Art. de opinión de Luis Beresaluce Galbis

«Otro otoño»

Ya te entresueño, otoño, en los clamores últimos de un estío con alertas de meteoros naranja. Aún cuelgan de las ramas y capaces de sombra, los oros viejos que pronto te alfombrarán. En el otoño mío ya sueño con el tuyo. Aunque yo debería medir mi vida por primaveras, que comenzó un ocho de Mayo. Sin embargo, te amo, otoño, como algo muy mío, otoño sosegado, primavera del revés. Hay más vida, aunque menos aparato, en tu paz sin jazmines, que en el estallido floral de la primera pascua. Tiempo de violetas que tampoco son mala flor.

Ya te entresueña, otoño, mi primavera vieja, la del trigo ya rubio y la vid hecha zumo. Eucarístico otoño que comulgaré pronto. El de la luz más clara y el azul menos brusco. El que invita a pasear por “el otro pueblo”, de Claudio. El que sonríe entre arrugas, lejos del brote verde, satinado y brillante.

Sosegado primor, bienestar de equilibrio, brisa que aún no es viento, luz que no hiere el ojo, terciopelo del tiempo, cálido en su frescura su climático aliento.

Me cuentan primaveras. Siempre un otoño menos, pendiente y esperado. La esperanza es también una estación. Con aquellas, nací. Con este, me conservo. Un día de primavera es un clamor del cielo, un universo pleno, una alegría sin cuento. Y un día de otoño, bueno, una esperanza sabia de esperanzas cuajadas y futuros ya ciertos. Un día bueno de otoño regala plenitudes hermosas y sensatas. Es un día que merece la pena de vivirse,

una ocasión de amor a la vida que sigue, más lograda y exacta. A seis meses del tiempo en que murió Jesús y a solo otros tres de que nazca de nuevo.

Entre oros y platas, hojas muertas y canas, el otoño corona las sienes, ya algo blancas, con el laurel de Apolo del saber decantado y el amor satisfecho.

Esperanza cuajada, generosa y precisa, crédito de experiencia y fuente de ilusión, menos violenta y recia, de energía controlada.

Otoño de mis días de mis días de otoño. Dios te traiga, otra vez, a su hora de tiempo, sin cabañuelas locas, tranquilo, organizado, señor de tu ser propio, sabia sonrisa triste que trae júbilo al alma.

Ya, otoño, te me anuncias. Tal vez te hace próximo mi ilusión otoñal. ¡Me siento entre tu carne, universal, tan propio! Otoño de mi otoño, primavera vivida, avejentada pronto. El tiempo de mis días ya todos otoñales.

La primavera báculo del otoño algo torpe. Energía entre flores y hojas que se deshojan cuando el fruto, en el árbol, sustituye a la sombra. Madre la tierra próvida que fue lozana moza.

No hace falta que corras. Siempre llegas a tiempo. Yo te espero y espero desde mi primer Mayo, en el que yo aseguraría casi ya soñaba otoños. Que intuía Septiembres cosechados viviendo. Eres lo más hermoso que se despacha en tiempo. La vida más cuajada, rigurosa y redonda. Eres la primavera con sabor otoñal. Con sabor y saber. Nada menos, otoño…

La primavera es toda como un grito de la vida. Una energía coloreada y espumeante. Otoño, su dulce y prolongado eco perfumado.

Te me representas, otoño, como esos repetidos paisajes italianos, de grandes planicies verdes rotas por la presencia de un solitario ciprés, ese árbol vertical, propósito verdinegro de rozar el cielo. Se ve en muchos de sus cuadros y recorriendo casi toda la península. Italia, entre muchas cosas, es un ciprés en medio de un horizonte verde. Ya en los frescos de sus “primitivos”, desde el siglo XIII, se insistía, como fondo, en la escena…

Perla la primavera, cobre el otoño, de nácar el estío e invierno plomo. Seguirán dando vueltas tierras y soles y de sus afecciones y desencuentros vendrán más primaveras y más otoños. Más flores y más frutas y más rastrojos…

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1 COMENTARIO

  1. Te cuento, Luis:
    El otoño es para mí la mejor estación del año, aunque para alguans personas parezca triste y gris. Y qué curioso!: sobre todo me gusta a partir del cambio horario, cuando el día oscurece a eso de las 6.30 o 7 (creo que es en el último sábado de octubre), y ya empezamos a notar los primeros fríos…
    Comparto tus sensaciones acerca del otoño expuestas en este bonito texto, las acertadas comparaciones con la privamera, y los reflejos muy próximos en tu escrito, en algunos momentos, a la prosa poética.

    Un abrazo,

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