Art. de opinión de Vicente Díez

El camino hacia el «arco iris» (2ª parte)

Hoy, les relataré cómo consiguieron triunfar algunos ciclistas españoles y mis opiniones, sobre cómo se concede este título ciclista.

Dentro de pocos días, el domingo 25 de Septiembre, se disputará de nuevo en la capital danesa, Copenhague y la próxima ocasión en que lo tendremos en España será en el año 2014, en Ponferrada (León). Vayan reservando sitio en el circuito.
En cuanto a españoles que consiguieron vestir el «arco iris» en carretera y dejando en el tintero a los que consiguieron plata o bronce, hay estos:

-) Abraham Olano, natural de Amorebieta (Guipúzcoa), en 1995. Iban 5 escapados: un corredor local, colombiano; el suizo Mauro Gianetti; el italiano Marco Pantani y los españoles Induarin y Olano. Ya se imaginarán a quién vigilaban; a «Miguelón», recién conquistado su quinto Tour, además de 2 Giros, el Récord de la Hora… Si Miguel asomaba la rueda, tenía a 3 vigilantes.

De salida, el plan entre los españoles era trabajar para Induarin; lo cual se veía algo difícil, pues no fue un sprinter y en caso de llegar juntos, posiblemente se quedase sin medalla, por dar más la cara que el resto. Así es que Olano puso en práctica su papel de «tapado»: el corredor que, en teoría, no es el jefe de filas, pero tiene facultades para una carrera o etapa determinada, como esta. A unos 12 kms. del final, aceleró. El resto de rivales se miraban entre sí, por ver quién tomaba la iniciativa de gastar fuerzas en alcanzarle.

De inmediato, se cambiaron los papeles e Induarin, para asegurar el triunfo de alguien de la selección, pasó a gregario y se pegaba como una lapa al que diese relevos, dificultando y retrasando la colaboración entre los 3 rivales. Aumentó la emoción a unos 2 kms. de meta, cuando «Perico» Delgado, quien debutaba como comentarista en TVE, dijo: «¡Va pinchado de atrás!». Por experiencia, sabía lo que le sucedía al traqueteo rítmico que tenía Olano en sus brazos. Abraham conservó el equilibrio sin caerse y llegó destacado. Por su parte, la fuerza arrolladora de Miguel y el ahorro de pedaladas que pudo hacer, controlando al resto de rivales, le dio la plata con una llegada de fuerza y fue su «turbo a reacción» lo que le posibilitó llegar segundo.

-) También merece su pedestal otro español, Óscar Freire, natural de Torrelavega (Cantabria), el único español vencedor en 3 Mundiales (1999, 2001 y 2004). Al respecto, he oído y leído que si venciese de nuevo, sería el ciclista con más triunfos de la historia y esto es algo inexacto. Mi versión es esta: Freire es un sensacional sprinter, sólo comparable a otros 2 históricos (Miguel Poblet y Delio Rodríguez, quienes no consiguieron medalla en sus épocas respectivas). Óscar, para mí, ya está en el declive y si participa otra vez, es porque aporta experiencia a los nuevos, pero sus posibilidades actuales son escasas. Y como él, también subieron 3 veces al escalón más alto del podio: el italiano Alfredo Binda «il primo Campionissimo» (1927, 30 y 32); el belga Rik Van Steembergen «Rik I» (1949, 56 y 57) y otro belga, Eddy Merckx «el Caníbal» (1967, 71 y 74). Merckx merece capítulo aparte hasta en esta prueba, pues a sus 3 triunfos como prfesional, habría que añadir el que en 1964, consiguió en el Mundial de Aficionados, llegando solo. Si le añadiésemos que también venció en alguna especialidad de la pista en diversos Mundiales a lo largo de su carrera, pues… apaga y vámonos ¿qué les parece?

-) Y el último español que ha vestido el «arco iris» (2003) fue el vasco Igor Astarloza, un ciclista desconocido al que cubrió bien en su arrancada final un murciano de gran relieve, Alejandro Valverde, quien mereció algo más que el segundo puesto alcanzado.

Y hasta la fecha, el balance de medallas para España, en carretera, es: 5 oros; 5 plats y 9 bronces.

