Art. de opinión de Luis Beresaluze Galbis

MUCHO HUMO

La consideración del debate sobre la reciente entrada en vigor de la llamada ley anti tabaco, además de divertirme suavemente, me ha hecho pensar que, prácticamente, aún no nos henos apeado del árbol. Donde, por cierto, haríamos otras marranadas pero no fumábamos.

En efecto, primero, no es una ley. No pueden ser leyes las disposiciones que, en sentido estricto, moral y antropológico, van contra la naturaleza de las cosas y el sentido común. Para empezar, no es “contra el tabaco”. Cultivar, fabricar y expender tabaco no es ilegal. Es abruptamente aberrante e hipócrita. Y da lugar a la percepción por el Estado consentidor de unos suculentos impuestos. Es contra el hecho de fumar en lugares públicos. Aunque recientemente se hubiera permitido y aconsejado a los propietarios de esos lugares públicos, invertir en unas ampliaciones “para fumadores”, cantidades de dinero que ahora nadie les va a restituir, al constituir en no fumable la totalidad del recinto. Los euros de aquella obra ampliadora se los ha fumado doña Leire. Y volviendo al asunto, fumar, tampoco es ilegal. Fumar es lícito, pero no lo es ahumar con los humos propios a los demás. Y además, referida solo la prohibición a los lugares públicos. Como sin el recinto familiar, por ejemplo, no estuviera poblado por personas, (esposa e hijos del fumador o la fumadora), cuya salud debía estar tan legalmente protegida como la de los que acuden a un bar o restaurante. Pero, claro, no podemos llamar lugar público al hogar familiar. Ese lugar es privado y ahí se puede matar con humo. La gran desvergüenza institucional del Estado que prohíbe determinado uso de un producto no prohibido legalmente, y no solo lo permite sino que lo promueve y lo sujeta a gravamen fiscal, es monumental. El Estado fuma de gorra. Y como un carretero. Cuando y cuanto más, mejor. Como el pan y el agua y el aceite y la cerveza. Hipocresía, cobrar hasta de lo que mata, (el propio Estado fuerza a los fabricantes de cigarrillos a consignar en las cajetillas que aquello “mata”, como la Esteban por su Andreita.

Por eso digo que andamos a medio apear de aquella situación arbórea, rabo incluido, en la que ni fumábamos de cogitábamos bobadas sobre ello. Primum vivere…

Pero hay más. Se ha obviado absolutamente el aspecto social y aun cultural del hecho de fumar. Fumando se han escrito obras imperecederas del ingenio humano que, a lo peor, sin aquel humo inspirador, no habrían cuajado en tesoros para la posteridad. Yo, por ejemplo, lo poco que fumé, lo hice siempre entre amigos. El cigarrillo encendía también el intercambio de ideas, a veces entrañables, a veces ingeniosas, y las más, afines, solidarias y casi determinantes de un cierto grado de felicidad.

Esto no es un debate entre fumadores y no fumadores. O, mejor precisado, entre fumadores y no dispuestos a respirar el humo provocado por aquellos. Al no fumador no le importa que un prójimo fume. Le preocupa, a veces, que lo haga en su presencia. Le fastidia, a veces, tener que respirar un aire en el que se incluye el humo producido por aquel. Y esto puede tener soluciones. Ya la tenía con esa separación de recintos que la ley Pajin acaba de atropellar.

¿Por qué no se ocupan, con el mismo interés, del ingeridor de alcohol. Sustancia, para muchos, no menos enemiga de la salud? Aquí, la ley se limita a no dejar conducir. Como si el hombre legalizable solo tuviera como condición definitoria la de poder ir al volante de un coche. Al cirujano que entra en el quirófano a disponer traumáticamente de la salud y hasta la vida del paciente, no se le hace control alcoholémico ninguno. Ni al juez que va a dictar una sentencia, a lo mejor, en USA, con posible condena a muerte. ¿Por qué no se limita la ingesta de alcohol, en muchas actividades humanas de gran responsabilidad?

Desde el silbo canario, a las señales de humo de los indios de América, el tam tam de los africanos, el teléfono de Bell, el telégrafo de Marconi o la red de Internet, todo medios de comunicación, como los propios cigarrillos fumados en compañía por un grupo de amigos. Yo creo que en esta materia, queda mucho margen para un debate razonable, no estigmatizador, en absoluto discriminatorio y hasta saludable. Hay quienes se quedan muy incómodos sin coronar cualquier actividad importante con el cigarrillo de después…

Por el humo los conocereis. ¡Cuánto humo idiota en torno al humo amigo, interferido brutalmente con ínfulas de legalidad! Humo ilegal, legalidad de humo…Y los estancos, esas sucursales previas de los tanatorios, hasta adornados con la bandera nacional. Como si expendieran heroísmo y martirologio…Todo por la patria…

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7 COMENTARIOS

  1. Sensacional, muy razonada y objetiva tu visión, Luis, a propósito del controvertido asunto que parece haber «levantado» este 2011. El maldito «fumeque».

    Comparto todas tus ideas, salvo, curiosamente, esa a la que te refieres a la presunta falta de «vigilancia» en la ingesta de alcohol por un cirujano o por un juez. Más allá de que no sea «tema de fondo» en tu análisis, te diría que, aunque no se vean sometidos a los «controles» habituales del conductor, por ejemplo, intuyo que, cualquiera de esas profesiones, u otras con similar trascendencia para terceros, no podrían irse de rositas caso de incurrir en negligencia y de verificarse que se encontraban bajo determinados efectos estupefacientes. El que no se coloquen controles de alcoholemia, «a lo rutinario», digamos, a las puertas de una sala de operaciones o de una vista, no habla nada acerca de su supuesta impunidad. Creo. Pero esto es harina de otro costal. Lo apeamos, pues.

