Art. de opinión de José Penalva Navarro

EL PERRO Y EL HOMBRE

Benidorm a cualquier hora es un auténtico hervidero de gentes de muy diversos pelajes, nacionalidades, ideologías, credos religiosos, hasta deben de haber monicacos y cagamandurrias, pero a la hora que uno con 67 años anda por estos andurriales, casi no aparecen, solo salen a la hora de las bártulas, pero a pesar, o no, de estas diversidades, hay algunos muy singulares que andan chincheteados por casi todas partes, o tatuados en algunas partes inverosímiles con signos multiformes y efigies de personajes, como Bob Marley, El Che o la figura de Jesucristo, y estos rostros estampillados en según que partes, le pueden dejar a uno sin vivir en uno mismo, porque imaginaros a Cristo con la corona de espinas, con esa cara de sufrimiento, tatuado en la espalda de alguien que en el momento de la estampación estaba rebosante de salud, y en el momento actual tiene un problema de columna vertebral y su espalda se ha curvado, Cristo ya no es el mismo, su cara se ha alargado y con ello la cara de sufrimiento se ha convertido en cara de sorpresa.

O El Che, grabado en el bíceps de alguien que en ese momento también estaba normal, y ahora cogido en el vendaval de esta modernidad de culto al cuerpo, se ha puesto cachas y ha tomado esteroides para tener sobresalientes partes, y todo ello a desfigurado tanto Al Che que la boina se le parece más a una chapela, por tanto ese aire de guerrillero le ha desaparecido, o imaginaros a Bob Marley tatuado en el pecho de alguien que estaba depilado, los tirabuzones del cantante se deslizaban suavemente, dejando su rostro al descubierto, pero con esta vuelta al macho de pelo en pecho la cara de Bob Marley le ha desaparecido entre tirabuzones propios y pelos ajenos.

En esos momentos de visiones y “pensamientos elevados” y deseando descansar de estos circunloquios, nos acercamos a la Plaza Triangular a ver si teníamos suerte de pillar un banco libre para podernos sentar debajo de un Ficus frondoso y hermoso, que hay en esa plaza y que da sensación de poder y grandeza, con sus raíces intentando salirse de sus lugares habituales, como enseñándonos a todos nosotros donde radica el poder de Dios, como diciéndonos, ¡Tomar de mis raíces y crear más vida! ¡¡Espectacular árbol!!. Este ejemplar preside dicha plaza y da cobijo y sombra reparadora, no solamente a la senectud que por allí estacionan sus posaderas, sino a todo tipo de personajes venidos de todos los confines de la tierra.

Por fin divisamos un banco en el que había un señor de unos 80 años, camisa a cuadros con un chaleco de lana verde, corbata indefinible, calcetines blancos, ¡No, no llevaba sandalias, eran zapatillas de paño!, muy cómodas para que los juanetes se pudieran desarrollar con total normalidad, y este hombre entrañable llevaba una gorra verde con el nombre de una Caja Rural, seguro donde cobraba su pensión, y esta gorra terminaba de darle a su indumentaria un toque Mironiano, donde el colorido esparcido con armonía desarmonizada llamaba inmediatamente la atención de cualquier viandante, pues su vestimenta, seguro, que no tuvo dirección estética, más bien fue improvisada y no inspirada.

Nos sentamos junto a el y nos dimos cuenta inmediatamente que su verbo era muy fácil y entrañable, esculpido y diseñado en las fuentes del saber del tiempo, recogido y pulido durante sus años de experiencia de vida difícil y austera, y que ahora podía sentarse a la sombra de ese Ficus inmenso a descansar de sus avatares, en algunas ocasiones difíciles de salvar, pero que el tesón y la lucha diaria en el campo extremeño le habían hecho duro y sensible al mismo tiempo.

