Art. de opinión de Luis Beresaluze Galbis

BIENVENIDA OTRA VEZ, MARIA MAGDALENA

Mañana vuelves, María Magdalena, a instalarte, otra vez, por unos días, entre nosotros. Te adelanto la expresión de mi mejor bienvenida. Este año nos haces mucha falta. A mí, más que ningún otro. He tenido la peor primavera de mi vida, que ya cuenta muchas. (Yo nací en primavera). Problemas graves, de salud, en la familia y, hacia las fechas en que murió tu Amado, justo el segundo lunes de su Pascua bendita, en un doce de Abril horroroso, me huerfanaron de mi hermano pequeño, Paco, una de las dos criaturas que me acompañaban en esta travesía con material sagrado de mi madre, que estuvo en ella como estuve yo, estrenando el recinto santo de su seno. Solo queda, conmigo, Daniel, de aquel linaje que mamó tanto amor de aquellos pechos. Paco estará ya con ella, junto al Padre, con su bella y discreta Susana, compañera absoluta de su vida y de su muerte.

Te espero mas que nunca, Magdalena. Me haces mucha falta. Soy mayor y frágil. Y he llorado mucho. Sin la fe razonada que le tengo a tu Amado, no habría podido asimilar tanto dolor. Tú me has ayudado, Santa mía. Lo siento muy adentro. Recuerdo una aleluya de mi mujer, de hace muchos años, de esas que vuelan sobre ti los Rochets cada peor lunes de Agosto, que decía, felizmente: “María Magdalena; ¡Cómo te quiero! Solo tú y yo sabemos cuanto te debo.” Me la apropio, con su permiso, porque expresa lo que ha habido entre nosotros, tú y yo, en estos días de confusa aflicción.

Te debo tanto, Magdalena. Volviendo a la autoría de la aleluya citada, te debo la compañía de esta mujer que ha llenado mi vida durante sesenta y cinco años. Desde aquel 22 de Julio de 1945 en que, al paso de tu procesión bajo el balcón de la casa de su abuela Salud, uniste nuestras manos e hiciste que comenzase un amor que no acabará con nosotros. Que nos seguirá donde sea que Dios quiera, bendecido por el interés de su mejor amiga, aquella mujer de Magdala que tanto amó a su Hijo. Allí donde luego puso Juanito Castaño su farmacia y después, andando el tiempo, Augusto, nuestro emperador de la cultura, su primera Farándula.

Bienvenida, Santeta. Este año vienes a mi, este noveldero de pega, que aprendió a quererte de su madre, que tampoco era de aquí, con una rara oportunidad. No era de aquí pero de aquí se hizo, integralmente, por el amor de mi padre que se la trajo, de recién casada, a su pueblo, donde descubrió el tuyo y lo compartió conmigo. Yo la acompañaba, siempre, a San Pedro, cuando venías, sentados ambos hacia la mitad del templo, debajo del apóstol Juan, el mas joven y mas amado, sentados ambos en aquellas sillitas blancas, blanquísimas, como recién lavadas, se diría que hechas por ángeles con madera del cielo, color nube y espuma.

Yo fui noveldero, hijo tuyo, pues y muy devoto, Magdalena, durante once años. Los primeros de mi vida. Ella, mi madre, doce, que empleó uno en gestarme. Luego, la maldita guerra cuyos horrores hay hasta quien quiere remover y actualizar, nos alejó de ti, nos imposibilitó Novelda, nos hizo emigrar a otra parte a comenzar la vida de nuestra familia, desde cero y en las peores circunstancias.

Te debo, a mi madre. Te debo el amor que ha acompañado toda mi vida. Te debo mi amor por Novelda, este pueblo mío que no lo es pero ejerce de tal en mi corazón, el mejor de los censos. Hasta el amor que te tengo te debo, que llega incluso a hacerme sentir celos del propio Jesús a quien diste todo el tuyo. Lo he consignado en un libro de poemas sobre ti…Te debo el amor a tanta cosa y a tanta gente…

Bienvenida mañana, otra vez, a Novelda. Bienvenida a mi alma, a mi amor y a mi duelo. Bienvenida a los días más duros de mi vida. Bienvenida este año en que ya no está Paco. Paco estará contigo, lejos del paraíso que se construyo a los pies de La Serreta, estrenando el que Dios dispone para sus hijos. Un Edén magnifico, pero sin Novelda…Se lo que me digo.

Bienvenida mil veces, María Magdalena. Te espero con el pecho mas abierto que nunca, bálsamo de mi llanto, remedio de mis males, amor de mis amores, tan metida en mi vida, tan cerca de mis cosas, tan dentro de mi alma, tan mía íntimamente, amada y amorosa…Quedan muy pocas horas para que nos inunde el Cielo. El que llega contigo cada 20 de Julio…

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7 COMENTARIOS

  1. Precioso texto-homenaje, Luis.
    No te conozco, pero entenderás que habitualmente te lea en esta página… Hoy, en esta noche de domingo, has conseguido hacerme llegar tus letras de una forma especial, a modo de finísimas gotas de duelo bellemente expresadas que, posiblemente, ayuden a suavizar un dolor incalcuble.
    Agradezco tus reflexiones, nacidas desde lo más adentro. Con tacto y sensibilidad.

    Un abrazo.

  2. Emotivo artículo de entereza y sinceridad ante las adversidades de la vida, fuerza y tesón
    para este señor. Un gran abrazo de un noveldense .

  3. Sabemos Luis que este año te hace mucha falta la SANTETA, por eso, más que nunca tienes nuestro cariño, y apoyo, tú y Charo,

    Un abrazo.

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