Art. de opinión de Francisco Sánchez (Director de la Universidad CEU de Elche)

La burundanga

Contaba nuestro periódico el pasado jueves, que un hombre había sido drogado con «algún tipo de droga como la escopolamina, conocida vulgarmente como burundanga. Se trata de una sustancia tóxica que elimina la memoria de quien la ingiere, lo que dificulta la labor de la policía a la hora de identificar al autor del delito. Me viene esto «al pelo» para intentar entender la amnesia colectiva que experimentaron determinados personajes durante la dictadura argentina.

Videla ha muerto. No creo que sean capaces de aceptarlo en el infierno. Debe de ir más abajo de allá. Porque un personaje que es capaz de cometer algunos de los mayores horrores contra el ser humano, no merece el infierno, sino algo peor. Esos relatos que ponen los pelos de punta. Las historias que conocemos y las que nos ocultaron para siempre. Los miles de desaparecidos y los miles de torturados con las mayores atrocidades posibles.

Los niños secuestrados y repartidos entre los suyos como si repartiesen bocadillos. Una dictadura militar tan asquerosamente repugnante que fue capaz de ahogar cualquier disensión con violencia gratuita. Un imaginario colectivo que vio enemigos donde no los había porque de lo que se trataba era de mantener no sé qué patria, ni no sé qué valores. Porque la muerte y aniquilación del que no piensa como yo es el anti valor.

Podría relatarles algunas de las cabronadas que hicieron estos pardales. Pero por respeto a las víctimas, y a sus familiares, no nos «recreemos» en su maldad. Todo lo que aconteció no tiene ni nombre, ni explicación. Es la sintonía que suelen utilizar todas las dictaduras para mantener el status.

Reescriben un guión absolutamente falaz sobre el que mantener una postura de miedo, mediante la violencia. Es ese espíritu colectivo que les ayuda a justificar lo injustificable, y a buscar enemigos de «su patria» y de la tradición. No puede ser más perverso, ni más mentiroso.

Algunos de ellos hasta de comunión diaria. Y perdonen que se lo diga en domingo: El Jesús que yo amo, y sigo, no es el mismo que el de estos. ¡Que no! ¡Que no me vendan cabras! Podrán arrodillarse y comulgar. Allá su conciencia. Pero la utilización de la fe para matar a un solo ser humano es simple y llanamente una bazofia. Esa contradicción a la utilización de la religión para justificar la muerte de un ser humano es inaceptable. A mí me da igual la de veces que recen a su Virgen, que no es la mía. Me molesta que crean que, el bien, que es rezar, ahogue todas las maldades que han hecho. Es imposible.

Da la sensación como si Videla y todos sus secuaces hubieran tomado burundanga. Como si hubieran perdido la memoria, narcotizándose en su propia basura afectiva, para justificar que no hubo delito. Como si todos hubiéramos de realizar el ejercicio de enchufarnos la burundanga para olvidar y que la policía no persiga el delito. Pero la Policía no es tonta. Y la memoria retiene, no olvida el sufrimiento. Podrán pasar años, o siglos, que la dictadura argentina será reconocida como una de las mayores degeneraciones de la raza humana. Allá donde lo que se cuente superará la ficción. Donde truncar la existencia humana fue realizado sistemáticamente por una oligarquía de militares enfundados en sayos religiosos.

No tomaré burundanga. Porque la memoria es lo que nos queda para resarcir la maldad. Para recordar a las miles de víctimas inocentes que cayeron en una red de matarifes. Con silencios cómplices y anuencias perversas. No todos los militares son como esos asesinos. No todos los religiosos son colaboradores. La gran mayoría de militares y de religiosos viven conforme al respeto al ser humano. Solo que cuando algunos de estos se convierten en jueces justicieros, son de lo más repudiable que uno encuentra en la vida.

Los que convirtieron su poder, o su influencia, en maquinaria para matar hermanos, debieran ser juzgados como asesinos. La droga colectiva no nos debe hacer «borrón y cuenta nueva». Para honrar a las víctimas y a sus familias. Y para mandar el mensaje de que las sociedades de hombres y mujeres libres no aguantan estos crímenes y su impunidad. No tomaron burundanga estos criminales. Ellos eran la misma burundanga.

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