«Nos jugamos mucho para todos»: la empresa familiar reivindica el valor de arriesgar, resistir y construir futuro

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La XXXI Gala de los Premios AEFA puso voz al esfuerzo que existe detrás de cada empresa familiar: empresarios que arriesgan patrimonio, asumen decisiones difíciles, sacrifican tiempo personal y familiar y soportan la responsabilidad de mantener empleos y proyectos durante generaciones.

Un mensaje compartido por premiados, representantes empresariales e instituciones, que reivindicaron una mirada social más justa hacia quienes “se juegan mucho para todos”.

La Asociación de la Empresa Familiar de Alicante reconoció en Torrevieja las trayectorias de Bonnysa, TAVISAM y Congelados Frimar, junto a Coral Erum Gregorio, distinguida como Joven Alma Empresaria, y Vicente Berbegal Pérez, Premio Manuel Peláez Castillo.

El Auditorio Internacional de Torrevieja acogió la XXXI edición de los Premios de la Asociación de la Empresa Familiar de Alicante (AEFA), una gala que volvió a poner en primer plano el peso económico y social de un modelo empresarial que, más allá de balances y cifras, se construye generación tras generación sobre el esfuerzo, el compromiso, el riesgo y, en muchas ocasiones, importantes renuncias personales y familiares.

La presidenta de AEFA, Maite Antón, fue quien expresó de manera más directa una reflexión que después estuvo presente, de una forma u otra, en prácticamente todas las intervenciones de la jornada. Recordó que detrás de las empresas hay personas que deben tomar decisiones difíciles, convivir con las dudas, asumir riesgos y afrontar en muchos casos la soledad que acompaña a la responsabilidad empresarial.

“Nos jugamos mucho para todos”, señaló Antón, reivindicando que el empresario no sea observado únicamente como “el jefe”, sino como una persona que tira del proyecto junto al resto del equipo. “También somos personas”, afirmó, antes de reclamar que, del mismo modo que las empresas trabajan para cuidar a sus trabajadores, la sociedad, las administraciones y los responsables políticos también cuiden a quienes crean y mantienen esos proyectos empresariales.

Una reivindicación que resumía buena parte del espíritu de una gala dedicada a reconocer empresas capaces de superar crisis, transformaciones sectoriales y relevos generacionales, mientras mantenían su vinculación con el territorio.

Antón recordó que el 94% de las empresas de la provincia son familiares, que sostienen más del 85% del empleo privado y generan más del 80% del valor añadido bruto, pero incidió especialmente en aquello que no aparece en las estadísticas: arraigo, estabilidad, compromiso social, innovación y continuidad.

La presidenta también reclamó avanzar hacia una Ley de Empresa Familiar, simplificar la normativa y evitar que el empresario sea tratado “como presunto culpable”. “No queremos incumplir las normas, sino que se dicten normas que se puedan cumplir”, señaló, defendiendo una legislación diseñada contando con quienes conocen diariamente la realidad empresarial.

Coral Erum Gregorio: una cuarta generación que mira al futuro

El primero de los reconocimientos fue el Premio Joven Alma Empresaria, concedido a Coral Erum Gregorio, miembro de la cuarta generación de una empresa industrial con más de 85 años de historia.

La propia Maite Antón destacó previamente su preparación, implicación, capacidad para innovar, responsabilidad y conocimiento del gobierno corporativo, además de su decisión de asumir el reto de continuar un proyecto construido durante varias generaciones.

El galardón fue entregado por Juan Torres, presidente del Fórum de AEFA.

Coral Erum recibió el premio con “ilusión, gratitud y responsabilidad”, pero rechazó considerarlo un reconocimiento exclusivamente personal. “Lo interpreto como un reconocimiento a una historia empresarial construida durante muchas generaciones”, señaló.

En sus palabras tuvo un papel central la familia, pero también los trabajadores, clientes, proveedores y todas las personas que han acompañado el crecimiento del proyecto. “Este premio también es suyo. De quienes iniciaron el camino, de quienes han ayudado a construirlo y de quienes siguen haciéndolo crecer cada día”.

