Art. de opinión de Luis Beresaluze Galbis

Azafrán en el alma

“Alma de nardo de árabe español”
decía tener aquel Machado, el bueno,
según el gusto muy personal de Borges,
que para mi es Antonio, don Antonio,
aquel que en Soria enseñaba francés
y murió al sur de Francia, exiliado.
Aunque Manuel no fuera desdeñable…

Mi alma huele a azafrán tostado,
a lo que huele el alma de mi pueblo,
porche común del histórico aroma
que, de Novelda, impregna el mundo entero.

“Crocus sativus linnaens” lo llaman
los sabios que nominan a las plantas,
de la familia de las iridáceas
como el lirio, el gladiolo, el alhelí,
pariente de nenúfar y azucena,
de la bella Susana de los Libros,
que sorbió el seso de los sucios viejos,
flor de lis de la heráldica Novelda…

Estigma rojo y amarillo estambre,
“karkom” de Salómon, del “kroke” griego,
que nos llevan al “crocus” actual,
flor estéril que no reproductiva,
con todo su erotismo en el olor,
exaltación de un sexo excluído,
sin polen, sin insectos celestinos,
huérfanos de la brisa sus instintos…

Aromática planta seductora,
unidos tres estigmas en la base
por el estilo, rabillo llamado,
donde se suma el color amarillo.
De origen oriental, que nos trae el moro
entre las dos centurias ocho y nueve,
de Irán, Turquía, Egipto y su Marruecos,
pasando por la Italia del safranno”,
que hubo en Venecia su primer Novelda
y en nuestra Mancha halló su mejor tierra,
Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Albacete…

La planta de la Biblia y los Cantares,
Cuatro Catorce del rey Salomón,
“eres un huerto hermoso y bien cerrado,
………………………………………..
……………………………………….
donde también el azafrán se cría”…
(como tradujo Fray Luis de León).

La que da nombre al natal de Sargón,
que les funda un imperio a los acadios,
y nace en la ciudad de Azupirano,
ciudad del azafrán, probablemente,
dos mil trescientos años precristianos.

La que se ve en el palacio de Knossos,
mil setecientos años anteriores
a esta era nuestra del natal de Cristo,
en un mural de mujeres vencidas,
recolectando flores de azafrán;
“levantarse y volverse a agachar,
todo el día a los aires y al sol”,
que escribiera el maestro zarzuelero,
don Jacinto Guerrero, flor pariente,
premonición desde el nombre de pila…

La que se cita en un papiro egipcio
de hace tres mil quinientos años largos,
el papiro de Erbes que se llama,
que considera al azafrán remedio
contra los males que el riñón presenta.

La misma que en la homérica Ilíada,
cantos nueve y doce exactamente,
presenta a Krokos amante de Esmilax
la ninfa que guardaba Hermes, celoso,
sentenciado por este a convertirse
precisamente en planta de azafrán.
Raro castigo, más bien una honra…

La que canta Virgilio, el gran poeta,
procedente de los montes de Lidia,
muy justo a oriente de la noble Esmirna.

Y citan Columela el gaditano
dos mil trescientos años antes de hoy
y Plinio el Viejo en su magna obra
de título “Naturae historiarum”
que la hace panacea universal
y recomienda traer una bolsita
con briznas olorosas de azafrán,
muy junto al pecho, colgada del cuello,
como un escapulario sanitario.

La que encontramos en el gran Quevedo,
“Las honras, los puestos, las dignidades,
son como el azafrán, que se mejora y crece
con más abundancia cuando lo pisan los pies”,
y que en “El sueño del Infierno” habla
de una mujer que se tiñe los pelos
con los colores que da el azafrán.

Y en el gran Lope atacando a Cervantes:
“Y ese tu Don Quijote baladí,
de culo en culo por el mundo va,
vendiendo especias y azafrán romí
y al fin en muladares parará”.

La voz “socrocio” veo en Autoridades
que dice ser aplique de azafrán
y en Covarrubias “pítima” se encuentra
como un emplasto de azafrán, en pecho,
para remedio de males cardiacos.

Cuánto azafrán, Dios mío, en nuestro torno,
qué bendición del cielo y de la tierra
cuanta sabiduría y cuanta cultura
y como huele el mundo, de agradable,
por la industria gentil y prodigiosa
en que intervienen manos de Novelda,
manos y corazón, empresa e ingenio,
de la ciudad del azafrán señera.

Uvas le ponen a nuestra Patrona,
cuando regresa al pueblo cada año,
uvas blancas y negras muy selectas
y jazmines colgantes y en pulseras,
pero, ¿por qué no, un poco de azafrán,
que es a lo que más huele cuando llega
María Magdalena azafranera?

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