Contra la corriente

Artículo de opinión del noveldense Plácido Ferrándiz Albert

Estos días está en los medios de comunicación el debate con motivo del anteproyecto de ley para la ampliación de la ley del aborto y la campaña de la iglesia católica contra el mismo. Hay muchas cuestiones en este asunto, pero quisiera mencionar uno de los comentarios que me han llamado la atención estos días: un tertuliano radiofónico decía que la iglesia (católica), como siempre, iba ‘contra la corriente de la sociedad’, y que ‘no era de este mundo’.

Esto que se decía como una crítica ¡¡es en realidad una característica propia de los seguidores de Jesús!!

Este mundo fue creado bueno por Dios, pero la Humanidad se declaró en rebeldía contra Dios, y el mundo ha venido a ser un ‘sistema’ hostil a su Creador, Fuente de la vida; y hostil a la misma vida de la Humanidad. Nuestro mundo ha venido a ser un sistema de muerte.

No soy católico, ni pertenezco a ninguna organización religiosa, pero sí soy seguidor de Jesucristo, y creo que por definición la Iglesia de Jesucristo es representante y embajadora de un mundo totalmente diferente a este. Y precisamente porque representa algo tan distinto, está destinada a contrastar profundamente con el (des)orden y la corriente de este mundo.

El problema es que la Iglesia de Jesucristo nos es desconocida. Las organizaciones religiosas que llevan su nombre retienen algunos de sus elementos, pero han perdido la integridad de su testimonio, y a menudo contienen otros elementos que contradicen frontalmente tal testimonio. A menudo, por ejemplo, mientras se condenas ciertas manifestaciones de muerte, hay compromiso de hecho con otras.

La Iglesia de Jesucristo es testigo en esta tierra de un mundo de acuerdo al diseño y la intención de Dios, el Creador de todas las cosas, y debe gritar, aún en medio de fuerte oposición, que sólo reconociendo la Voluntad del Creador, que es Amor, hay vida y realización para el ser humano.

Este Dios se nos ha revelado en Jesucristo, y los que hemos creído en Él estamos llamados a luchar por la salvación de lo humano, en conflicto con los poderes de muerte, asesinos y suicidas, que operan en este mundo; poderes, político-espirituales, que confunden a la Humanidad para que ésta trabaje en su propia autodestucción. No estamos contra ninguna persona (aunque a veces se nos acusará de ello), ¡amamos a todos los hombres y mujeres!, cada ser humano es precioso a los ojos de Dios, por eso no podemos dejar de advertir que alejarse de los principios del Creador sólo conduce a la muerte.

Estos poderes, que oscurecen y hasta ocultan la imagen del Creador cegando a los hombres, amenazan la vida humana desde sus primeros hasta sus últimos estadios, individual y colectivamente. Si somos honestos reconoceremos que la Humanidad se está dejando llevar por un espíritu de muerte y suicidio

– desde el genocidio del aborto hasta la eutanasia activa;

– pasando por la utilización de embriones humanos como ‘medios’ para otros fines, tal vez buenos;

– la destrucción multiforme del hábitat familiar que Dios diseñó para el cultivo inicial del ser humano (adulterio, divorcio, dominación y violencia familiar, quiebra de la autoridad paterno/materna, abandono de los hijos, abuso de los niños, homosexualismo…);

– la idolatrización de un sistema económico fabricante de exclusión y muerte a nivel global, ya sea por medio de guerras descaradas o encubiertas, como el expolio de materias primas, la esclavitud, las políticas estructurales asesinas FMI, la deuda externa.., impuestas a los países empobrecidos en nombre del llamado engañosamente ‘Mercado Libre’, cuando en realidad se trata de pura codicia y de la mercantilización de los bienes básicos necesarios para la vida humana, sometidos al criterio de rentabilidad y maximización de beneficios, a la acumulación de riqueza y poder, a la avaricia de los poderosos del mundo, en resumen: a los intereses del dinero (el dios de este mundo), generando de paso la destrucción del hábitat natural, el envenenamiento de los alimentos, el agua y el aire…

La lista es horrorosamente larga.

¡¡Detente, oh desdichada Humanidad, del abismo hacia el que caminas!! ¡¡Vuélvete a tu Creador y búscale de todo corazón para que tengas vida!!

Y tú, y yo, que nos llamamos cristianos, seguidores de Cristo ¿para qué sirve la sal si no sala, si somos más de lo mismo? ¿para qué sirve un lámpara puesta dentro de un cajón? Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida. ¡¡Cuándo veremos la verdadera Iglesia de Jesucristo representando y manifestando con integridad a Aquel que es la Vida para el mundo!!

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