Para la joven empresaria, tener alma emprendedora supone “mantener la curiosidad, seguir aprendiendo, cuestionar lo establecido y atreverse a mirar un poco más allá”. Una filosofía que, aseguró, ha permitido encontrar nuevas oportunidades observando, escuchando, conectando ideas y explorando nuevos caminos.

Recibía así el premio no como una meta, sino como “un estímulo” para continuar aprendiendo, innovando y construyendo oportunidades para las próximas generaciones.

TAVISAM: “Esta empresa es de la familia y para la familia”

El Premio CaixaBank recayó en TAVISAM, reconocida por su trayectoria, su capacidad para adaptarse a escenarios complejos y cambiantes, su crecimiento y su compromiso con el territorio sin perder sus valores familiares.

El galardón fue entregado por Juan Jesús Lozano, director comercial de Empresas de CaixaBank en Murcia y Alicante, y recogido por José Manuel y María Isabel Martínez, representantes de la segunda generación.

La familia Martínez puso el acento precisamente en la continuidad. Agradecieron a sus padres, José y Mª Carmen, haber confiado en ellos para proseguir el proyecto empresarial y transmitirles una idea que continúa marcando su manera de entenderlo: “Esta empresa es de la familia y para la familia a partes iguales”.

También hubo palabras para sus respectivas parejas e hijos, a quienes agradecieron “entender esta forma de vida”, una expresión que reflejó otra de las constantes de la gala: detrás del desarrollo de una empresa familiar existe también una familia que comparte ausencias, preocupaciones y responsabilidades.

TAVISAM quiso extender el premio a su equipo directivo, trabajadores, clientes, proveedores y colaboradores. “Con vuestra exigencia nos ayudáis a ser mejores, más fuertes y más grandes”, señalaron.

El reconocimiento, aseguraron, no debía entenderse solamente como una mirada a lo conseguido, sino como un nuevo compromiso: continuar creciendo sin abandonar su esencia familiar, sus valores ni el vínculo con sus orígenes.

“Juntos somos más fuertes”, concluyeron.

Tras la entrega intervino Juan Jesús Lozano, quien destacó el extraordinario peso de la empresa familiar en Alicante. El representante de CaixaBank aseguró que, tras incorporarse profesionalmente a la provincia, había podido observar desde fuera algo que quizá los propios empresarios alicantinos perciben ya con normalidad.

“Lo que está ocurriendo en Alicante es extraordinario”, aseguró, recordando que la empresa familiar representa el 94% del tejido empresarial.

Lozano fue más allá del concepto de generación de riqueza y señaló que estas empresas son capaces de crear “oportunidades de vida” incluso en los municipios más pequeños, vertebrando el territorio y manteniendo actividad económica y empleo.

Defendió por ello que la empresa familiar debe situarse “en el centro” y que todo el ecosistema que la rodea —entidades financieras, instituciones y organizaciones empresariales— tiene que acompañarla ante retos tradicionales como el relevo generacional, las materias primas o los costes energéticos, pero también ante otros nuevos como la ciberseguridad o la inteligencia artificial.

Congelados Frimar: del sueño de una primera generación a la responsabilidad de la segunda

El Premio de la Diputación Provincial de Alicante reconoció la trayectoria de Congelados Frimar, su capacidad de adaptación a las necesidades del sector y su apoyo al tejido empresarial familiar.

El presidente de la Diputación de Alicante, Toni Pérez, fue el encargado de entregar el galardón, que recogieron Vicente y Marcos Martínez, primera y segunda generación de la compañía.

La intervención de ambos convirtió la entrega en uno de los momentos más familiares de la gala.

Marcos Martínez, como director general e hijo del fundador, quiso situar en primer lugar a quienes iniciaron el camino. Agradeció a su madre, a la que definió como “un pilar fundamental”, y a su padre su valentía para emprender y transmitir unos valores que hoy continúan formando parte del ADN de Frimar.

Su padre, Vicente Martínez, recordó sus primeros pasos. Llegó a Benidorm durante los años sesenta “con escasos recursos y muchas ilusiones”, convencido de que se encontraba ante una zona próspera en la que podía construir su futuro.

Con “mucho trabajo y esfuerzo” fue dando forma a aquel sueño hasta que, en los años ochenta, sintió la necesidad de emprender un nuevo camino y nació Congelados Frimar.

