Art. de opinión de Luis Beresaluze Galbis

Amigo ratón

Secuenciado, como dicen los técnicos, el genoma del ratón, coincide con el humano en un 99%. Somos, pues, auténticos ratones, más evolucionados, sin rabo. Mala coincidencia para los pobres “mus musculus”, su práctica similitud con nuestros músculos. Le está representando el coste de morir como ratas en los laboratorios experimentales.

Se parecen tanto a nosotros que, en lugar de respetarlos casi a nuestro nivel, los matamos, a miles, para no morir. Para saber de cómo morir menos, averiguando sobre sus enfermedades inducidas, el modo de curar las nuestras, presuntamente similares. Experimentamos con ellos como materia viva disponible, con derecho a matar. Ensayamos con vidas. Vidas cuyo fundamente biológico es como el de un santo. Sin pensar que quien mata un ratón mata una cosa que es, además de inocente, en un 99% igual que un ser humano. Tenemos el mismo número de genes, 300.000 y un DNA un 99% semejante. Si no les dotamos de un DNI es por pura soberbia zoológica y administrativa.
No hemos sido agradecidos con el ratón. Intentamos envenenarlo en los jardines. Alentamos al gato, ese pequeño canalla egoísta, contra nuestros benefactores científicos. La mujer lo rehuye, histérica, con una extraña repulsión biológica y gritos de horror, que parecen proceder del principio de la especie. . Solo los niños se hacen amigos suyos disneyanos. Y esperan que el ratón Pérez les compense de algún modo de la pérdida de un diente. Los pobres ratones a quienes el Hamelin de la ciencia convoca en laboratorios mataderos…

Ya no es el perro nuestro mejor amigo. El que da la vida por nosotros, para que la nuestra sea mejor y más libre de enfermedades, es el ratón. Esa cosa que usaba Alfonso Ussía para calificar peyorativamente a Maria Antonia Iglesias, cuando barbarizaba al frente de aquella TVE, de la que llegó a dirigir como una comisaria soviética del PSOE. La llamaba, si no recuerdo mal, “rata sectaria”. Debió añadir, “con perdón de las auténticas”…Pero estas son otras raterías. De modo que doy al ratón de mi alfombrilla pre-cibernética, y cierro…

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