Los alumnos del IES La Mola que zarparon en el Juan Sebastián Elcano nos cuentan su historia

Carlos Melgarejo y Jorge Aznar, alumnos de 1º de Bachillerato del IES La Mola, se embarcaron en el Buque Escuela de la armada española “Juan Sebastián Elcano”. Ya de vuelta en Novelda quieren compartir con todos su experiencia narrada por Jorge.

(Galería de imágenes)

El primer día se nos hizo bastante pesado porque estuvimos 7 horas en la furgoneta, pero por otro lado fue bastante útil para empezar a conocernos todos. Cuando llegamos a San Fernando fuimos a la Escuela de Suboficiales. Dimos un paseo por San Fernando y a dormir. Bueno, es un decir. Carlos no pudo dormir, con lo cual se mantuvo despierto toda la noche en la habitación principal de nuestro módulo, pero en cambio yo dormí bien.

El segundo día fuimos a la base militar de Rota. En nuestra opinión fue el mejor día, ya que vimos bastantes vehículos impresionantes: aeronaves, fragatas y portaaeronaves (Príncipe de Asturias). Fue alucinante ver cómo despegaban y aterrizaban los aviones, helicópteros y Harrier. Estos últimos emitían un sonido ensordecedor. Conocimos a un montón de gente ese día, sobre todo veteranos. Después fuimos a una pizzería y una heladería de estilo americano que se encontraban en la propia base y nos inflamos a comida. La siesta en el autobús no se hizo esperar después de haber comido tanto, y al despertar estábamos en Cádiz, por la zona más costera. Hicimos un tour y al terminar nos fuimos a un centro comercial. Por último, volvimos a la Escuela de Suboficiales y hablamos toda la noche, ya que podríamos dormir durante todo el trayecto hasta Lisboa.

Tal y como habíamos calculado, el día siguiente nos lo pasamos durmiendo hasta que llegamos a Lisboa. Nos dejaron en el puerto y ahí estaba esperándonos EL BUQUE ESCUELA JUAN SEBASTIÁN de ELCANO. Para nada es igual que en las fotos, es muchísimo más impresionante en la realidad, con una longitud de 112 metros, una anchura de más de 12 y una altura de más de 50 metros. Nos alojamos en el propio buque, en unas habitaciones llamadas sollados, que tenían 10 camas y un aseo con una ducha y un váter. Luego cenamos en el comedor de guardiamarinas y la cena estaba exquisita. Más tarde paseamos por cubierta y pasamos una noche de lujo. Al rato, nos fuimos a dormir. Al día siguiente tocaba ver Lisboa. Por la mañana, nos fuimos al monasterio de los Jerónimos (Carlos fue vestido de militar al completo, junto con otro amigo de Pilar de la Horadada, y la verdad es que daban el pego). Acto seguido nos fuimos al Colombo, el centro comercial más grande de toda Europa. ¿Hemos dicho ya que era muy grande? Tan grande que nos perdimos a la hora de buscar la salida horas más tarde. Cuando conseguimos encontrarla volvimos al barco (por cierto vi a Carlos con dos Burns sospechosos…), y esa noche fue igual que la anterior, bueno, mejor si cabe.

Ya era el quinto día, y por la mañana salimos de puerto en dirección a Cádiz. Ese día y el siguiente estuvimos haciendo trabajos de Guardiamarinas y Cabos. Paseábamos en grupos por el barco y la gente que estaba en los diferentes puestos nos explicaba qué era cada cosa. Durante la travesía de esos días, los mareos quedaron servidos. Carlos no paró de tocar el piano en toda nuestra estancia en ElCano. Y poco a poco fuimos llegando. Tuvimos un poco de lluvia, pero la mayor parte del tiempo hizo sol. Y el último día nos despertamos con una canción de Niña Pastori, y la banda de música entrando por los sollados, y todo el mundo poniendo música en sus portátiles. Al salir y recoger las maletas (por cierto, nos perdimos el desayuno, el mejor desayuno y nos lo perdimos…churros con chocolate), vimos cómo atracamos en puerto, la gran masa de gente que se encontraba en puerto, y cómo el Sr.Comandante y un gran cargo de la Armada se encontraban e iban a tomar algo al camarote del comandante.

A partir de ese momento nos esperaba un largo y duro viaje de 7 horas, duro por tener que despegarnos de todas las cosas con las que nos habíamos encariñado en la relativa corta estancia que tuvimos. Al llegar fue muy doloroso despedirse, ya que entablamos una gran amistad con todas aquellas personas que nos habían acompañado en esta bonita experiencia, que seguro, quedará para el recuerdo en nuestros corazones. Para nosotros todas estas personas que formaron parte de esta experiencia, los Guardiamarinas, los marineros, nuestros amigos que nos acompañaron durante los 7 días, se convirtieron en nuestra familia, ya que convivíamos con ellos a todas horas y siempre había alguien dispuesto a echar un cable cuando a alguno nos hacía falta. Y no podríamos olvidar a nuestros Oficiales Evaristo y Jesús, que se merecen la más grata de nuestras sonrisas, el más sincero de nuestros abrazos y las más amistosas palabras que podamos decir de ellos, ya que sin su participación esta experiencia habría sido imposible. Sin más dilación, GRACIAS a todas estas personas.

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