Manual de resistencia pero para idiotas

Artículo de opinión de Ricardo Moreno, concejal de Ciudadanos

Es septiembre. Aún hace calor. El caso es que como cada mes me dispongo a escribir un artículo. Llevo más de diez años escribiéndolos. Y se me hace cada vez más difícil. Les seré sincero. Lo mejor de tanto tiempo que ya ha pasado es lo mucho o poco que uno aprende en el camino. Lo peor, este callo que se le hace a uno de ver ciertas cosas.

Pero lo cierto es que creo que aún sigo siendo ingenuo en lo esencial. Supongo que por eso soy algo idiota después de todo. Porque sigo pensando que las cosas pueden cambiar. Pero, con tanto tiempo y tanto callo, ya voy viendo que no voy a ser yo el que ayude a cambiarlas ni podré verlas. Quizá sea otra generación. Quizá la siguiente. Quizá la siguiente de la siguiente. Algún día llegará. Quién sabe.

Y es que no han importado aquí las mentiras de los de siempre, porque se han hecho peores y aún más evidentes. Aunque bien es verdad que las cosas han cambiado. No mucho. Pero sí algo. Y se han puesto sobre la mesa temas importantes. Se han intentado abordar. Se han peleado. Se han luchado. Se han intentado cambiar las cosas. Pero esto va teniendo cada vez más toda la pinta de volver a lo de antes, a lo de siempre, a lo de toda la vida.

En cualquier caso, parece que las cosas casi nunca acaban de otra forma. Al final siempre ganan los mismos. Por cierto, como en mi artículo anterior que hablaba de Julio Anguita, también ha fallecido en fechas recientes Francisco Frutos. Otro comunista “traidor” a las mentiras, y las trampas de los que quieren reventar este país, las de los chiringuitos nacionales; otro hombre de izquierdas que no supo adaptarse a sus “izquierdas”. Las del aplausometro, las del autobombo, las de ZP y sus minas de oro, las del chaletito en Galapagar, las del trilero y las películas.

Y las de las mentiras también; como la última que he oído, que han rebajado ahora en este Ayuntamiento tres millones la deuda desde que llegaron hace un año. Pero no dicen que de esos tres, uno es de la liquidación de nuestro presupuesto y otro de las cuotas del año pasado; es decir, también de nuestro presupuesto; que por cierto votaron en contra. Los suyos, sus presupuestos, aún está por ver dónde nos llevan. Tampoco hablan de la propuesta para amortizar anticipadamente otro más de medio millón de deuda que dejé firmada antes de irme. Pero el caso es vender lo bueno, aunque lo hayan hecho otros, y decir por ahí que todo lo malo era culpa de los de antes. Sin escrúpulo ninguno, oiga. Y lo mejor de todo es que les funciona.

Pocas veces las cosas son y acaban de otra forma. Supongo que las mentiras y los cuentos siempre acaban triunfando y ganando la partida. No iba a ser esta vez diferente, ¿verdad?

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