Art. de opinión de Luis Beresaluze Galbis: «Rehenes del dinero»

No me gustan los bancos. Son un mal indispensable. Un mal nunca puede ser un bien, aunque Franco dijese aquella tontería inoportuna cuando ETA voló directamente al Cielo a Carrero Blanco, coche oficial incluido. “No hay mal que por bien no venga”, dijo el inoportuno y ya decrépito Caudillo a la viuda de don Luis. Total, que aún podía estar agradecida a los criminales vascos.

Sin ellos, los bancos, no podríamos vivir. Pero con ellos vivimos peor y hasta es posible que muramos. Nosotros, no ellos. Ellos, cuando más muertos estemos financieramente, mejor buitrazgo celebrarán.

Usted, su vida, sin bancos, en el actual sistema social, no sería posible. Ni la luz, ni el gas, ni el agua, ni el teléfono, ni la compañía del seguro médico, ni Canal Plus, ni el Corte Ingles por el uso de su tarjeta, ni el Casino o el Club de Regatas, le prestarían sus servicios si usted no les facilitase antes los datos de una cuenta bancaria sobre la que domiciliarlos. Ni podría pagar sus impuestos. Ni recibir el importe de su pensión, si es un jubilado. Ni presentar la declaración de la Renta, si le corresponde. Ni ese gozar de ese magnifico café llamado Nespreso, porque se vende por teléfono y no hay tiendas donde comprarlo. Usted sería un Robinson perdido en una playa desconectada de la realidad social. Tendría que ser autosuficiente. Y eso resulta muy difícil desde que nos apeamos del árbol y abandonamos la caverna. ¡Benditos nuestros ancestros, pese a la inclemencia climática y la proximidad de tanto bicho! No tenían bancos. Negociaban en especie.

Sin bancos no podría ser usted desarrollar ninguna actividad de las que constituyen en autónomo o empresario. Ni siquiera empleado, que hasta las nóminas se perciben ya a través de una de esas inevitables entidades. (¿No han observado como captan escandalosamente dichas nóminas, con regalos de todo orden?) No podrían cobrarle sus proveedores, si era un industrial, ni usted a sus clientes por la facturación de sus mercancías servidas y transportadas a su destino.

Ni estado, ni comunidad autónoma, ni ayuntamiento podría usted ser o formar parte de ellos, sin su correspondiente banco, en este caso llamado Aquagest, Aqualia, Seragua, Suma, etc. Hasta Correos parece un servicio delegado, si no me equivoco. Y así funciona… Entidades estas que a su vez, prestan dinero a sus citados clientes públicos, estatales, comunitarios o municipales, desplazando de este modo a sus posibles competidores y forzándoles a su contratación.

El Banco es nuestro segundo Estado, sin bandera, pero nacional y hasta internacional. Sin él careceríamos de entidad social o profesional alguna. Con él somos un elemento económico con vida propia y oficial. Con número de cuenta. Alguien individualizado por sus seis dígitos, como dicen ellos. Como un código de barras. Que les entrega su intimidad personal, familiar, profesional, sin confidencialidad ninguna, datos que deberían ser sagrados y que pueden ellos intercambiarse con todo género de empresas para, en el mejor de los casos, que nos bombardeen con una publicidad indeseada que atasca nuestros buzones domésticos.

Quien no tiene banco no existe, salvo que descanse bajo una lápida, viviendo otra existencia. Pronto, hasta respirar estará gravado por un impuesto que tendrá que pagarse a través de un banco, a tanto el metro cúbico de aire, de atmósfera común consumida.

Yo, que nunca quise ser esclavo del dinero, que casi carezco de su sentido, por una especie de atrofia psicológica de la que ando muy lejos de estar orgulloso, sobre todo por sus efectos patrimoniales, más cigarra que hormiguita, probablemente, lo soy (esclavo, digo), de los que trafican con él. Hace unos días, Caja Madrid me ha cargado 4,50 euros en concepto de “cargo por cobro de servicio”, en un comunicado por el que llego al conocimiento de que los 17,5 euros que tenia el 20.9.90 se han convertido en 13,15 euros a fecha 13.10.9. Sin comentarios. Me parece un interés anual elevadísimo, por solo 23 días. Esta es solo una de mis cuentas, que dejé abandonada con una pequeña cantidad. Aunque me he referido a mi poco sentido económico, tampoco es que sea tan pobre como el vicepresidente Chaves o la miembra del gobierno llamada Bibiana. Tranquilos…Como espero que la aberración continúe, cuando ya no quede nada en su saldo porque no pienso ocuparme de ella por pereza y asco, a lo mejor incluso pasa a ser negativa y sigue incrementándose en rojo, solo sabe Dios hasta donde y cuando…Ellos no dan puntada sin hilo.

