ruido cibernético y nos obliga a poner en marcha circuitos que habíamos olvidado en nuestra infancia cuando una caja de zapatos era una aventura interminable.

Me acuerdo mucho del palo, el palo hacedor de aventuras. Sí, ese palo vulgar y corriente que encuanto era empuñado por un niño lo convertía, como si de una varita mágica se tratara, en un gladiador invencible. En otras ocasiones el chaval se montaba sobre él para trotar por valles desiertos llenos de indios y vaqueros. Te podía convertir en una llanero solitario y cuando había que disparar el Winchester, solo había que cambiar de lugar el palo y se convertía en un rifle de puntería asombrosa. También servía para convertirnos en aviones, cuando entrelazábamos nuestros brazos en el palo sobre nuestro hombros. Si lo transformábamos en  el báculo de Moisés, podíamos separar  el mar Rojo; si en lanza, en un guerrero Zulú. Podía metamorfosearse en la antorcha en un viaje al centro de la tierra o el bastón de Charlot. El palo sacaba al niño que llevábamos dentro. Nos convertía en directores de cine y máquinas de proyección de nuestra propia película de ficción.

Por cierto, todo esto me recuerda el palo barco que hacían navegar los niños en el Estanque Redondo de Kensington Gardens, que también tenía el poder de encender la imaginación hacia límites insospechados.

Cuando volvíamos a casa exhaustos de tanta aventura dejábamos la espada en un rincón y se convertía en el palo insulso y sobado que se encontraba tu madre cuando te despertaba para ir al colegio. Durante la noche del exhausto niño, los sueños estiraban y ampliaban las historias del palo, eliminaba escenas y creaba otras más intensas y coherentes.

Comprendan entonces la alegría de ese niño al que le han regalado un palo. Quizás en política, en educación y en nuestra sociedad en general, necesitemos que nos regalen un buen palo. 

7 COMENTARIOS

  1. Mi madre me decía que anteriormente un niño era feliz con un palo, cuatro piedras, una cuerda y una caja de zapatos. A día de hoy me dice que anteriormente se castigaban a los hijos sin salir a jugar a calle, ahora castigas a un niño en su habitación y tiene todo el entretenimiento que necesita para ser feliz, los niños ya no salen a la calle, y si salen no es con ese propósito. «Hay que ver… los niños de hoy en día». Genial tu artículo, enhorabuena.

  2. Se puede decir más alto, pero no más claro. Muy bien expresado. Los americanos que le ponen nombre a todo y que igualmente creen inventarlo todo, ahora le llaman mindfullness (mente plena) a la forma de paliar ese problema cada vez más generalizado. Desde hace más mil años los budistas lo llaman meditación.

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