Art. de opinión de Diego García Castaño (Catedrático de Matemáticas y autor de libros sobre Jorge Juan)

DIFUSIÓN DE UN PRÓLOGO DEL TRICENTENARIO DE JORGE JUAN

Por considerar que es uno de los caminos más cortos a recorrer para conocer en profundidad, sobre todo en su vertiente científica, a Jorge Juan, tanto los profanos como los expertos en la materia, y el afecto y efecto de mis escritos sobre el mismo, reproduciremos el docto y académico Prólogo que le ha dado a mi futuro libro Jorge Juan y la Línea Roja Transoceánica, “In Memoriam del Tricentenario del Nacimiento de Jorge Juan”, el que fuera Rector Magnífico de la Universidad de Cantabria, dice:

Jorge Juan y Santacilia (Novelda, 5 de enero de 1713; Madrid, 21 de junio de 1773), en mi consideración, ya señalada en algunas ocasiones anteriores, reúne en su ‘biografía abstracta’ un conjunto de notas caracterizadoras de su vida y de su obra, en su paso por el siglo XVIII pero con una mirada desde la actualidad, que pueden resumirse en las siguientes sintéticas expresiones.
Primero. Jorge Juan representa simultáneamente –con lenguaje metafórico- el orto y el cenit de la Ilustración española.

Orto, amanecer, inicio, primicia, principio porque hasta él los usualmente considerados como ‘primeros ilustrados de alto prestigio’ –ejemplos: Feijoo, Mayans, Sarmiento- estaban anclados, en lo que respecta a lo primordial –concepción del Universo- a la visión cosmológica prenewtoniana –digámoslo sólo así-. Hicieron mucho por la cultura y la inteligencia en aquella España, ¡qué duda cabe!, pero no los pongamos a tanta altura. Los que hemos sido científicos profesionales debemos dejar claro el culmen de las ideas. Y si además sabemos algo de historia de la filosofía española y hemos leído, como corresponde, la obra de Ortega, éste, en su Misión de la Universidad, deja meridianamente claro que la responsabilidad del culto, del intelectual, del universitario comienza por disponer de la visión que la física de su tiempo ofrece del mundo. Y en 1748 hacía más de dos siglos que el canónigo Nicolás Copérnico había considerado (De revolutionibus orbium coelestium, 1543) un Universo heliocéntrico y geodinámico frente a la tradición aristotélico-ptolemaica-escolástica de Universo geocéntrico y geoestático; unos 150 años de la muerte en la hoguera de la Inquisición romana de Giordano Bruno (17 de febrero de 1600); y más de un siglo del primer proceso a Galileo y censura de la teoría copernicana (1616) y del segundo proceso y condena (1633) a Galileo. Jorge Juan, en su alegato, escrito en los inicios de la década de 1770, próximo ya a su muerte, y publicado en los instantes finales de su vida, en un breve texto con el título de Estado de la Astronomía en Europa, exhibe con profundo pesar la situación de España, el radical fracaso de la Ilustración española, texto harto significativo para la comprensión de la realidad socio-cultural española de la época, y que por tanto, aunque sea con una selección de párrafos algo extensa, deben reproducirse, lo que se hace con escritura actual:

Newton sacó la Física, la Mecánica, la Astronomía y la Filosofía de las tinieblas. Este cúmulo de acertadas predicciones, y demostraciones geométricas (sin otras que se omiten) clama y excluye todo argumento aparente, toda pasión escolástica, y toda infundada autoridad. Ya no basta decir que puede girar este o el otro cuerpo: es preciso que corresponda a las leyes generales que la Teórica demostrada, y la Observación dictan.

Querer establecer fija a la Tierra, es lo mismo que querer derribar todos los principios de la Mecánica, de la Física, y aun toda la Astronomía, sin dejar auxilio ni fuerzas en lo humano para poder satisfacer.

Estas reflexiones se han hecho ya en casi toda la Europa: no hay Reino que no sea Newtoniano, y por consiguiente Copernicano, mas no por eso pretenden ofender (ni aun por la imaginación) a las Sagradas Letras, que tanto debemos venerar.

