El Paseo de los Molinos y la velocidad

Art. de opinión de JF Martínez (Charly Rebel)

¿Por qué habrá desaparecido el placer de la lentitud? Ay,¿dónde estarán los paseantes de antaño? Milan Kundera.

Recuerdo un día, a mediados de los 60, que me llevaron a El Paseo: un lugar entre la plaza de la Magdalena y El Besonet. Actualmente asfaltado para privilegio de la velocidad de los coches, “auténticos habitantes” de Novelda cuando nadie camina por sus calles.

Por aquel entonces uno se podía encontrar paseantes en La Glorieta y en el Casino, pero ya pocos se acuerdan de los que pasaban las tardes en El Paseo. No se caminaba con prisas como ahora,  por prescripción médica o por perder peso, se hacía con pasos lentos. Lo que permitía que las ideas acudieran suavemente a la memoria de sus paseantes.Esta actividad ayudaba amenizar las conversaciones en las cálidas de tardes novelderas. Tertuliar era un don cotizado. Algunos caminaban cerca de los grupos más afamados por su buena dialéctica para aprender. En aquellos vaivenes de personas, el conocimiento y la cultura cotizaban al alza.

Entre palabras y pasos, aparecían miradas que se cruzaban y provocaban deseos de volverse a mirar en un intento por descifrar que un código amoroso y secreto. Se disponía de un dispositivo automático que ralentizaba el paso para alargar esos encuentros, al tiempo que se daba una pausa, un silencio comprensible y solidario por parte de los amigos: “Atentos compañía, paso lento que pasa un ángel”, consigna que todos obedecían y respetaban, con sonrisas contenidas y disimuladas.

Además del amor, esa masa de paseantes originaba  una gran meditación colectiva que daba cohesión y coherencia a las relaciones sociales: los paseantes acababan por conocerse e interactuar de modo que, cuando alguien buscaba trabajo o contactos para emprender, no necesitaba oficinas del paro ni presentar currículos: todos se conocían de charlar y verse las caras en El Paseo.

La lentitud, junto con el silencio de las  pausas,favorecían el pensamiento de lo se iba a deciro no decir. Recuerdo entrevistas en televisión en las que el entrevistador y el entrevistado se detenían para pensar. Esos silencios también daban al espectador un tiempo de reflexión.El Loco de la Colina era un maestro del silencio y la lentitud. Mozart decía que la música está en los silencios que hay entre las notas. Algunos silencios son más elocuentes que muchas palabras. Las pausas podrían ser un buen ejercicio para desacelerar nuestra mente y dejarnos sorprender por lo que pensamos o dejamos de pensar.

Esta idea me lleva a preguntarme qué pasaría si la inteligencia artificial tuviera silencios entre sus “pensamientos”.Se le puede alimentar un pasado ficticio como el de los “pellejudos” de Blade Runner;pero recordar u olvidar  no es una cuestión de velocidad para un bot;y sí, para nosotros.

Cuanto más acelerado es nuestro ritmo de vida con mayor facilidad olvidamos. Escucho una moto que pasa a todo trapo por el asfalto que en otro tiempo fue El Paseo y pienso en el éxtasis de la velocidad que tanto se parece a la petite mortde George Bataille, a una disolución del yo. Morimos a cada instante, la muerte es la desaparición que produce el olvido. Las fotografías nos hablan de la muerte porque es en esencia lo que expresan: eso ha sido (Roland Barthes).“El grado de la velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido” (M.Kundera).

La velocidad de las redes sociales nos aboca a un estado irreflexivo en el que un torrente de novedades no nos deja pensar, momento que aprovecha la posverdad  para meternos todo tipo de ideas que acabamos aceptando como propias. Deberíamos ponerle freno y darnos permiso para dejar vagar la mente y recuperar la lentitud perdida. 

Reinventar El Paseo se podría convertir en una cura, un tratamiento, un rescate de nuestro velero a la deriva y demás naufragios. Un ejercicio que nos libre de perdernos en nuestro propio olvido. Y quizás, con un poco de suerte, hacernos más reflexivos y críticos.

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1 COMENTARIO

  1. En efecto, la lentitud, como el disponer de tiempo para pensar, es lo que también yo actualmente, ya jubilado, tengo de sobra. Dejo atrás las prisas y el estrés. Buen artículo, Charly

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