Estábamos cambiando impresiones de lo divino y lo humano, cuando se acerca un señor de unos 75 años, periódico en ristre, se detiene delante de nosotros y dirigiéndose a nuestro vecino de la gorra verde, sin mediar palabra le hace una pregunta, ¿ Quien es el mejor amigo del hombre? , nuestro vecino sin pensárselo le dice, ¡El perro!, y este hombre le responde que no, puesto que los sindicatos, con la declaración de la huelga general al gobierno del PP. que era el que les iba a pagar las subvenciones, que era de lo que vivían los sindicatos, estaban mordiendo la mano del dueño que les iba a dar de comer, y los perros nunca han mordido la mano de los que les alimentan. Yo me quedé estupefacto y esperando que nuestro vecino de banco, reaccionara con más serenidad que lo iba a hacer yo, y sin pensarlo mucho y sacándose la gorra verde con energía, le dice, ¡ que como podía tratar a los sindicatos de perros, por tener subvenciones del estado, cuando muchas otras organizaciones también las tenían, como por ejemplo la iglesia!, en ese momento la tranquilidad que reinaba debajo de aquel Ficus empezó a resquebrajarse e inmediatamente aquel hombre se largó sin siquiera despedirse al igual que se paró sin presentarse. Después de este paréntesis en nuestra mañana de sosiego y quietud nos despedimos de nuestro vecino de banco.

Mi esposa y yo nos quedamos atónitos de ver como estaba el ambiente de envenenado, y que aquel clima distendido y de verdadero afecto se rompió cuando alguien apareció intentando hacernos ver su punto de vista de las cosas con acritud y desprecio hacia los demás. Nos imaginamos, al ver el periódico que llevaba entre las manos, que la lectura del mismo le había podido influir en esa declaración tan fuera de lugar, y efectivamente llegamos a casa y al entrar en Internet y leer algunos de sus artículos estaban claras sus declaraciones, dichos artículos tenían una clara intención de incendiar los ánimos de sus lectores, y me pregunté ¿Cómo pueden algunos medios de comunicación tener esas líneas editoriales tan incendiarias, que nos quieren cambiar la realidad de las cosas, y sabiendo que nuestra Constitución consagra el derecho de huelga? ¡ Menos mal que siempre habrá un Ficus en nuestro camino que nos de sombra y asiento para descansar de tantas zozobras e incertidumbres!

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5 COMENTARIOS

  1. Los comentarios politicos de mucha gente se deben a las lineas politicas o tendencias de los cientos de pasquines AMARILLOS que polulan a lo largo y ancho del pais, que con tal de vender sus inflamables y desajustados comentarios de una realidad que esta viviendo nuestra patria..

    Su comentario como sus observaciones del articulo suyo estan muy bien, y son una bocanada de aire fresco entre medio de tanto comentario desauciador…

  2. Hay una cita que dice: «A la mayoría de la gente prefiero darles la razón en seguida que escucharlas».

    La sinrazón de la razón que esos vejetes encalabrinados, no cabe duda que, visto desde su perspectiva, ambos tenían el derecho de despotricar.
    Yo, desde mi punto de vista ,aunque los sindicatos se han dormido en los laureles considero que,gracias a ellos los trabajadores tienen quien les defienda. Otra cosa es según lo veo yo,que todos los que nos representan, si dejaran de vivir como magnates ,a nuestra costa, y no les cegara la avaricia, repartiéndose nuestro dinero ( también va dirigido a la Iglesia Católica) pues…el enquistamiento pólitico ,y el desmadre, quizás con el tiempo desapareciera.
    Cada cual tiene el derecho desde el respeto, a manifestar su punto de vista, como los» dos jóvenes viejos» que encontraste bajo la sombra de aquel árbol .Y uno es muy libre de decir lo que piensa, tanto si lleva razón o no. Esa és , entre otras, la esencia de la democracia . Que también me permite decir : ¡ Defendamos nuestros derechos y manifestémonos en la huelga general !.

    Un cordial saludo.

  3. Al igual que usted, Sr.Beltrá.
    Todo el mundo tiene derecho y es libre de comentar lo que considere oportuno sin cortapisas.
    Por otra parte, no creo que el hecho que no comulguen con sus ideas algunos comentaristas, sean desahuciadores.
    Enhorabuena, por su artículo, Sr. penalva.

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