Ese saldo casi simbólico decrece en virtud de un automatismo autorizado, galácticamente usurario. Y a ver qué haces. O tienes banco o no existes. Solo bajo de un puente y comiendo hierbas salvajes o fruta robada, resultaría posible vivir de espaldas a la banca. Si no te multaban por ello y necesitabas procurarte la vehiculación del pago de la sanción correspondiente, exclusivamente, ineludiblemente, a través de un banco.

Hemos llegado al extremo de que un banco que yo llamo Indigest, por lo estomagante de su publicidad, ofrece un interés anual de lo mas discretito, nada menos que por solo los tres primeros meses. Es decir, una anualidad trimestral. Absolutamente estúpido. Y, además, no tiene oficinas. Te impone trabajar con él a través de otro banco intermediario. Si no nos toma por tontos este banco del arbolito holandés, es que lo somos realmente. Un banco que solo necesita teléfono y la colaboración de otros bancos mamporreros. Y de tu curiosa ingenuidad…

Estamos viviendo una crisis financiera espantosa. Alcanzamos niveles de paro absolutamente inhumanos. Esta situación la han creado, principalmente, las malas prácticas bancarias. Esos irresponsables y canallas Lehman Brothers y Madoff de turno, tolerados por unas autoridades, teóricamente vigilantes, generalmente blindadas por sus dádivas. Corruptas, por otra parte, hasta límites que deben alcanzar proximidades muy altas del ciento por ciento, según estamos viendo y viviendo, muertos de asco, últimamente.

Estos días se reúne la UE en busca de un plan para ejecutar las quiebras de los grandes bancos. Aún no sabemos qué se hará con Caja Castilla-la Mancha y sus gestores, el principal, aquel bigotudo sujeto llamado Hernández Moltó, del PSOE toledano, que le decía despectiva y autoritariamente a Mariano Rubio, un viejo enfermo, a la sazón, (el que firmaba los billetes de 50 pesetas del Banco de España, de color rojo), “¡Míreme a los ojos!”

El comisario Charlie McCreeney, acompañado de nuestro Almunia, pide “un marco que equipe a las autoridades con las herramientas adecuadas y la certidumbre legal, para gestionar las quiebras bancarias, minimizar los costes para los contribuyentes”!!!!(estos simbolitos los pongo yo)” y permitir a los grandes bancos quebrar sin dañar la estabilidad financiera”. A mi esto me parece una manera de cuadrar el círculo. Cuadrar las cuentas y los cuentos de un círculo vicioso.

Lo cierto es que los Estados Unidos y nosotros mismos, en nuestra pobreza, hemos dado ya dinero a la banca y a las cajas para que se sostenga el tinglado. Ese tinglado que les permite a ellos y ellas, darlo según su criterio, siempre a quien menos lo necesita para crear riqueza y puestos de trabajo. Para que todo siga igual. Si tienes una idea solvente y con fundamento, no vayas con ella a un banco; ni te acompañará nadie hasta la puerta.

No interesa la riquezaza nacional. Su creación “sostenible”, por decirlo con ese estúpido adjetivo que tanto gusta a los tecno políticos y que a mi me hace siempre pensar en las tetas de las jovencitas. Les interesa seguir en sus trece. Como decía recientemente mi compañero Rafael Burgos, el que me hizo una entrevista cuando apareció en 2001 mi primer libro, en EL MUNDO, “Los bancos, salvados con una medida anticapitalista, siguen sin fiarse de quien les da de comer”. De quien les da de comer como cliente y los salva como contribuyente. Muy expresivo mi compañero.

Yo no acuso sólo a los bancos ni los sentaría exclusivamente en el correspondiente banquillo. Ellos van a lo suyo y se lo consienten. Yo acuso, sobre todo, a los políticos, los que debían vigilarlos y no convertirse en sus benefactores y beneficiados. Esa mala y torcida gente. Los que permiten que mantengan exprimida nuestra pobreza esos monstruos ávidos y codiciosos que premian a los máximos depredadores de sus cúpulas, con bonus de juzgado de guardia. Nunca el latrocinio fue tan laureado. Alí Babá era un roñoso, con sus cuarenta ladrones. Los que los necesitan para que financien los escandalosos proyectos en que se remultiplica el efecto de su corrupción galáctica y a verdadera escaña nacional, en todas las direcciones del espectro ideológico. Es un decir…

Ni la justicia tan prostituida. Acabo de leer que los Albertos, condenados por estafa de veinticinco millones de euros a los socios minoritarios de Urbanor, luego de ser absueltos por prescripción, (prescripción que alguien, desde las instancias políticas y judiciales, que vienen a ser las mismas, nos tendría que explicar), demandan ahora al Estado, al Tribunal Supremo y al Constitucional, exigiendo una indemnización de cuatro coma seis millones de euros, encima. No es que piense el ladrón que todos son de su condición. Es que piensa que no se puede ni pensar en que él lo es. Sobre todo, si es de guante blanco o gabardina de marca. A mí que me registren…Soy uno de los millones de idiotas que soportan y costean todo este estercolero público y moral. Como civilizados y buenos ciudadanos…

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