Pero el fundador quiso dejar claro que aquel recorrido no se construyó en solitario. Dio las gracias al equipo humano del pasado, “que puso los cimientos con su sudor”, y al actual, que continúa impulsando la empresa. También a proveedores y clientes y, de manera especial, a los hosteleros, a quienes calificó como “auténticos héroes” y razón de ser de la compañía.

Marcos retomó después la palabra para agradecer el apoyo de sus hermanos y sus familias y reconocer que la historia empresarial ha implicado sacrificios que muchas veces quedan fuera de la fotografía del éxito.

“Esto no ha sido un camino de rosas. Ha sido un recorrido marcado por el esfuerzo, las preocupaciones y unas cuantas noches sin dormir”, afirmó.

Como segunda generación, reconoció sentir “sobre los hombros” la enorme responsabilidad de conservar y engrandecer el legado recibido. El compromiso, aseguró, es continuar “al pie del cañón”, honrando el pasado mientras trabajan por el futuro de Congelados Frimar.

Tras entregar el reconocimiento, Toni Pérez recordó que él mismo procede de una familia empresaria y que conoce de cerca lo que supone tener una idea, “dejarse la piel”, arriesgar incluso aquello que no se tiene y conseguir levantar una empresa.

El presidente de la Diputación destacó que el éxito de una empresa familiar no se mide únicamente en una cuenta de resultados, sino también en su capacidad de sucesión, relevo e implicación de las siguientes generaciones.

Pérez dedicó además unas palabras especialmente personales a Vicente Martínez, a quien conoce desde los años ochenta, y tomó su trayectoria como ejemplo de los miles de alicantinos que un día tuvieron un sueño, crearon una empresa y consiguieron que sus sucesores siguieran haciéndola crecer.

Vicente Berbegal, una vida dedicada a emprender y hacer crecer su entorno

Uno de los reconocimientos más emotivos fue el Premio Manuel Peláez Castillo, creado en honor al fundador de AEFA y destinado a reconocer a personas o instituciones especialmente vinculadas al desarrollo y defensa de la empresa familiar.

El galardón recayó en Vicente Berbegal Pérez, fundador de Actiu, por su trayectoria empresarial y personal, su compromiso con la provincia y su permanente apoyo al tejido empresarial familiar.

El premio fue entregado por Carmen Robles, viuda de Manuel Peláez Castillo, acompañada por la presidenta de AEFA, Maite Antón.

Antón había definido anteriormente a Berbegal como un empresario que inició su actividad con solo 19 años y que ha convertido su proyecto en un referente de innovación, diseño, internacionalización y sostenibilidad, generando al mismo tiempo un efecto tractor sobre todo su entorno.

También destacó el papel de su esposa, Carmen, y de sus cuatro hijos en una trayectoria en la que empresa y familia han avanzado estrechamente unidas.

Carmen Robles protagonizó una intervención especialmente emotiva. Recordó los orígenes de AEFA y la figura de Manuel Peláez, mostrando su satisfacción por comprobar cómo aquella asociación que comenzó con un pequeño grupo supera actualmente las 200 empresas.

Robles aprovechó también para reclamar respaldo a quienes emprenden: “Hay que arriesgarse y hay que seguir apostando”, señaló antes de recordar su relación personal con Vicente Berbegal y su familia y el “calor humano” que encontró cuando visitó las instalaciones de Actiu.

En su intervención, Vicente Berbegal quiso ampliar el significado del galardón. “Este premio no es el premio a Actiu, es el premio a la labor”, afirmó.

El empresario defendió que ser empresario es contribuir a construir sociedad, bienestar e ilusión, y consideró fundamental fomentar nuevas vocaciones emprendedoras, especialmente en sociedades en las que alcanzar cierto nivel de bienestar puede hacer que asumir riesgos resulte menos atractivo.

Berbegal agradeció el camino compartido con su familia y con sus colaboradores y reflexionó sobre su propia experiencia: “Yo he disfrutado toda mi vida de lo que he hecho”.

Para él, una de las grandes oportunidades que ofrece ser empresario es precisamente la capacidad de decidir: decidir cada día, observar el entorno, analizar la competencia, aprender de otros y escoger el camino que se considera mejor para la empresa, la familia y la sociedad.