El sentido en que éstas [las Sagradas Escrituras] hablaron es clarísimo, y que no quisieron enseñar la Astronomía, sino darse solamente a entender en el Pueblo. Hasta los mismos que sentenciaron a Galileo [parece obvio, con un siglo largo de distancia, que se refiere colectiva y prioritariamente a los jesuitas] se reconocen hoy arrepentidos de haberlo hecho, y nada lo acredita tanto como la conducta de la misma Italia: por toda ella se enseña públicamente el sistema Copernicano y Newtoniano: no hay Religioso que no lo dé a la prensa: los PP. Lesieur, Jacquier y Boscowich, y aún la Academia de Bolonia no aspiran a otra cosa.

¿Puede haber prueba más evidente de que ya no cabe en ellos ni aun la sola sospecha de herejía, que fue la condenada, y que, lejos de ella, abrazan el Sistema como único?

¿Será decente con esto obligar a nuestra Nación a que, después de explicar los Sistemas y la Filosofía Newtoniana, haya de añadir a cada fenómeno que dependa del movimiento de la Tierra: pero no se crea éste, que es contra las Sagradas Letras? ¿No será ultrajar éstas el pretender que se opongan a las más delicadas demostraciones de Geometría y de Mecánica? ¿Podrá ningún Católico sabio entender esto sin escandalizarse? Y cuando no hubiera en el Reino luces suficientes para comprenderlo ¿dejaría de hacerse risible una Nación que tanta ceguedad mantiene?

No es posible que su Soberano, lleno de amor y de sabiduría, tal consienta: es preciso que vuelva por el honor de sus Vasallos; y absolutamente necesario, que se puedan explicar los Sistemas, sin la precisión de haberlos de refutar: pues no habiendo duda en lo expuesto, tampoco debe haberla en permitir que la Ciencia se escriba sin semejantes sujeciones>>.

Cénit, cumbre, figura, porque la Ilustración sin la ciencia no es ilustración por muy ilustrada que se la pretenda. La cultura de la segunda mitad del siglo XVIII es cultura científica o no es cultura, es decir, ya que no cultura, puede considerarse, por ejemplo, ‘política’, ámbito al que pertenecen los considerados, por otros, de manera tenaz y colectiva, “ilustrados”. Y prácticamente escondido y aislado del mundo vive un –uno, sólo uno- científico (atención, físico-matemático) metido a filósofo, Enmanuel Kant. Pero la Ilustración la hacen los Newton, Leibniz, Euler, Juan y Daniel Bernoulli, Linneo, Lavoisier, y demás científicos, y con ellos nuestros Jorge Juan, Antonio de Ulloa, Fausto y Juan José Elhuyar, José Celestino Mutis, y pocos más. Y desde la cumbre Juan recrea ilustración en los que pueden considerarse colaboradores y discípulos suyos directos o indirectos: Ulloa, Mutis, Tofiño, Bails y Císcar.

Segundo. Jorge Juan es la máxima figura de la ciencia española de la Modernidad. Lo decimos así, sólo así, en la consideración, también orteguiana, del mundo de la física clásica o moderna, que “tiembla bajo nuestros pies”, dice él, se derrumba bajo los inicios de la cuántica y la relatividad, podemos decir nosotros, con el inicio del siglo XX, inicio de la postmodernidad científica, en la que se expresan las dos figuras máximas de la ciencia española del siglo XX: Santiago Ramón y Cajal y Leonardo Torres Quevedo. Que esto fue así, lo había dejado absolutamente claro José de Echegaray, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias, allá por el año 1866, en su lamento sobre la ausencia de españoles en la historia de la Matemática, dice:

[…] yo sé que la célebre obra titulada Examen marítimo teórico práctico, obra verdaderamente clásica, ha sido única en Europa por muchos años, y ha recibido el honor de ser traducida y comentada en varias lenguas.
Yo pronuncio con orgullo, con legítimo orgullo, el nombre de Don Jorge Juan, y admiro, en fin, esta magnífica figura […]