Si bien todo lo expuesto, para mí, modestamente, «le falta algo». Yo diría que no se desmuestra al 100% quién es el mejor ciclista profesional de un año. Los Mundiales llevan en su programa todas las especialidades de la pista y de la carretera; contra reloj y en ruta, tanto para féminas como para varones; amateurs y profesionales. Incluso añado que en la pista sí se desarrollan sus especilidades con sistemas de eliminaciones o puntuaciones, que hacen llegar a la final a los mejores.
Pero en la ruta, en línea, se parece esta carrera a una clásica más. Las clásicas no cambian prácticamente su trazado desde la primera edición y el Mundial se disputa en un circuito con más o menos repartidos llano y cuesta, al que se dan vueltas hasta completar en torno a unos 280 kms. El vencedor de ese día lucirá el «arco iris» todo un año y su cotización aumenta. Incluso en años posteriores, lucirá una pequeña parte de las mangas de su maillot comercial con las 5 franjas de colores. Hubo casos en que el portador del «arco iris» no demostró ni antes ni después de aquel mágico día en su palmarés, haber estado a la altura de merecer ser campeón mundial.

Y es que se dice que «el Mundial es una lotería», pero en este sorteo, la mayor parte de las papeletas las tienen reservadas los gallos del pelotón. Digamos que 9 de cada 10 campeones mundiales de ciclismo profesional demostraron merecerlo por su palmarés, pero ¿alguien se acuerda, u oyó nombrar a estos «arco iris», o sus palmarés: Hans Knecht, suizo (1946); Theo Middelkamp, holandés (1947); Benoni Beheyt, belga (1963); Harm Ottenbros, holandés (1969); Rudy Dhaenens, belga (1994); o incluso al ya mencionado Igor Astarloza, español (2004)?

Ese problema lo tienen mejor diseñado en otros tipos de carreras (motos, coches, Fórmula 1), en que hay un calendario anual de primer orden; los participantes acumulan puntos y tras la última prueba de la temporada, se corona al más regular.

En el ciclismo de ruta, todo se dilucida en un solo día y cualquier problema: avería, caída, desfallecimiento…, puede dejar sin premio al mejor de todo el año y quizá, incluso, al mejor de su época, como le sucedió a Miguel Indurain, quien sólo consiguió 2 platas y un bronce. El oro lo consiguió (1996) en el Mundial de contra reloj.

Veamos; al igual que en las clásicas, las cuales tienen una puntuación y el lider viste exclusívamente en estas pruebas, un maillot casi idéntico al de la ruta, pero con las 5 franjas de colores en vertical. Yo no pondría en la cuenta a las clásicas pues tienen su propio campeonato (la Copa del Mundo). Las clásicas «de siempre» son 9; actualmente son 13 y se organizan hasta en países tan lejanos como Canadá o Australia.

Pues bien, si el ciclismo se disputa durante todo el año, la UCI debería atribuir una puntuación variable a los 15 ó 20 primeros en cada etapa y en la clasificación general final de las mejores pruebas por etapas: Giro, Tour y Vuelta. También deberían tener cabida, con puntuaciones menores, para algunas pruebas de una semana con solera y antigüedad: Volta a Cataluña, al País Vasco o la París – Niza. Incluso pruebas de un día ya consolidadas; sólo unas cuantas, pues serían interminables, como el Trofeo Masferrer, el GP Luis Puig, la Milán – Turín, la Flecha Valona y la París – Bruselas, por ejemplo.

También tienen su campeonato en la prueba contra reloj y el maillot «arco iris» se asemeja al de la ruta, pero con el gráfico de un reloj o cronómetro en medio de las 5 franjas de colores y en esta especialidad, se disputan pruebas de gran prestigio como el GP de las Naciones o el Trofeo Baracchi, por parejas.
Quien consiga más puntos a lo largo de la temporada, demuestra haber sido el mejor y para mí, es quien merece el maillot «arco iris»; pero no aquel afortunado o iluminado de un solo día en toda su carrera deportiva.

1 COMENTARIO

  1. ¡¡ENHORABUENA Señor,VICENTE!!.
    Con sus documentados escritos sobre Ciclismo,aprendemos todos mucho sobre este DURO pero BELLO DEPORTE DEL PEDAL.

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