Art. de opinión de Juan G. Olivares

Suena amigo, suena

Es otoño.

Las hojas del árbol, principal componente de la obra, amarillean unas y mantienen su frescura otras.

A la izquierda, un rojizo rincón nos indica que, o bien fuera de nuestra visión hay otro árbol que ha depositado su muerte anual antes que los que quedan a simple vista, o bien huellas humanas, de esas que se alargan en el tiempo, han marcado el sustrato arcilloso del terreno.

A la derecha el río y su otra orilla. Esta mucho más frondosa, de matorral, en apariencia inaccesible. Se vislumbra a través de las hojas que cuelgan de los árboles centrales y del río, que se engalana con la imagen de sus ramas en la superficie.
La luz no atraviesa el árbol. Parece estancada en la parte posterior postrada a los señores de la sombra, de la frescura. Sí se refleja en el agua del río, que se ve blanca debido a ello, no más se aleja de nosotros unos metros.

Más allá de los troncos, abajo, a la derecha del personaje principal, un flautista, quizá mejor solo su silueta, pequeña o alejada, a una distancia indeterminada, está sentado a la orilla, tocando la flauta y mirando abajo, al agua.
Eso se ve.

Se intuye la fragancia acre de las hojas humedecidas por relentes y humedades propias de cualquier río. Ese olor te atrae al mundo natural, a la esencia del bosque. Ese mundo en el que te sumerges y te turba al segundo de entrar, a veces, las más, voluntariamente y te llena el ansia de vida.

Pero el flautista toca. No está admirando la vida que le rodea, no absorbe los aromas por más que le asalten, toca. Oye y suena.

Es indudable que acompasa su música con los trinos y gorjeos que, en busca de una cópula tan consentida como necesaria, emiten los propietarios del rincón. Quizá estos le estén dedicando los gorgoritos a él y no al apareamiento, ya que vive su experiencia donde ellos viven su vida y quien es dueño de su existencia avisa a los intrusos. ¡Ahí vivo yo! En todo caso los pájaros pían.

También le acompaña la orquesta del agua, bien sabían los que construyeron la mezquita que es música y no ruido. Podía dormir acunado en ella. Podía dejar la mente en blanco, algo que tanto el agua como el fuego tienen facultad de conseguir. Pero no, toca su flauta.

No sabemos el resultado de la orquesta, no la podemos oír.
Sólo podemos suponer que tardará en levantarse.

8 COMENTARIOS

  1. Juan,gracias por lo escrito y tambien gracias por poner el cuadro de Reme,ella se merece esto y mas…»

  2. Amigon Juan: Apenas te reconozco. Has hecho un artículo muy bello sobre un cuadro de nuestra querida Reme. Y digo qiuerida, porque ni la conozco físicamente. Eso me da libertad de opinar. Me gustan sus cuadros y me gusta tu escritura, que echo de menos. Hace tiempo que la echo de menos, pero tu sabrás.

    A veces eres áspero, duro, si me aprietas, cruel, pero eres sincero, con errores o sin ellos, pero sincero. Y también cruel, en tu sinceridad, tan subjetiva ella.

    Ojálá tu armonía siga siempre, como hoy, artística, literaria. A mí, querdo amigo, me pones siempre en un aprieto. Es como la canciión de Machín: dos amores a la vez, y no estar loco.

    Otro abrazo para tí, amigo.

  3. Pintar con palabras ,eso es lo que haces amigo Olivares con esta bella descripción literaria de una obra pictórica que nos muestra un otoño campestre a la ribera de un río.

    La narración goza de la dosis precisa de verosimilitud e imaginación que se necesita para producir un no menos sorprendente placer estético en su lectura,De alguna forma el relato nos permite viajar a ese lugar, como un personaje más de la historia, y sentirnos rodeados de esa policromía de tonos otoñales que juega con la luz y que sirve de manto envolvente al árbol que se levanta como figura principal del cuadro.

    Es como si pudiésemos leer sin necesidad de contemplar la obra para darnos cuenta que a través de la palabra podemos sentir esa música atmosférica de flauta orquestada por el cántico de los pájaros y el murmullo del agua mientras caen las hojas caducas de un árbol que languidece de su esplendor estival.
    Como decía el poeta contemplar como el otoño piensa y siente silencios y soledades. Y todo eso a través de la palabra. Nada puede ser más hermoso.
    Un abrazo Juan

  4. Te lo dije, no hace mucho, que me gusta mucho este Juan casi poético, sin menoscabo del otro crítico e insatisfecho que enciende coma nadie la mecha. Y ahora te lo repito: adornas el cuadro, Juan, le hablas, lo describes y hasta lo mimas con una prosa realmente hermosa. Estará contenta Reme, de que a su obra, preciosa, se le añada el cuño de tus sentimientos.
    Un abrazo y gracias por los dos cuadros. Porque yo aquí veo dos. El de la pintura y el de las palabras.

  5. Juan te dije hace poco en este foro que eras una persona sensible que de vez en cuando te acompañaban el trueno, y leyendo tu acuarela real de ese otoño de tus sueños, te incllinas siempre por la delicadeza en tu relato, y teniendo en cuenta que el otoño también es tiempo de tormentas, está claro cual es tu prioridad LA SENSIBILIDAD.

    Un saludo.

  6. Reme debe encontrarse flotando en una nube de emociones encontradas. Tu muestra de afecto y apoyo es el mejor estimulo para dotarla de fuerza e ilusión. Y tu texto sereno, invita a la renovación pero también a la conservación de aquello que somos.

    Dos almas sintonizadas por la expresión y el sentimiento a través de las palabras y el lienzo.

    Dentro de ti Juan, se equilibra un caudal inagotable de firmeza y sensibilidad. Y en Reme, el encanto natural y delicado de una primorosa mujer.

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