Tercero. Sus obras se difundieron por Europa y América, como se ha indicado, en diversas traducciones y ediciones. ¡Cómo no recordar aquí, al menos, los títulos de los más famosos de sus libros: Observaciones astronómicas y físicas, la Relación histórica y la por él considerada su ‘grande obra’, ya referida, el Examen marítimo teórico y práctico!
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Pues bien, el orto y cénit de la Ilustración española, la máxima figura reconocida con generalidad de la ciencia española de la Modernidad científica y cuyas obras se difundieron por Europa y América nació en Novelda (Alicante) el 5 de enero de 1713. Anécdota, aunque fuera de suma importancia para su biografía, y lo sea para su recuerdo. Pero conviene destacar, en estos momentos de miradas umbilicales geográfico-políticas, que, sobre todo y ante todo, nació español, y como tal vivió y murió. Y siendo español vivió y trabajó en las dos ciudades más representativas de la España de su tiempo: Cádiz (y desde aquí los mares Mediterráneo y Atlántico, y la América española) y Madrid. El Cádiz de mediados del siglo XVIII, y con él la España de la época, no se entienden sin Jorge Juan, que se identifica con aquel Cádiz en correspondencia biunívoca, lo que consideramos el “decenio intelectualmente prodigioso de Cádiz”, Cádiz que hizo él y Cádiz donde él se hizo, 1748-1758, en el que confluyen, con otros, Juan, Ulloa, Godin, Virgili, Porcell, Mutis y Tofiño, con Jorge Juan como centro de atracción y de difusión.

Y nos encontramos en el año 2013, en una España en crisis financiera, económica, política, institucional, pero también de desilusión, desánimo, frialdad de valores espirituales y de creciente vacío cultural. Hace trescientos años que nació Jorge Juan. Y, recurriendo de nuevo a Ortega, su vida y su obra merecen “conmemoración” que es “recuerdo del pasado sí, pero sobre todo, presentización del pasado con vistas al futuro”. Por tanto, recordémoslo en este año 2013. Bien lo merece. Y hagámoslo en toda España, y desde esta perspectiva del ‘toda España’ también ¡claro está!, ¡cómo no!, en Novelda, en Cádiz y en Madrid. Y desde Novelda, en la perspectiva autonómica de la España actual también en Alicante y Valencia.

Por mi parte he contribuido modestamente a esta conmemoración tricentenarial con su recuerdo en dos eventos congresuales de carácter histórico: a) en la 5th International Conference of the European Society for the History of Science, celebrada en Atenas el pasado mes de noviembre de 2012, a modo de prólogo del Tricentenario, con la comunicación “Jorge Juan and the institutionalisation of Mathematics in Spain along 18th Century”; y b) en el Congreso bienal de la Real Sociedad Matemática Española en Santiago de Compostela, el pasado mes de enero de 2013, ya en el umbral de la celebración, con la comunicación “En el tricentenario de Jorge Juan: el lenguaje matemático de los Principia de Newton”; ambas en colaboración con el profesor Francisco A. González Redondo.

A comienzos de año recibo del profesor Diego García Castaño, según él la solicitud de un Prólogo para su nuevo libro, según yo, el honor de presentar su obra conmemorativa. Y lo hago como un regalo que se me ofrece, como un nuevo motivo de encuentro entre miembros de la familia juánica en unos momentos de necesaria unidad en el recuerdo común colectivo ante la crisis galopante del último decenio de la renacida Asamblea Amistosa Literaria. Gracias, profesor Diego García Castaño, por este nuevo trabajo que nos ofreces, gracias por colaborar en la conmemoración con este recuerdo. Se abre contigo otra ventana de luz cultural bajo la efigie del marino Jorge Juan. Y dediquemos unas palabras de reconocimiento al autor y de bienvenida a la nueva obra.

* * *

El autor, Diego García Castaño, que nos concede el honor de la presentación de su obra, es Licenciado en Ciencias Matemáticas por la Universidad Complutense de Madrid, fue profesor de Cálculo y Geometría Analítica para el Ingreso en la E.T.S. de Ingenieros Industriales de Madrid, en la prestigiosa ‘Academia Peñalver’, y consagró su vida profesional docente como Catedrático de Matemáticas de Bachillerato, siendo director del Instituto de Caravaca de la Cruz, y escribiendo dos libros sobre Matemáticas de Preuniversitario.

El personaje Jorge Juan le ha fascinado especialmente y a él ha dedicado directamente Biografía y Matemática de Jorge Juan, Trascendencia Científica de Jorge Juan Santacilia e indirectamente lo ha tenido presente en su libro Las Rutas de los Mercaderes y el Alborear de la Matemática. Conocedor, pues, de la riqueza de la vida y de las múltiples tareas científicas e ingenieriles del marino noveldense ha querido unir su nombre a la efeméride tricentenarial del nacimiento del más egregio de los españoles ilustrados mediante esta nueva obra Jorge Juan y la línea roja transoceánica que transfiere precisamente a la citada conmemoración mediante el subtítulo “In memoriam del tricentenario del nacimiento de Jorge Juan”. Por mi parte, me es grato añadir que, dada la naturaleza de su libro, también ‘sirve’ para la conmemoración del Quinto Centenario del descubrimiento del Océano Pacífico, en el recuerdo de tan grande acontecimiento de 1513, en gesta española personificada en Vasco Núñez de Balboa, océano objeto de referencia importante en la nueva obra dado que la ‘línea roja’ meridiana es una circunferencia completa por los polos. Y en su compromiso afectivo con Jorge Juan y efectivo con la conmemoración presente ha iniciado una importante tarea de difusión de aspectos de su vida mediante artículos de prensa.

