Art. de opinión de Vicente Díez

Andy Schleck, el «nuevo Poulidor» del Tour de Francia

Previamente, gracias a todos los que os ha agradado mi escrito anterior sobre el Tour. Hoy quiero destacar al luxemburgués Andy Schleck, que ya acumula tres segundos puestos en el Tour, si bien ha conseguido vestir un día de amarillo en este año, algo que el limousin Raymond Poulidor no tuvo el honor, por coincidir con dos monstruos: Anquetil y Merckx.

Este año, nuestro ídolo Alberto Contador no ha logrado vencer en el Tour y da la sensación de que si no es el primero, como nos tenía acostumbrado, cualquier otro puesto no nos vale. Pero esa impresión es injusta; sólo quienes hemos competido en cualquier deporte, valoramos lo conseguido, pues hemos dado todo lo que pudimos o supimos y además, nadie, sea persona individual o un equipo, selección, etc. vence siempre. Quien se sienta defraudado o engañado porque su ídolo no venció, es candidato a «campeón del sillón-bol», donde los toros se ven muy bien desde la barrera del deporte.

Si analizamos el año actual, para Contador ha sido penoso. Los organismos oficiales del ciclismo mundial, sometiéndole a la tortura psicológica del «que te mato» y mi opinión es que esa acusación por el clembuterol en una chuleta de ternera que consumió, van a ir dejando pasar el tiempo hasta que prescriba el caso, pues ya lo dije en su día. Es algo así como si el director general del FBI acompañado de los dirigentes de Scotland Yard y la Suretè Francaise, avisasen al máximo mandatario español de nuestra Policía y pusieran un montón de vehículos y agentes para vigilar, examinar y controlar al que en el extranjero creen «el mayor sospechoso» y luego resultase que su delito fuese haberse quedado con una moneda encontrada en la calle. Tras tanto revuelo y escándalo, se dan cuenta del ridículo, al meter la pata hasta la cadera y se pasan la patata caliente (el caso Contador) unos a otros; nadie quiere seguir ridiculizándose y acaban dejando pasar el tiempo hasta que prescriba. A Alberto le queda aún mucha cuerda para conseguir nuevos triunfos.

En cuanto a Schleck, simplemente sucedió esto: ambos hermanos se prepararon mejor que otros años y pudo vencer tanto Andy como Frank; se vio que Contador este año no tomaba la iniciativa (estaba «tocado del ala», por los retrasos y la caída iniciales) e hicieron lo que cualquiera hubiera hecho legalmente: si ves que tu rival cede, pasas a tomar la iniciativa, ya que otros años tenían que seguir la estela del pinteño, tras sus acelerones.

Y ya metidos en historia, les voy a detallar los cuatro triunfos anteriores de ciclistas luxemburgueses en el Tour de Francia.

1º) François Faber (1.909) fue el primer extranjero en vencer en el Tour, inaugurado seis años antes. Faber «el Gigante de Colombes» vivió una época en la que el promedio de las 8 ó 9 etapas era de 350 kms. aproximadamente. Se corría en días alternos para descanso de los forzados de la ruta. Los corredores debían llevar una mochila sujeta al manillar con todo lo que necesitasen: neumáticos, repuestos, herramientas, comida, bebida, toalla… Estaba prohibido recibir ayuda de otra persona y si por ejemplo, se le acababa el agua o el alimento, pues paraban donde pudieran conseguir lo que buscaban, pero nada de ayudas ante cualquier averçia; o la reparaba el ciclista en persona y ante un arbitro o… se retiraba del Tour.
Entonces se salía ante de asomar el sol y tras 14 o mas horas de pedaleo, se llegaba a la meta, con el tiempo justo para buscarse ellos mismos alguna pensión u hotel para descansar y al segundo día… en marcha de nuevo. Había premios en cada etapa para los 30 primeros y una dieta de 7 francos hasta el cuadragésimo, o de 5 francos hasta el quincuagésimo y si acababa la etapa desde el puesto 51 en adelante, nada de dinero y se dieron casos, conservo una fotografía que lo demuestra, en que hacían malabarismos sobre una silla, mientras otro colega «pasaba la gorra», casi pidiendo limosna y contando su batallita a los espectadores.

Fue un ciclismo heroico y de esa manera falleció Faber pocos años después, en 1.915, enrolado en la Legión Extranjera durante la I Guerra Mundial; recibió un disparo al saltar sobre una alambrada.

