Elogio y recuerdo de Julio Anguita

Artículo de opinión de Ricardo Moreno, concejal de Ciudadanos

El 16 de mayo falleció Julio Anguita y no apareció ni se leyó demasiado en los medios. Diría que eso me extrañó; pero la verdad que aquí ya me extrañan pocas cosas. Este es un país cainita, donde aquel proverbio hebreo de <<Nadie es profeta en su tierra>>, nos encaja como anillo al dedo. Ni los suyos, ni los otros, ni los de nadie. Se murió y a otra cosa. Como suele pasar con la gente seria y heroica (y sin películas) por estos lares.

No seré yo quien defienda nada ni a nadie en este artículo; porque a cada hombre lo defienden sus hechos; aunque las palabras de las hienas y ratas sean otros. Y yo les aseguro que si una persona quiere saber; más allá de las mentiras de costumbre de esas hienas y ratas que todo lo enmierdan siempre; esa persona podrá conocerlos.

Julio Anguita fue un hombre honesto. Integro. De pocas tragaderas para todas esas cosas impotables a los que ahora nos tienen tan acostumbrados. Y eso es lo importante. Porque me temo que aquí muchos ni son de izquierda ni lo han sido nunca.Ya que no basta decir que se es algo para serlo. Ni decir que se es ese algo justifica absolutamente todo lo que uno haga o diga en la vida.

Empieza también aquí a ser un título de privilegio haber luchado por ser presidente del gobierno sin conseguirlo; porque al final parece que suelen llegar allí los peores. Pero fue alcalde de Córdoba. Secretario General del Partido Comunista de España. Coordinador de Izquierda Unida. Diputado de las Cortes. Diputado del Parlamento de Andalucía. Uno lo llamaron, El Califa Rojo. Otros se burlaban de él llamándolo Quijote. Un halago también, se lo aseguro, en un país de tantos Sanchos Panzas, sin gracia ni sentido común ninguno. A estos Sanchos solo les quedan ya las chanzas y la tontería. Y el egoísmo glotón también, que eso no se pierde fácilmente.

Julio Anguita bregó con Felipe González, con Aznar, con Alfonso Guerra y otros Molinos de viento y gigantes de la época. Eran desalmados y sin escrúpulos como lo son los de ahora. Pero aun así ellos eran capaces de pensar en el medio y largo plazo de un país y más allá de sus propias narices.

Escribió hasta el final y se le podía leer en diarios económicos. Yo lo leía con interés y ganas de aprender. Tenía fundamentos serios y firmes. Sólidos. Era capaz de definirse y defender las cosas con coherencia y sin escurrir el bulto. Cuando dejó la política activa, volvió a su profesión de maestro y profesor.

Él fue otro gigante. De los de verdad. De los buenos. Como Gerardo Iglesias. Hombres de otro temple y hechos de otra pasta. No puedo evitarlo. Lo siento. Pero es que cuando miro y veo lo que hay ahora…

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