    Sí quisiera ensalzar tu tono «aperturista», y de respeto recíproco entre fumadores y no fumadores, que me ha llegado en tu artículo. No censuras (mucho más, lo resaltas con símbolos muy ejemplificativos) el hábito tabáquico y su cultura costumbrista, al tiempo que proteges a aquel que no le ha dado por meterse un pitillo en la boca. Además lo haces con una clase que aplaudo como lector, y como admirador tuyo.

    Hoy comentaba entre mis amiguetes del facebook, que he estado en Alicante, como tantos sábados, y que al entrar a un bar, al mismo que frecuento desde hace años, pero un bar hoy limpio de humos, y según me contó el camarero, muy disminuido en clientes desde la entrada de la ley, me llegó un zambombazo brutal, un verdadero bofetón en pleno rostro, a fritanga inaguantable dirigida al centro de mi sistema olfativo. Casi vomito. Aunque lo mismo podría decir un no fumador de mis humos, quizás, después de tantos años aguantándome. Voy a pedir al «Zapa», aun así, que se ingenie una ley «antifritangas», que, te lo aseguro, no es asunto baladí. El tabaco, al menos, camuflaba la orgía de aceites no contenida por la campana de ese bar… Y no es broma.

    Te dejo, Luis. Como de costumbre, es un placer leerte, toques el género que toques. Aprendo mucho y lo paso realmente bien leyéndote.

    Un abrazo.

  2. HOLA,LUIS:
    Expresas ,correctamente, la puesta en escena de la Ley anti-tabaco, que a nadie convence ,salvo a los «politicos, que han votado por su aplicacion, sin considerar que es una disposicion injusta,por varios motivos:
    a) No han tenido en cuenta la devolucion de las inversiones economicas, realizadas por los propietarios de los establecimientos publicos y que hicieron de acuerdo con las NORMAS, que les indico el Gobierno,hace unos dias……..
    b) No tienen ,en absoluto , muy claro la definicion de la Ley…..La denominan
    LEY ANTI-TABACO ; o sea,si no entiendo mal , se tendria que referir a la prohibicion de la FABRICACION,VENTA Y CONSUMO DE TABACO , de toda persona que se encuente en territorionacional……. c) Menos mal que hay excepciones…..Y es el hecho de que no prohiben fumar en los domicilios particulares, cuado se convierten en publicos, por motivos de cualquier reunion o celebracion publica……..
    CREO que las sanciones van a degenerar… Sobre todo como consecuencia de la imposicion de una ley desproporcionada e injusta, que esta provocando toda clase de enfrentamientos, a nivel fisico y por las denuncias voluntarias, como estamos comprobando……..Sanciones economicas que ,por justicia,tendrian que ser DESCONTADAS de las inversiones realizadas por el establecimiento.
    AHORA,es cuestion de tiempo……Que otros «politicos» ,con sentido comun,
    deshagan este entuerto…….Y anado: Yo no soy fumador, pero les respeto.

  3. Mi hijo y yo parecemos a veces Pili y Mili. Siempre caminamos juntos, pero no puedo evitar mi halago a su artículo «MUCHO HUMO». Lo comparto de la A a la Z. Yo soy ex fumador (llevo ya 12 años), pero por encima de ello, está la libertad de las personas a practicarse la eutanasia lenta, pero segura. Si estoy a favor de dicha eutanasia, para determinados casos, la libertad de las personas también están por encima de la poca verguenza de los sucesivos gobiernos que engordan sus arcas con los impuestos del tabaco, pero, eso sí, te avisan que el tabaco mata. Menuda poca verguenza. Si yo fuera abogado, dedicaría todo mi esfuerzo en poner una querella al gobierno que nos avisa que esto mata, pero él se lucra con nuestra muerte.Un saludo

  4. Don Claudio: estoy de acuerdo con lo de proponer la ley «antifritangas» pero, un poco más tarde, cuando se empiece a debilitar el efecto de la anti-tabaco. Así dejamos margen para que el pueblo soberano, en lugar de hablar del paro -cuestión fudamental para la ciudadanía- discuta inútilmente sobre estas otras cuestiones totalmente adjetivas.

  5. No quiero fumar, o sí, ¡quiero ser libre! Están llegando demasiado lejos con sus constantes prohibiciones que ellos mismos se saltan. Los cerdos fumando puros del final de «Rebelión en la granja» son la mejor imagen de una clase política muy mediocre.

    El tabaco party puede acabar siendo, con fumadores y no fumadores de por medio, una bandera de enganche para millones de personas que van a decir basta a esta pretensión intolerable de sometimiento de los ciudadanos.

    El nivel de presión totalitaria está colmando la paciencia de fumadores y de no fumadores.

    Los del anti-tabaco son ya expresión del talante opresor, que afecta hasta los mismísimos derechos fundamentales. Grecia y Holanda han puesto ya la marcha atrás.

    Las mayorías silenciosas pueden dejar de serlo cuando el nivel de corrupción de los que administran lo público no deja espacios para respirar y la injusticia se apodera del sistema (me acuerdo ahora del motín de Esquilache: por «tan poca cosa» se produjo una nunca esperada sublevación del pueblo soberano.

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