2º) Nicolas Frantz, en 1.927 y 28 fue de otra época mas humanizada; ha desaparecido la mochila sobre el manillar y los ciclistas llevan dos tubulares enrollados a la espalda; ya hay algunos equipos comerciales, normalmente de marcas francesas de bicicletas: Alcyon, Mercier; La Francaise; Peugeot… las legendarias marcas españolas Orbea o BH aun no se asoman al Tour, aunque en España ya se veían en la Vuelta al País Vasco, o en la Volta a Catalunya. La Vuelta a España tuvo que esperar hasta 1.935.
En los años 20, las ciudades francesas estaban adoquinadas y las mejores carreteras de la época, por las que pasaba el Tour, disponían del macadam, un asfalto pegajoso en pleno verano. Los puertos de montaña eran en su mayoría de tierra apisonada, donde quedaban grabados los surcos dejados por las carretas de animales de carga y que la tierra se volvía barro, tras la lluvia invernal. Un repasito al suelo a base de peones camineros y ese era el suelo que encontraban los ciclistas, con gafas de gomas, como las del aviador. Las gafas eran para protegerse del polvo que levantaban los pocos coches que acompañaban al Tour. Se la jugaban en las bajadas; de hecho, el primer ciclista que se mato bajando un puerto en el Tour fue un vasco, Francisco Cepeda, en 1.935.
Aquellos años 20 fueron el inicio del profesionalismo bien pagado, para unos pocos elegidos… el resto, lo comido por lo servido, tras dedicarse a pedalear durante los mejores años de su juventud.

3º) Charly Gaul en 1.958, fue el rival de Bahamontes en la montaña; sus mano a mano solían inclinarse hacia el toledano en la mayoría de las cimas, pero Charly fue mas calculador o mas completo que Federico. El luxemburgués era mejor en las contra reloj y soportaba el frío, un detalle que en Italia, cuyo Giro se disputa entre Mayo y Junio, se nota.

Su primer triunfo en el Giro en 1.956 le valió el sobrenombre de «el Ángel de la Nieve», pues a falta de pocos días para acabar, la nieve caída en la zona montañosa durante la noche anterior, hacia tiritar a los ciclistas. Las cimas estaban desiertas de público; solo el juez árbitro se mantenía con una manta, golpeándose para calentarse hombros y piernas. Gaul estaba a mas de 20 minutos del líder, Alessandro Fantini, y su única expectativa era disputar el premio de la Montaña al gran favorito, Bahamontes, cuarto en la general.

Los corredores murmuraban de no salir a correr; aún no se había pensado en anular una etapa ni se conocía el perdón para nadie, ante el cierre de control. El organizador, Vincenzo Torriani, para evitar el plante de los corredores, dio la salida casi sin contar con nadie; solo unos pocos ciclistas salieron lentamente; el resto, poco a poco, al ver que se quedaban fuera de juego, se fueron incorporando, incrédulos.

Total, que Charly Gaul puso en marcha su «motor de frigorífico»; se destaco desde el principio y años después, contó que a veces, en las bajadas, tenía los dedos congelados y en algunas curvas, utilizaba la punta de la zapatilla contra la rueda trasera. Al llegar destacado a la meta, le ayudaron los carabinieri para bajarle de la bicicleta y le hicieron «la sillita de la reina» para llevarle sentado a recibir su premio; no se mantenía en pie. Su cara parecía la de un esquimal y cuando cerraron el control, solo habían entrado otros siete corredores; el resto, con el reglamento en la mano, debía hacer las maletas de regreso a casa. Se imaginan acaban el Giro de Italia con solo ocho ciclistas. Vamos, ni la carrera del barrio, por lo que tuvieron que readmitir a todos los que iban llegando en la bici, o en el coche escoba, para rellenar el pelotón; si bien, los ciclistas repescados optaban al acabar aquel Giro a hacerlo desde el noveno puesto en adelante. Desde aquel caso, se modifico el reglamento internacional y se añadió la posibilidad, a juicio del organizador, de repescar a los ciclistas fuera de control, siempre que su número fuera «elevado».

Ese mismo caso se vio en el Tour de 1.971. Ocaña dejó a medio pelotón fuera de carrera, con lo que se permitió su reingreso, sumándole a los implicados el insalvable tiempo perdido. Desgraciadamente, pocos días después, tuvo una grave caída y abandono siendo líder.

Y este año. 2.011. sucedió lo mismo en Alpe de Huez.
En el Tour de 1.958, así como en su segundo Giro, en 1.959, simplemente Gaul demostró que sabia dosificar mejor sus fuerzas que Bahamontes; venció también en alguna contrarreloj, pero el calor asfixiante le dejaba K.O. Su declive le vino a raíz del divorcio que le pidió su esposa, Georgette, harta de tanta promesa incumplida por las largas ausencias del hogar, algo inevitable en un ciclista profesional. Se recluyó en su nuevo hogar, tras retirarse definitivamente; fue engordando; se dejó barba y bastantes años después, no le reconocí en la fotografía de un periódico. Se había vuelto huraño y no quería visitas. Falleció pocos años antes del Centenario del Tour de Francia, en 2.003, por lo que no se le vio en la primera línea del homenaje a los vencedores; en esta primera línea estaban sentados los más viejos, entre ellos, Bahamontes.

Concluyo adelantándoles que la próxima semana, traeré un articulo sobre los primeros años de la Vuelta Ciclista a España, la cual esta a punto de comenzar en Benidorm el sábado 20 de Agosto. El domingo, 21, Benidorm – Orihuela Playas. Vayan a verlo.

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