Art. de opinión de José Penalva Navarro

SEMANA DE PASION

Entraste en Jerusalén,
aclamado como un Rey,
pero como un Rey humilde,
como lo quiso tu Padre,
para dar ejemplo,
igual que naciste en un pesebre,
y así hacer cumplir la Ley,
la de amarnos como hermanos
para que ella nos acercase al Padre,
y cogidos de tu mano.

Olivos y palmas fueron
los que a tu paso pusieron
en Jerusalén tus aclamadores,
el olivo es el símbolo de la paz,
la palma el martirio más presente,
del último tuviste mucho,
y la paz, la tuviste ausente.

Para hacer cumplir de la Ley de Dios
viniste a este mundo,
esa Ley que por ser de hermandad,
y que renovaba antiguos dogmas,
de cumplimientos poco dignos,
le faltaba solidaridad,
y Tú nos marcaste el camino,
Tú nos enseñaste la bondad,
Tú nos transmitiste el sentimiento
de amor a nuestros hermanos,
sin ninguna reserva,
y con total humildad.

Tú que curabas a los enfermos,
que levantabas al caído,
que perdonabas las ofensas,
que dabas de comer al hambriento
y de beber al sediento.

Tú que decías:
Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra.
Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos obtendrán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón: porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacíficos: porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.

Ese eras Tú, Jesús,
alma noble y pura,
como el agua del Cielo,
donde existe la hermosura,
y donde Tú estás
en tu reino de luz
y de fraterna armonía.

“Esa fue toda tu culpa”
remover los intereses creados,
para salvar a la humanidad,
de toda insidia contrapuesta,
a la Ley de Dios y su bondad.

Aceptaste tu destino,
con total dignidad,
dando siempre ejemplo,
de donde está la verdad.

Pero esa verdad santa,
no la tenían prevista,
aquellos que tenían el poder,
y sus privilegios de vida,
y no los podían perder,
por eso con los romanos
se confabularon juntos,
y te apresaron,
y te ataron tus santas manos,
y te condenaron,
y pasaste tanta amargura,
que hasta tus discípulos
asustados, te negaron

Pasaste por ese trance
porque había mucha cizaña,
y como el que sabe algo nuevo
lo recriminan con las palabras,
por eso en Ti se ensañaron
aquellas turbas malvadas.

Más, no tuviste cobardía,
luchaste con mucho amor noble,
dando la luz de tu alma,
a los que me fueron deudores,
porque el buen testimonio,
es volver bien por mal,
aunque eso cause sinsabores,
pero Dios te puso el premio
cuando subiste al nuevo albergue,
y no sentiste miedo alguno
cuando te viste ante la muerte.

Esa semilla aún esparcida está,
y de espinas se rodea
porque no se sabe que la siembra
no recolectada está.

Ese reflejo de luz
nos da claro y real,
lo que fuiste, Jesús de Nazaret,
nuestro querido Maestro,
en esta tierra mortal,
fuiste leal contigo mismo,
y nunca supiste hacer el mal.

Por eso contigo se refugiaban
personas de toda edad,
porque con palabras y actos
los sabías alentar
para que fueran justos
con los demás,
y los ancianos se extrañaban
que de tus palabras
saliera tanta verdad.

Han pasado dos mil años
y aún recordamos,
lo que hicieron contigo,
pero poco adelanto hemos conseguido,
porque hogueras encendidas hay,
y eso es porque la siembra,
bien, no se recoge,
porque mezclada con el mal va,
y así de esa manera
nos volveremos a quemar
si el fuego lo avivamos
y no apagamos las llamas,
que en nosotros suelen estar.

Bendito seas mi Jesús y Señor,
que quisiste darnos esa fuerza
para poder seguir,
esa visión tan sutil,
de tu enseñanza de amor
y de tan extremada belleza.

1 COMENTARIO

  1. Sr. Penalva le ha cogido usted el relevo al desaparecido en esta sección Sr. Beresaluze en cuanto a los artículos mistico – religioso. De cualquier forma, escribe usted mejoir, saludos

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