También destacó la incorporación de las siguientes generaciones a Actiu, reafirmando nuevamente uno de los grandes ejes de los Premios AEFA: la continuidad de un proyecto familiar más allá de su fundador.

Bonnysa, 70 años de evolución sin perder las raíces

El último reconocimiento fue el Premio Generalitat Valenciana, concedido a Bonnysa por su trayectoria empresarial familiar nacional e internacional, su contribución al prestigio del sector alimentario español y su apuesta por la innovación y la sostenibilidad.

En representación de varias generaciones de la familia recogieron el premio Jorge, Teresa y Jorge Ignacio Brotons.

El galardón fue entregado, en representación del presidente de la Generalitat Valenciana, por la consellera de Industria, Turismo, Innovación y Comercio, Marián Cano García.

La familia dedicó el premio especialmente a las dos generaciones anteriores, coincidiendo además con un año muy especial para la compañía: Bonnysa acaba de cumplir 70 años de trayectoria.

Durante la intervención se recordó la dureza de los comienzos y también la importante función social que desempeñó la agricultura alicantina y murciana durante las décadas de los cincuenta y sesenta, cuando ofreció oportunidades laborales y de vida a numerosas familias llegadas principalmente desde Andalucía y Extremadura.

Siete décadas después, la compañía es también reflejo de la enorme transformación experimentada por el sector: desde aquellos primeros cultivos de tomates sostenidos con cañas y palos hasta los actuales invernaderos y nuevas tecnologías de producción.

La empresa ha ido diversificando su actividad hasta incorporar nuevos productos y procesos, entre ellos una planta de cuarta y quinta gama para elaboraciones como tomate rallado, guacamole, zumos o gazpachos.

Pero la reflexión final volvió a situarse en las personas.

“En las empresas familiares hay un alma”, señaló el representante de Bonnysa, poniendo el foco en los valores, el afecto y los vínculos personales que acompañan a este modelo empresarial. “Todos han hablado de los valores, de cómo se quieren, del amor, que es lo que hace falta en el mundo”.

Las instituciones reivindican a la empresa familiar como generadora de empleo y territorio

El alcalde de Torrevieja, Eduardo Dolón, dio la bienvenida a una gala que por primera vez situaba a la ciudad como escenario del reconocimiento al tejido empresarial familiar alicantino.

Dolón defendió que una empresa no puede valorarse únicamente por las cifras que genera y subrayó que las familias empresarias son “historia de superación” y ejemplo para las nuevas generaciones.

El alcalde, que recordó también sus propios orígenes vinculados a una empresa familiar, incidió en que detrás de cada proyecto existen “sudor, lágrimas y constancia” y reclamó que la Administración contribuya a eliminar trabas.

“No podemos ni debemos generar” el empleo que corresponde al tejido productivo, señaló, “debemos ayudar” a que las empresas puedan desarrollar su actividad reduciendo burocracia y facilitando su día a día.

“Sois mucho más que una historia, mucho más que un apellido y mucho más que una familia; sois ciudad, territorio y provincia de Alicante”, resumió.

También la representante de la Generalitat, Marián Cano García, destacó durante la clausura que la gala no hablaba únicamente de empresas, sino fundamentalmente de personas valientes, comprometidas y decididas, capaces cada mañana de “levantar la persiana” para que otras muchas familias puedan construir su propio proyecto de vida.

Su intervención puso en valor la capacidad de las empresas premiadas para innovar sin perder sus raíces, competir internacionalmente, adaptarse a nuevas realidades y garantizar el relevo generacional.

Una idea común a prácticamente todos los discursos de una gala que, más que celebrar balances empresariales, quiso mostrar lo que existe detrás de ellos: familias que arriesgan, generaciones que heredan una enorme responsabilidad, trabajadores que acompañan durante décadas, patrimonio comprometido, noches sin dormir, decisiones difíciles y muchas horas restadas a la vida personal.

Porque, como resumió Maite Antón, mientras las empresas familiares seguirán “trabajando sin tregua”, necesitan que el resto de la sociedad comprenda también aquello que se pone en juego cada vez que alguien decide emprender, invertir, contratar o mantener abierta una empresa.

“Nos jugamos mucho para todos”.

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