Art. de opinión de Luis Beresaluze Galbis: «¿Discriminaciones bioéticas?»

La imponente manifestación pro-vida celebrada hace unos días en Madrid, me hace recordar un asunto que mereció mi alucinada atención de entonces, con sensaciones que ahora me retornan a las mientes.

Hace no muchísimo tiempo, leí en la prensa, y se me pusieron los ojos como platos y el alma como una vajilla completa, pero rota, que el científico Bernat Soria, aquel que fue ministro de Sanidad, el que se inventaba curriculums o curricula, el que recién estrenada su cartera, pidió el premio Nobel para Zapatero, “obtiene el compromiso verbal del Consell valenciano para usar embriones importados.” Aquel Consell aún era socialista…

La sintaxis no era muy buena pero la realidad subyacente se entendía. O sea que, si los embriones eran de fuera, importados, si no tenían la nacionalidad española, se podían manipular, como si la Ley española de Reproducción Asistida solo se refiriese a material genético de produccion nacional. Es decir, como, si, según dice la Iglesia, y confirma el sentido común, eso equivaliese a matar y no importase hacerlo con tal de que lo muerto no fuera español. O como si en España, los científicos tuvieran aquello que tenia el agente 007, licencia para matar. Pero matar vidas extranjeras.

¿De qué mecanismos legales, comerciales, aduaneros etc., se valía un pseudo-científico español para importar embriones humanos extranjeros? ¿Qué aranceles pagaba y a quién? ¿Quién le hacía los trámites del despacho aduanero? ¿Y cómo?… Gracias a Dios, faltó la confirmación escrita de la promesa apertuirista del gobierno valenciano. Pero el doctor parecía que contaba tanto con ella, que ya se había puesto en contacto con las correspondientes “fuentes”, mercados de posible vida, extranjeras…

A los chauvinistas locales, les preocupaba que la gloria de los posibles hallazgos de Bernat se tuviera que compartir con la Universidad extranjera que colaborase con él y le procurase los posibles embriones importables. Esta es otra.
¿Qué mas da donde se invente y por quién, si, en definitiva, lo que debe contar es el bien procurado a la humanidad por un descubrimiento definitivo? Hoy somos europeos, siempre fuimos ciudadanos del mundo. Sobre todo y más que a ningún efecto, a estos, procedentes y esperables de la investigación científica. Si yo tengo un hijo enfermo, ¿qué me importa que su salvación corra a cargo de un médico elchero o finlandés? Aquí lo que cuenta, lo que asombra, lo que maravilla, es que aquella Valencia de cuando el episodio, pudiera darle un rodeo a Madrid, o a España, y tolerar lo que en el país es ilegal, porque se lleve a cabo con material extranjero. Y si ese material tiene tanto que ver con la vida, muchísimo más. Extremando el ejemplo, podría afirmarse que en España estaría prohibido el asesinato, salvo que se tratase de extranjeros. Si aquí estaba y está, vigente, una Ley de Reproducción Asistida que no permite la manipulación de embriones humanos para usos terapéuticos, lo que importa es la ley y su contenido, no el origen de los embriones tratados. Otra cosa es una caricatura monstruosa.

Parece que la única preocupación de aquel gobierno valenciano al respecto, fue la relativa a la emigración de la investigación. Y, consecuentemente, antes de que la ciencia emigre, hace que inmigre el material cuestionado por la ley, sobre el que aquella quiere operar.

Yo solo entendería la importación de embriones humanos, si los nuestros no sirviesen. Si aquí careciésemos de ellos. Como no era este el caso sino que aquí, con los nuestros, la Ley no autorizaba la investigación de Bernat, la cosa venía a consistir en que se traían de fuera y santas pascuas…Si el asunto no fuera tan serio, uno hablaría del sainete de los embriones humanos deshumanizados por el chauvinismo de los políticos…

Se pueden leer y oír barbaridades. Uno se hace a todo. Yo, pobre de mí, creo tener absolutamente claro este asunto. Deseo el progreso y tengo fé y soy creyente. No vivo en un incomodísimo mar de dudas. La fe y el sentido común me ponen a salvo. No se puede matar la vida en ninguno de sus estadíos. Pero me saca de quicio asistir a estos maquiavelismos intelectuales propios de gente muy mal asistida por arriba. Definitivamente, si en España no se podía manejar, a los fines aquellos del doctor Bernat, embriones humanos, no se podía, independientemente de que esos embriones fueran españoles, húngaros o irlandeses. Primero se es embrión humano, algo que tiene mas o menos que ver con la vida del hombre, según lo entendamos y después, francés, italiano o chileno. Con los mismísimos y sacrosantos derechos.

Luego, el eminente paisano dejó de ser ministro de Sanidad. Parece que aquellas aberraciones se le olvidaron un poco, pendiente de si se podía consumir o no, ciertas marcas de aceite de girasol. Y hasta de beberse un barril entero, delante de los desconfiados periodistas. Este Bernat sería Soria, pero serio, en absoluto que no. Además de que siempre, como su jefe y Nobel in pectore, siempre, siempre, lo que se dice siempre, como los tontos, está sonriendo.

Ahora, el bibianismo aidiano, ha vuelto por lo fúnebre y mortal en relación con la vida. Volver sobre el aborto, es decir, facilitarlo aún más y extender el doctormontesismo madrileño y el doctormonismo catalán, el que trituraba carne infantil en Barcelona, a una generalización más ámplia de la eutanasia y eso que llaman interrupción del embarazo. Matar equivaliendo a interrumpir la vida. Es decir, por acabar con la vida en sus fases inicial y final. Ya no se trata de acabar con España, esa nación de la que Zapatero dijo no tener noción. Ahora se trata de acabar con los españoles; con los que están a punto de llegar y con los que están a punto de irse. Y a eso lo llaman ampliación de derechos. Derechos relativos a los que van a vivir (ya lo están haciendo en el vientre materno) y de los que van a morir. Pero derechos de sus matarifes. Derecho a matarlos. Por el cretinismo se puede llegar al crimen, sonriendo además. ¡Qué asco ser español! Menos mal que ahora, inundado por la reciente manifestación, Bono pide un consenso para la nueva ley de los dieciséis años libres y expeditivos, sin consulta paterna. Veremos qué dice la ministra niñata, la miembra más pobre del gabinete Zapatero. Pobre, probablemente, en más de un sentido. La del Ministerio de Igualdad, que hay que entender como de Igual da.

¡Qué gente, Dios, y pagada con nuestros impuestos, que, prácticamente, nos convierten en sus cómplices!

2 COMENTARIOS

  1. Hago constar que el plural de curriculum es currículos, no curriculums…Sería la primera palabra castellana con plural en ms…Y en latín tampoco se forma de esa forma. Sin duda, una errata.

  2. Estoy en contra del aborto en cualquier etapa de la vida de una mujer. para mi es como un asesinato.SI A LA VIDA. Lo que se debe hacer para no llegar a ese extremo, Es más información sobre métodos anticonceptivos que hay varios…y para las mujeres sin recursos que se los regalen.ya que un aborto es más costoso y traumático para la mujer.

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