Art. de opinión de Claudio Rizo Aldeguer

Claudio Rizo (abogado)

DUERMEVELA POLÍTICA, O DE CÓMO SUPERAR UNA NOCHE FEBRIL

Anoche tuve un sueño lúgubre, creo que estaba enfermo, bastante: soñé que era político. Nada menos. De esos que salen por la tele, almidonados y tiesos hasta en las corvas de las piernas y que gustan de dar lecciones de inoperancia colgados del oportunismo que les ha puesto ahí, en ese instante, al servicio de una causa que no son capaces de resolver pero que con gesto teledirigido afirmarían hasta ante el mismísimo demonio conocer el camino a seguir y sus peligros. Pues se trataría, según mi anestesiado viaje político, de una cuestión de fe, de un dejar hacer a los que saben. Como yo así me sentí, anoche. Diputado con siete mil euros en la entrepierna y jubilosa jubilación esperando, sin molestias ni mariconadas de huelgas y chorradas varias a grito pelado en esa calle de La Haraganería que linda con la de La Indignidad. Y de arrimar los santos cojones, de una vez. Todos juntos. ¡Que si no, no hay tutía ni cristo que permita emerger toda esa luz de que el pueblo anda privado! O esquilmado. Expresión esta mayormente elegida por quien solo sabe patalear. Fíjense cuánto de tenebroso puede llegar a tener una noche de fiebres causada por el socavón dejado por la extracción de una muela infecta. Parece tontería.

Se me escurrió, decía, en ese sendero entre lo durmiente y la consciencia del bostezo, que bien podríamos definir como de “duermevela política”, una medida disuasoria sin par que a buen seguro habría de calmar el vocerío popular, a propósito de los desahucios: dejar caer la guillotina, sí, pero más lentamente. ¡Fantástico! Más o menos durante dos años. Y ya que en realidad entre mis destrezas no se hallaba la de dar un cierto orden al personal patibulario, ¿qué tal si alargaba la agonía de ese final inevitable y, de paso, acudíamos todos como testigos de los escabrosos detalles, día a día, mes a mes, así durante dos años, al estremecimiento de una familia, de miles y miles de familias abocadas al nadismo? Una condición resolutoria, suspendida, latente, maldita y malhadada como solo acontece en esos sueños de los que uno más tarde se avergüenza de haber deambulado: la pérdida de un trabajo y su inevitable correlato de demolición de una vivienda, piedra a piedra, con cuenta gotas, como establecen las más insignes torturas del medievo. Duelo a duelo. Suspiro a suspiro. Un hálito desvencijado que no termina de extinguirse, de crucificar…

Establecí, pues, supuestos, lenitivos que di por soluciones, creyéndome ser un semidiós llevado por la erótica nauseabunda del sueño: salarios inferiores a equis mil euros, no sé qué de alguna minusvalía a cargo del agraciado, el agotamiento del desempleo, cierta suerte de familia numerosa y algo más de algún supuesto común que ya no recuerdo (las periferias de los escarceos nocturnos, como los innecesarios aderezos de la mujer de por sí hermosa, como las quinielas nunca premiadas, tienen ese don: suelen quedar desdibujadas a la mañana, trazos difusos… una vez frente al espejo tratamos de reconocernos). Y creí dar con la pócima, salvífica, justo cuando la fiebre creo que más demoledoramente sacudía mi cuerpo y lo revolvía en un fardo que escupía las más deshonrosas estupideces y burlas.

Esta mañana, después de ducharme y expurgar de mi cuerpo la sensación de ser poco menos que un maldito, fui al dentista y le dije que me mirase el hueco de esa muela y el posible mal que lo rodeaba.

-Anoche tuve fiebre, y me preocupa-, le dije al dentista. Sin más.

–Cuánta fiebre tuviste, ¿te la tomaste?-, me preguntó mientras hurgaba con su instrumental en el hoyo de la encía.

-No sé, pero mucha. Seguro. Tuve mucha fiebre. Tanta que preferí no coger el termómetro…

14 COMENTARIOS

  1. Pues sí, mientras haya políticos (y banqueros) con esos sueldazos y que tiran nuestros impuestos en sus caprichos y cacicadas, no hay nada que hacer.
    Sabemos de trabajadores (si se les puede llamar trabajador al que no cobra) que están hasta el cuello de deudas, con el tendero y el droguero, entre otros acreedores. Pero ¿alguien sabe de algún político de cuello blanco, que esté un solo mes sin cobrar? Así ya se puede capear la crisis. Como alguien decía en la Guerra Civil: «Hay que resistir con pan y sin pan». Pero aquel tramposo, tenía su armario con panes escondidos.
    Pues este es el mismo caso que los dirigentes políticos actuales cuando nos piden otro esfuerzo más y otra vuelta de tuerca a nuestro gaznate.

  2. ¿Nos merecemos estos políticos? esta mañana he leido en el periódico información que desde telefonos del ayuntamiento de torrevieja se han hecho 700 llamadas a concursos de TV y muchas llamadas a prostitutas. ¿Que estamos haciendo mal los ciudadanos para merecernos esto?. Muy buen artículo Claudio

  3. mira claudio – mi abuelo decía que lo que las fechorias de los politicos las pagamos los pobres (osea, todos los ciudadanos)

  4. Estimado Claudio a ver cuando publicas un libro como lo va a hacer dentro de poco otro joven articulista como tu Sergio Mira. SALUDOS PARA TODOS

  5. ya que habéis hablado de dos estupendos articulistas como Claudio y Sergio, yo tengo que decir que en este mismo medio tambien escriben articulistas tan buenos como Charly y la última incorporacion de Francisco Sánchez, director del CEU, aunque también se añoran por lo polemicos los del cura Pellín.Felicidades a todos.

    POSTDATA: los artículos de los políticos son infumables

  6. Que no se te olvide que el señor José Penalva también es un buen articulista.A mí me parece más infumable, que digas que se añoran los artículos del cura Pellín. ¡ Vamos hombre! ¿Sabías que hasta tomarte una taza de café también es hacer política?

  7. Gracias por la visita. Las pesadillas pasan pronto… y eso que esta ha sido dura y difícil de asimilar. Pero no me han quedado secuelas.
    Abrazos.

  8. Tiene razón comentario 9, se me olvidó nombrar expresamente al Sr. D. José Penalva que también es un excedlente articulista. Pero coo para gustoslos colores, a mi me gustaban las polémicas de los artículos del pater Pellín.

  9. Claudio, a ver si te pegas un mega chute de amoxicilina y ahora sueñas con la solución a tanto cafre! Que te juro que a mí no se me ocurre ninguna donde alguien no sangre! ;D

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