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Unas palabras sobre el contenido del libro que prologamos, Jorge Juan y la línea roja transoceánica de Diego García Castaño.

El protagonista de la obra es poliédrico, está integrado por un conjunto de personas y de circunstancias, de distintos momentos históricos, de diferentes naturalezas, de diversas perspectivas. Así, es España, es la línea roja, es nuestro Imperio colonial, es América, es también de manera relevante “su” homónimo Diego García, -por tanto, no Castaño, sino quizás ‘portugués’ aunque se le considere como ‘de Moguer’-, y, eso sí, con un trasfondo de Jorge Juan que transparece cuando se presenta la oportunidad, y de manera concreta y expresa en el ‘tratado’, en este sí, de la ‘tesis doctoral en Matemáticas de Jorge Juan Santacilia’, sobre la “Figura de la Tierra. Matemática de Jorge Juan”, construida por Diego García Castaño.

El estilo sencillo, ameno, atractivo, prioritaria y propiamente histórico, narrativo de aconteces, que se desarrolla no sólo entre los tratados de Alcaçobas y Madrid sino que se presenta hasta nuestros días en el recuerdo de su homónimo Diego García en la consideración de la isla que lleva su nombre “Diego García”, de su breve historia con sus especiales problemas. Desea que el entendimiento sea provechoso y útil y presenta el texto con la “intención didáctica” que caracteriza a los profesores. Así, el lenguaje está dirigido a la “cultura popular”, sí, sin duda, pero no puede obviar, como es lógico y se agradece, su naturaleza profesional de matemático.

Recuerdo mis obras sobre topografía, astronomía y, conjuntamente ambas disciplinas, geodesia, todo aprendido por Juan durante la expedición geodésica al Ecuador. De ésta he tenido la oportunidad de hablar en Cádiz, en Madrid, en Ferrol y en Gandía. Y directamente en la Universidad de Jaén sobre el tema concreto de los orígenes de la Cartografía en España, con la obra pionera y trascendental de Jorge Juan, en el marco de un solemne acto de entrega del Premio Internacional Francisco Coello. Esto me permite hacer un modesto juicio de valor sobre la obra de Diego García Castaño: Historia y Geodesia, aunque más cerca de la historia que de la geodesia, precisamente por el objetivo perseguido con el lenguaje empleado para su mayor difusión. La línea roja del meridiano transoceánico constituyó uno de los grandes problemas pendientes a todo lo largo de la Edad Moderna, problema al que se le dieron diferentes respuestas pero del que nunca se encontró la solución, y con el que convivieron, en acuerdos y desacuerdos, portugueses y españoles sin un definitivo interés.

Sea bienvenida esta nueva obra del profesor Diego García Castaño en este año del Tricentenario del nacimiento del grande matemático de nuestra historia, prestigioso ingeniero, loado marino y cumbre de la ilustración española.

Francisco González de Posada
Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Ldo. Filosofía y Letras. Ldo. Ciencias Físicas
Catedrático de Fundamentos Físicos. Universidad Politécnica de Madrid
Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina

3 COMENTARIOS

  1. Preciosa la introducción de este libro. Intentaré localizarlo, en La Farándula, para leerlo al completo.

  2. Me encanta que a Vicente Díez le parezca preciosa la introducción de este libro- EL PRÓLOCO que ha escrito para el mismo:
    Francisco González de Posada
    Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Ldo. Filosofía y Letras. Ldo. Ciencias Físicas
    Catedrático de Fundamentos Físicos. Universidad Politécnica de Madrid
    Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina

  3. Enhorabuena, querido Diego por tu próximo libro sobre Jorge Juan. Por lo demás, me parece muy pertinente que traigas a colación el prólogo del Dr. González de Posada. Muchas felicidades.

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